Redacción
El porcentaje de españoles que acuden a Internet para diagnosticarse ha aumentado hasta el 55,1% en 2025. Existe una brecha generacional entre los jóvenes, que son los que más recurren (69,9%), y las personas mayores de 65 años (35,2%), según el VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida en Aegon.
Los principales canales de búsqueda de información que se emplean son los buscadores, que copan el 40,5%. Por su parte, las redes sociales, siguen creciendo hasta el 13,6%. Además, la cifra de encuestados que recurre a estas y le da credibilidad a la información es más alto (8%) que aquellos que no (5,6%). Por último, el porcentaje de población que acude a las revistas especializadas fue del 9,5%.
Respecto a los problemas más buscados en la red, estos continúan siendo los síntomas y dolores ocasionales (54,1%), mientras que las enfermedades leves y puntuales son el 47,0%. Por su parte, los síntomas psicológicos son el 30,8% y las enfermedades crónicas o recurrentes disminuye un 1,3% hasta el 29,8%.
La búsqueda de un diagnóstico en redes sociales aumenta hasta un 13,6% y es más alto el porcentaje de quienes les dan credibilidad frente a quienes no
En cuanto al reparto generacional, son los grupos de población más jóvenes quienes más consultan Internet, existiendo una gran brecha generacional. Los grupos de entre 18 y 25 años (69,9%) y el de de 26 a 40 años (69,8%) son los que más. Por su parte, solo el 35,2% de las personas mayores de 65 años.
A su vez, este informe revela que el uso de Internet para el diagnóstico es más habitual entre mujeres (58,7%) que en hombres (51,3%). Respecto a la ocupación laboral, las personas que trabajan son quienes más consultan Internet (61,1%), especialmente aquellos que han experimentado estrés durante el último año (61%).
Por perfiles, la búsqueda refleja patrones diferenciados según edad, género y situación laboral. Las mujeres (56,5%) y las personas mayores de 65 años (60,4%) son quienes más consultan sobre síntomas o dolores ocasionales, mientras que los hombres (51,4%) y los adultos de entre 41 y 55 años (47,9%) lo hacen en menor medida.
Existe una brecha generacional entre las personas que más lo consultan, que son los jóvenes de entre 18 y 25 años, y los que menos que son las personas mayores de 65 años
En cuanto a las enfermedades leves o puntuales, son las personas en activo laboralmente (49,5%) y los adultos de entre 56 y 65 años (56,5%) quienes más las buscan. Por su parte, las enfermedades crónicas y recurrentes muestran un incremento claro con la edad, alcanzando su máximo entre los mayores de 65 años (40,5%).
Así, la consulta de síntomas psicológicos como la ansiedad, el estrés o problemas para dormir, desciende progresivamente con la edad: los jóvenes de 18 a 25 años son los más propensos a informarse sobre ellos (37,1%), mientras que solo el 19,4% de los mayores de 65 recurre a ello.
A su vez, aquellas personas que se automedican (69,9%) o que usan dispositivos o apps para la salud (73,4%) son los que más recurren a los buscadores. Esto indica que el perfil más digitalizado y proactivo en el cuidado personal tiende también a recurrir a la red como fuente de información médica. Por el contrario, los porcentajes más bajos se observan entre quienes no han sufrido estrés, no trabajan o no utilizan tecnología vinculada al bienestar.
«El perfil más digitalizado y proactivo en el cuidado personal tiende también a recurrir a la red como fuente de información médica»
Esta situación es algo que Alvar Ocano, director médico de Aegon, ve reflejada en la vida real ya que «cada vez es más común ver a pacientes que llegan a consulta convencidos de tener un problema de salud o enfermedad grave porque lo vieron en un vídeo o lo leyeron en una publicación», señala.
Por ello, tiene claro que «el problema es que muchas veces esa información está fuera de contexto o simplemente es falsa. Autodiagnosticarse a través de internet no solo puede generar ansiedad innecesaria, sino también retrasar un diagnóstico real o llevar a tratamientos peligrosos», aclara Ocano.
«Las decisiones sobre salud deben tomarse con la recomendación de un profesional médico y no darles credibilidad a fuentes online cuya procedencia o autoridad desconocemos”, concluye el director médico.








