Nuevos fármacos biológicos e inhibidores de JAK marcan un antes y un después en el tratamiento de la dermatitis atópica

De formulaciones tópicas para tratar de aliviar síntomas a tratamientos sistémicos que actúan directamente sobre la inflamación y mejoran la calidad de vida de los pacientes, así ha sido la evolución de las terapias para esta enfermedad crónica de la piel

dermatitis-atopica-carga-enfermedad

Redacción
Formulaciones tópicas para reducir la inflamación provocada por la dermatitis atópica y aliviar los síntomas, y emolientes específicos para prevenir brotes eran, hasta hace pocos años, las únicas opciones que los dermatólogos podía ofrecer a los pacientes con esta enfermedad cutánea crónica. Los avances biomédicos han alimentado el corto arsenal terapéutico disponible, con la llegada de fármacos biológicos e inhibidores de JAK orales, familias de medicamentos que han cambiado el tratamiento de la dermatitis atópica, sobre todo en los casos moderados y graves.

«En los últimos años, hemos podido incorporar tratamientos sistémicos sobre los que se sigue investigando. Se trata de fármacos que han sido aprobados para su uso en pacientes con dermatitis atópica moderada a grave, incluida su indicación en niños para algunos de ellos, por lo que es posible tratar los casos más complicados», explica la Dra. Carmen D’Amelio, presidenta del Comité de Alergia Cutánea de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Dra. D’Amelio: «En los últimos años, hemos podido incorporar tratamientos sistémicos, incluida su indicación en niños para algunos de ellos, por los que es posible tratar los casos más complicados»

El mejor conocimiento de los mecanismos de la enfermedad ha abierto la puerta a terapias mucho más específicas, como los fármacos biológicos (dupilumab, tralokinumab) y los inhibidores de JAK orales (upadacitinib, baricitinib, abrocitinib), ya aprobados en pacientes adultos y, en algunos casos, también en población pediátrica. Estos tratamientos son capaces de actuar directamente sobre la inflamación y mejorar de forma notable la calidad de vida de los pacientes.

Los efectos de la dermatitis atópica no se limitan a la piel: más del 80% de los pacientes tienen dificultades para dormir durante los brotes, y no es raro que se asocie a depresión, ansiedad, déficit de atención y dificultades en las relaciones interpersonales, con repercusiones en la vida social, académica y profesional.

Además de este impacto en la calidad de vida, en muchos pacientes la dermatitis atópica es la primera manifestación de la llamada marcha atópica, un proceso en el que los eccemas tempranos pueden ir seguidos, en etapas posteriores, de alergias alimentarias, rinitis o asma bronquial. Con esta cadena de problemas de salud, el diagnóstico precoz y el seguimiento especializado son claves. «Lo ideal es acudir al especialista nada más cursar los síntomas para no retrasar el diagnóstico y poder comenzar con el tratamiento«, afirma la Dra. D’Amelio.

La dermatóloga señala que hay que acudir al especialista nada más cursas los primeros síntomas para no retrasar el diagnóstico de la dermatitis atópica y poder comenzar con el tratamiento

Se estima que en torno al 20% de los niños y entre el 7% y el 14% de los adultos en Europa y Estados Unidos viven con esta enfermedad. Su visibilización es para expertos y pacientes «fundamental». Este domingo se celebra el Día Mundial del Eccema Atópico 2025, impulsado por la Federación Europea de Asociaciones de Pacientes con Alergia y Enfermedades Respiratorias (EFA) en colaboración con GlobalSkin, bajo el lema #AtopicEczemaJourney. La campaña invita a amplificar las voces de quienes viven con eccema atópico, compartir sus historias e impulsar un cambio significativo en la atención y el tratamiento, a la que la SEAIC se ha sumado para reforzar la sensibilización y el acceso a la mejor atención para los pacientes en España.

Podcast

Podcast

Economía

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en