G.M.C.
Vídeo y fotos: Fernando Banegas, Alejandra Huamani y Fernando Guzmán
Es más que conocido y es objeto de debate en todo tipo de foros médicos, de industria farmacéutica y de política sanitaria: España incorpora la innovación sanitaria con retraso. Más de 600 días, según los informes correspondientes a los dos últimos años que publica la patronal europea de la industria, Efpia. ¿Qué se puede hacer al respecto? Más allá de los cambios legislativos y políticos, el big data y la inteligencia artificial abren una nueva vía: el análisis de datos. Medir los resultados en salud y demostrar el impacto en vida real de la innovación.
Es la propuesta que maneja la industria farmacéutica. Responsables de unidades de negocio y marketing de distintas compañías farmacéuticas creen que el próximo paso para avanzar en la incorporación de innovaciones a los sistemas sanitarios pasa por demostrar, a partir de los datos, el valor que aportan a la salud y al sistema sanitario los nuevos medicamentos. Así lo expusieron seis de estos directivos reunidos por iSanidad con motivo de la II Edición de Ciclos Communis.
«Tenemos una gran oportunidad de mostrar a las autoridades cómo los resultados en salud impactan directamente en la vida de los pacientes y en la eficiencia del sistema», defiende José Castañ, director comercial de Oncohematología en AbbVie, ya que ahora «el valor de la innovación, a menudo, se diluye en discusiones centradas únicamente en el coste, lo cual es una pérdida de enfoque».

José Castañ (AbbVie): «El valor de la innovación, a menudo, se diluye en discusiones centradas únicamente en el coste, lo cual es una pérdida de enfoque»
Es una oportunidad «y un reto incorporar la innovación poniendo el foco en los resultados en salud», apunta Santiago Lozano, director de la Unidad de Negocio de Neuropsiquiatría en Lundbeck, una compañía centrada en la investigación y desarrollo de medicamentos para enfermedades del cerebro. Centrar el foco en los resultados en salud «permitirá acelerar su acceso al sistema y generar mayor impacto», para Lozano.
Este paso implica «cambiar el enfoque de gasto a inversión», apuntan Javier Velasco, head of Breast Cancer Franchise en Daiichi-Sankyo y Calos Navarro, director del Área de Vacunas e Inmunoterapia en AstraZeneca, quien señala que en su compañía ya trabajan «intensamente» para cambiar ese enfoque y orientarlo a la medición de resultados en salud, «a la prevención de enfermedades y a la sostenibilidad del sistema».

Para lograrlo «debemos usar los datos para demostrar el impacto real de la innovación: no solo en salud, sino también en la sostenibilidad del sistema. Aún no hemos llegado ahí con la profundidad necesaria, y ese es el camino a seguir», añade el directivo de Daiichi-Sankyo.
Santiago Lozano (Lundbeck): «Poner el foco en los resultados en salud permitirá acelerar el acceso a la innovación y generar mayor impacto»
Para medir todos esos parámetros, es clave el «valor social del medicamento», un concepto que la industria considera que las autoridades deberían tener más en cuenta a la hora de evaluar si un medicamento se financia o no. Para Marta Sousa, responsable del Área de Cáncer de Mama de Roche Farma España, es clave revisar «cómo definimos innovación», teniendo en cuenta este aspecto.
«Hoy va más allá del valor clínico: incluye lo que denominamos el valor social del medicamento, que abarca el impacto en la calidad de vida, en los aspectos socioeconómicos y en la mejora de la eficiencia del sistema sanitario, sin olvidar las aportaciones de valor en el ámbito científico y la I+D que benefician a toda la sociedad», explica Marta Sousa. Desde su perspectiva, «tenemos que ser capaces de valorar ese impacto integral de la innovación, pero aún que mucho por hacer para que estos conceptos estén plenamente integrados en la visión de las autoridades y de la sociedad».

Para las administraciones va a ser un reto sacar partido a los datos que se registran en el Sistema Nacional de Salud, y que pueden ser fundamentales también para evaluar lo que aportan los nuevos medicamentos en términos de salud. Un aspecto que menciona Miguel Cobo, nacional field director en BeOne Medicines. «Sabemos si un hospital es eficiente a nivel de coste, pero no sabemos en cuanto a resultados en salud».
Javier Velasco (Daiichi-Sankyo): «Debemos usar los datos para demostrar el impacto real de la innovación: no solo en salud, sino también en la sostenibilidad del sistema»
Siguiendo la línea de Marta Sousa, Miguel Cobo pone también el foco en el concepto de innovación. Para él, «la pregunta es cuánto tiempo va a ser considerado un fármaco como innovación» teniendo en cuenta «la velocidad a la que se desarrollan los fármacos actualmente». Por eso incide en el reto que supone llevarlos al mercado de forma rápida y en la búsqueda de nuevas fórmulas para hacerlo. «La alianza con el pagador y el acercamiento a las autoridades regulatorias debe tener una aproximación diferente», apunta, desde su propia experiencia.
La farmacéutica BeOne nació en 2010 y llegó al mercado español hace cuatro años, sabiendo el desafío que supone el acceso. En cuatro meses ha logrado la financiación de su primer fármaco para tumores sólidos en seis indicaciones. «La compañía nace sabiendo que hay un reto de acceso», explica Miguel Cobo, «y ha creado un modelo que es capaz de hacerlo con excelencia en su innovación, su accesibilidad y en su aportación al SNS», defiende.

Los directivos coinciden en que el retraso en la financiación de los medicamentos tiene consecuencias. Y algunas ya se miden a través de informes como el elaborado por la Fundación ECO sobre el impacto que tienen esos retrasos en pacientes de cáncer de mama. «Son datos que reflejan la magnitud del problema: cada día de retraso representa que casi 2.800 pacientes no reciban el mejor tratamiento», afirma José Castañ, de AbbVie.
Miguel Cobo (BeOne Medicines): «La alianza con el pagador y el acercamiento a las autoridades regulatorias debe tener una aproximación diferente»
Cambios legislativos: entre la cautela y la esperanza
Las compañías farmacéuticas afrontan los cambios legislativos que traerá la nueva Ley de Medicamentos con una mezcla de cautela, esperanza y compromiso por adaptarse. Aunque existe cierta incertidumbre, la industria parece coincidir en que el cambio es necesario y puede traer avances.

«Estamos todos expectantes ante el nuevo texto del anteproyecto de Ley de los Medicamentos, que probablemente se retrase debido al alto volumen de alegaciones», apunta Javier Velasco, de Daiichi-Sankyo. En su opinión, si la normativa contribuye a clarificar criterios y acortar plazos, «será un avance positivo». En la misma línea, José Castañ, de AbbVie, considera que «el cambio traerá oportunidades» y subraya la importancia de avanzar hacia un modelo «más íntegro, transparente y, ojalá, más ágil».
La capacidad de adaptación se presenta como una herramienta esencial para las compañías. Carlos Navarro, de AstraZeneca, destaca que este rasgo está «en el ADN de la industria farmacéutica» y recuerda que su compañía inició hace años una transformación de su modelo, empezando a interactuar con los agentes del ecosistema sanitario hasta cinco años antes del lanzamiento de un producto.
Carlos Navarro (AstraZeneca): «La capacidad de adaptación está en el ADN de la industria farmacéutica y es clave para responder a los retos del acceso»
Marta Sousa, de Roche, coincide en que «la capacidad de adaptación es clave» en un entorno tan regulado, pero insiste en la necesidad de que la industria participe activamente en los procesos de cambio: «Necesitamos ser escuchados y considerados como parte activa».
Desde una perspectiva más estratégica, Santiago Lozano, de Lundbeck, explica que trabajan de forma anticipada junto a los departamentos de acceso y regulación para estar preparados. «La certidumbre total no la tendremos, pero sí podemos prepararnos mejor», afirma. En su caso, también apuestan por generar evidencia científica robusta desde etapas tempranas y aprender de experiencias internacionales para adaptarse con mayor eficacia.










