Redacción
El agua ultrapura es un elemento vital en el tratamiento con diálisis ya que cada sesión requiere más de 120 litros de agua ultrapura y cada persona con hemodiálisis está expuesta a más de 100.000 litros de agua al año. Por ello, se debe tener un cuidado para evitar complicaciones.
Por ello, la Fundación Renal Española ha organizado la segunda edición de un curso con para recalcar la importancia del agua en hemodiálisis, abordando este tema desde diferentes aspectos: la seguridad del paciente, la sostenibilidad o la respuesta ante catástrofes, con ponencias sobre estos aspectos.
La primera mesa destacó que la más mínima contaminación puede ocasionar complicaciones en las personas con enfermedad renal crónica, de ahí la prioridad del control y la monitorización continua. De esta forma, se deben evitar los contaminantes, lograr un agua ultrapura, disponer de informes del agua y realizar controles periódicos para asegurar la trazabilidad y la vigilancia continua y garantizar la seguridad del paciente en la práctica clínica.
«La más mínima contaminación puede ocasionar complicaciones en las personas con enfermedad renal crónica»
Además, Lola Arenas, de la Fundación Renal Española, insistió en que la seguridad del agua es una responsabilidad compartida por todo el equipo y que todos los profesionales de cada Unidad o Centro de Diálisis deben trabajar de forma coordinada para mantenerla.
Así, para este tratamiento se requiere una gran cantidad de agua en las perfectas condiciones, pero la contaminación química o bacteriana puede ocasionar enfermedades graves, como inflamación crónica hasta problemas cardiovasculares. Pero también los factores medioambientales pueden afectar al tratamiento con diálisis y casos recientes como apagones, inundaciones, incendios o ciberataques han evidenciado la fragilidad del sistema.
Por ello, se insistió en la necesidad de crear planes de emergencia específicos en cada unidad. Xavier Berlanga, de Palex recalcó que “cada centro debe conocer a fondo sus instalaciones y, desde ahí, actuar”. Una idea similar a la que compartió Jesús Hernández, que insistió en “analizar las vulnerabilidades del sistema y su posible impacto sobre la continuidad asistencial”.
Se insistió en la necesidad de crear planes de emergencia específicos en cada unidad y que «cada centro debe conocer a fondo sus instalaciones y actuar»
Respecto a la mesa de sostenibilidad y eficiencia, los ponentes coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una diálisis que sea más respetuosa con el medio ambiente. Para ello, se implementarían medidas como la reutilización del agua de rechazo de la ósmosis inversa para riego o limpieza, el aumento de la tasa de recuperación de las plantas bombas controladas por frecuencia o la desinfección térmica optimizada o tecnologías que alargan la vida útil de los equipos.
Otras medidas que se propusieron pasan por optimizar el flujo de dializado para reducir el consumo sin comprometer la dosis, gestionar envases y suministros con criterios de huella ambiental y usar calculadoras para estimar la huella de carbono y la huella hídrica de las unidades. De esta forma, la conclusión de los ponentes fue que cada litro cuenta y que la sostenibilidad puede integrarse en la práctica diaria de la diálisis sin perder calidad asistencial.









