Lesiones cerebrales, el enemigo silencioso del fútbol profesional

Aunque la medicina del deporte mejora en la detección y prevención de lesiones cerebrales, la adaptación normativa y cultural avanza con dificultad

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Fuente: Atlético de Madrid

Paula Baena
Un golpe en la cabeza ya no es solo una anécdota en el fútbol profesional. Las conmociones y los microtraumatismos, antes subestimados, han entrado en el foco de médicos, clubes y federaciones. La imagen de un jugador tambaleándose en el césped basta para detener un partido y activar un protocolo, aunque su aplicación varía según quién lo gestione y dónde ocurra. En este escenario, los especialistas insisten: la salud cerebral del jugador debe ser la prioridad, incluso cuando la presión competitiva empuja en otra dirección.

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Dr. Villalón

En el fútbol, hablar de lesión cerebral no siempre implica un daño visible en una resonancia. La más habitual es la conmoción cerebral relacionada con el deporte, una alteración funcional del cerebro provocada por un impacto que interrumpe de forma temporal su normal funcionamiento. «Por definición, no se produce una lesión estructural, aunque se han descrito alteraciones en el flujo sanguíneo y la conectividad cerebral que todavía se están investigando», explica el Dr. José María Villalón, especialista en cirugía ortopédica y traumatología, colaborador clínico en Clínica Universidad de Navarra y Jefe de los Servicios Médicos del Club Atlético de Madrid, a iSanidad.

Síntomas físicos, cognitivos y emocionales

En la práctica, una conmoción puede provocar una amplia variedad de síntomas. En el plano físico, se manifiesta con dolor de cabeza, mareos, problemas de equilibrio o hipersensibilidad a la luz y al ruido. También puede afectar a la función cognitiva, causando confusión, dificultad para concentrarse o fallos de memoria. En el terreno emocional, no son raros la irritabilidad, la tristeza o la ansiedad. Incluso el sueño puede verse alterado, con insomnio o somnolencia excesiva, tal y como detalla el Dr. Gonzalo Correa, vicepresidente de Semed-Femede y jefe de servicios médicos del CD Extremadura.

Así, el verdadero riesgo no siempre está en el episodio aislado, sino en su repetición. La literatura médica ha planteado la hipótesis de que los impactos recurrentes podrían derivar en encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad neurodegenerativa documentada en deportes de contacto como el fútbol americano o el boxeo. Aunque en el fútbol no existe todavía evidencia concluyente, los estudios más recientes apuntan señales de alerta: una revisión publicada en Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports (2025) encontró signos compatibles con ETC en más del 70% de atletas con historial de impactos repetidos, y un trabajo de la Universidad de Columbia detectó deterioro cognitivo en jugadores con más de 1.500 cabezazos acumulados en dos años.

“Los antecedentes de cada deportista son muy relevantes”, insiste el Dr. Villalón. No solo cuentan las conmociones previas, sino también la edad, el nivel cognitivo previo, las lesiones pasadas y hasta la medicación habitual. Cada detalle influye en la toma de decisiones para proteger la salud cerebral y en la valoración de cuándo un jugador puede volver a competir, si es que puede hacerlo.

Dr. Villalón: “Los antecedentes de cada deportista son muy relevantes”

La importancia de contar con protocolos claros y una respuesta inmediata se refleja en casos recientes. En septiembre de 2024, Robin Le Normand, defensa del Atlético de Madrid, sufrió una conmoción cerebral tras un choque durante un partido de LaLiga. Fue retirado del campo y evaluado siguiendo un procedimiento específico antes de retomar la actividad. Un ejemplo que, en palabras del Dr. Correa, encaja en la necesidad de que el return to play (el protocolo de retorno progresivo a la competición) solo se produzca cuando el sistema nervioso central se ha normalizado, algo que en adultos puede requerir entre 10 y 14 días, y en niños más de un mes, o incluso más si hay antecedentes de conmoción previa.

Este protocolo, recomendado por organismos internacionales y aplicado por la mayoría de clubes profesionales, establece una reincorporación gradual del deportista en seis fases. Empieza con reposo físico e intelectual, continúa con actividades sin contacto (como carrera continua o bicicleta estática) y avanza con entrenamientos controlados de intensidad creciente. Solo si el jugador supera cada etapa sin que reaparezcan los síntomas puede pasar a la siguiente. Si en algún momento reaparecen, debe retroceder a la fase anterior.

El return to play exige una reincorporación progresiva y sin síntomas

Meses antes, en agosto de 2024, Alex Muñoz, jugador entonces de la UD Las Palmas, protagonizó otro episodio que estrenó en la temporada la nueva normativa de sustitución extra por conmoción cerebral. Tras un fuerte choque cabeza con cabeza, fue sustituido sin que la acción contara dentro del cupo habitual de cambios. Para el Dr. Villalón, medidas como esta demuestran que las federaciones “están prestando mucha atención a este tema” y que los avances normativos pueden ayudar a proteger al deportista, siempre que se apliquen con rigor y sin buscar ventajas competitivas.

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Dr. Correa

De esta manera, identificar una conmoción cerebral en un jugador exige rapidez y precisión. El Dr. Gonzalo Correa apunta que los primeros indicios pueden ser físicos o cognitivos. Como ocurrió en el caso de Muñoz, en cuanto se sospecha una lesión, el jugador debe abandonar el campo para someterse a una exploración neurológica completa, que incluye pruebas de equilibrio, memoria y coordinación.

A partir de ahí, comienza el return to play. Los tiempos de recuperación varían: entre 10 y 14 días en adultos y más de un mes en niños, aunque pueden alargarse si hay antecedentes de conmoción, migrañas o trastornos del sueño. Para el Dr. José María Villalón, el seguimiento debería ser más exhaustivo: “La monitorización a largo plazo no se realiza habitualmente. Hay estudios en marcha, pero no existe un seguimiento sistemático”.

Los tiempos de recuperación varían entre 10 y 14 días en adultos

La prevención de las lesiones cerebrales en el fútbol es un terreno en evolución. Una de las líneas más debatidas es la limitación del número de cabezazos en las categorías formativas. Tanto la FIFA como varias federaciones nacionales han estudiado restringir o incluso prohibir esta acción en menores de edad, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos y el Reino Unido. Para el Dr. José María Villalón, este tipo de iniciativas deben basarse en la evidencia y adaptarse a la edad y el desarrollo de cada jugador, pero reconoce que pueden reducir el riesgo de impactos acumulativos.

Desde la perspectiva de la medicina del deporte, el Dr. Gonzalo Correa subraya la necesidad de un abordaje multidisciplinar y de protocolos preventivos bien definidos. Esto incluye la formación de entrenadores y cuerpos técnicos para reconocer signos de conmoción, el uso de protectores en deportes de mayor riesgo y la imposición de sanciones más severas ante impactos en la cabeza. “Tenemos que dirigirnos hacia protocolos preventivos y mayor formación para asistir adecuadamente al deportista en el momento de la lesión aguda”, insiste el Dr. Correa.

Dr. Gonzalo Correa: «Tenemos que dirigirnos hacia protocolos preventivos y mayor formación”

Pese a algunos avances normativos en diferentes países y competiciones, no existe un consenso internacional sobre los mencionados límites de exposición a impactos en la cabeza para futbolistas profesionales. Tampoco hay un sistema de registro unificado de conmociones que permita hacer un seguimiento a largo plazo. En palabras del Dr. Villalón, el reto es convertir la “ciencia aplicada al deporte” en políticas que se apliquen de forma homogénea, independientemente del país o la competición.

Los avances en la investigación sobre lesiones cerebrales en el deporte permiten vislumbrar cambios importantes, pero el camino aún es largo. El Dr. José María Villalón confía en que las normas seguirán evolucionando a medida que la ciencia aporte nuevos datos. Señala que las federaciones internacionales ya han implementado ajustes relevantes, y que el siguiente paso será aplicar de forma más rigurosa los hallazgos científicos en la competición.

No existe un consenso internacional sobre la exposición máxima a impactos en la cabeza

El Dr. Gonzalo Correa coincide en la necesidad de reforzar la formación y los protocolos preventivos, y subraya que el momento clave es la lesión aguda: reconocer los signos de alerta y actuar con rapidez y prudencia. Esto, sumado a un return to play respetado sin presiones externas, es para él la base de una protección real del deportista.

La protección de la salud cerebral en el fútbol de élite ya no es una cuestión opcional, sino un reto urgente que combina ciencia, regulación y cambio cultural. Los casos recientes en los estadios españoles, las advertencias de los especialistas y la creciente evidencia científica apuntan en la misma dirección: cada golpe importa. Los médicos insisten en que la prioridad es la salud del jugador, y que cualquier protocolo pierde sentido si se cede ante la presión de un resultado o un calendario.

Como advierte el Dr. Villalón, todavía faltan respuestas y consensos. No obstante, según el Dr. Correa, lo esencial es detectar y actuar sin demora. El conocimiento está avanzando, pero su verdadero valor dependerá de que se transforme en prevención efectiva y en un compromiso real de todo el entorno del fútbol.

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