Cuando el verano no termina: el calor extremo como reto persistente para la salud pública

Alicia del Llano y Gabriela López, de la Fundación Gaspar Casal, y Miguel Ángel Navas, investigador del ISCIII

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Alicia del Llano, directora de proyectos de la Fundación Gaspar Casal
Miguel Ángel Navas, investigador del Instituto de Salud Carlos (ISCIII)

Gabriela López de Sebastián, project manager junior de la Fundación Gaspar Casal
El calor extremo ya no es una anomalía estacional, sino una amenaza estructural para la salud pública. Frente a este nuevo escenario, la Evaluación de Impacto en Salud (EIS) puede convertirse en una herramienta estratégica para anticipar riesgos, transformar políticas públicas y proteger a las poblaciones más vulnerables.

El calor es la nueva norma

El calor extremo se está consolidando como un desafío estructural para la salud pública en España. Los datos más recientes confirman que no se trata de episodios excepcionales, sino de una tendencia creciente, con implicaciones sanitarias, sociales y económicas que requieren una mirada integral y sostenida en el tiempo.

El verano de 2025 ha comenzado con temperaturas por encima de los 40 °C en amplias zonas del sur peninsular, acompañadas de noches que apenas bajan de los 24 °C. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) prevé un verano más cálido de lo habitual, en línea con un patrón ya conocido de olas de calor más frecuentes, intensas y prolongadas.

Un problema de salud pública con costes humanos y económicos

Desde la salud pública, el calor prolongado representa un riesgo para la población, especialmente para las personas mayores, pacientes crónicos, trabajadores al aire libre y quienes habitan en viviendas sin suficiente aislamiento térmico. El Instituto de Salud Carlos III estimó que más de 4.700 muertes muertes atribuibles a las olas de calor sol en 2022, y todo indica que esa cifra podría repetirse o incluso superarse si no se actúa de forma eficaz, sin embargo, en los años 2023 y 2024 esa mortalidad atribuible fue de 3.035 y 2.021 muertes, respectivamente.

Además de los efectos sobre la salud, el calor extremo también conlleva un impacto económico considerables. Cada año, alrededor de 1.200 personas ingresan en hospitales por causas relacionadas exposición a las altas temperaturas.

Hay que planificar

En este contexto, las campañas de prevención impulsadas por el Ministerio de Sanidad y por las comunidades autónomas continúan siendo necesarias. Sin embargo, frente a un fenómeno que ya no es episódico sino continuo, resulta clave avanzar hacia enfoques más estructurales: repensar el diseño urbano, fomentar zonas verdes y refugios climáticos, adaptar los edificios y preparar a los equipos sanitarios para una vigilancia activa de los efectos del calor.

La EIS como palanca

La herramienta de Evaluación de Impacto en Salud (EIS) es una oportunidad estratégica para situar la salud y sus determinantes sociales, económicos y ambientales en el centro de la actuación pública. Integrar la perspectiva de salud en políticas urbanísticas, laborales, de movilidad o vivienda permitirá anticipar riesgos y reducir desigualdades. España, como uno de los países europeos más vulnerables al calentamiento global, necesita reconfigurar sus ciudades, planificar el territorio y adaptar las políticas públicas a un futuro más cálido. En menos de dos décadas, muchas regiones del país tendrán condiciones climáticas similares a las del norte de África.

Salud en todas las políticas

La futura ley de equidad, universalidad y cohesión del Sistema Nacional de Salud, actualmente en tramitación, puede ser una palanca decisiva: su previsión de incorporar la EIS como herramienta normativa representa una oportunidad histórica para consolidar la salud en todas las políticas y abordar de forma transversal desafíos como el calor extremo.

El debate está abierto: ¿despegará por fin la Evaluación de Impacto en Salud en España? Tal y como recoge Diario Médico, hay señales de avance, pero también inercias que superar.

Adaptarse al futuro: evidencia, prevención y equidad

El cambio climático está transformando las condiciones de vida, y con ellas, los determinantes de salud. Incorporar la variable climática en las políticas públicas ya no es solo una cuestión ambiental, sino también sanitaria. La adaptación basada en evidencia y la acción preventiva serán esenciales para garantizar entornos saludables en un contexto climático cada vez más exigente.

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