Redacción
En el marco del Día Mundial de los Cuidados Paliativos, los profesionales de los centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Madrid subrayan la importancia de un abordaje multidisciplinar y coordinado para reducir el sufrimiento de los pacientes en fase avanzada o terminal. Aunque la muerte sigue siendo un tabú social, el miedo predominante entre los pacientes no es a morir, sino a sufrir, una realidad que obliga a reforzar el modelo paliativo desde una perspectiva científica, humana y formativa.
La Dra. Columba Carrera, responsable de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Fundación San José, destaca asimismo que la intervención no debe limitarse al control del dolor físico: “Los cuidados paliativos acompañan a la persona en todas sus dimensiones: emocional, espiritual y social. Es una atención integral que permite vivir este momento con dignidad, cercanía y verdadero cariño”.
El abordaje multidisciplinar en cuidados paliativos permite ofrecer una atención integral que combina control sintomático, apoyo emocional y acompañamiento espiritual
Los centros de San Juan de Dios cuentan con unidades especializadas en las que colaboran profesionales de Medicina, Enfermería, Psicología, Trabajo Social, Atención Espiritual y Voluntariado. En muchos casos, estas unidades se apoyan en el Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedad Avanzada de Fundación la Caixa (EAPS), garantizando una asistencia activa y empática que respete la autonomía del paciente y sus decisiones clínicas.
En este contexto, el Hospital Universitario San Rafael de Madrid, con más de 30 años de experiencia en cuidados paliativos, insiste en que el manejo de pacientes complejos requiere equipos consolidados y una metodología basada en la evidencia. Su responsable, la Dra. Claude Sotto, subraya que “es fundamental cuidar sin caer en la rutina o en la fatiga por compasión, e integrar tanto las nuevas tecnologías como los cambios normativos, además de convertir la experiencia asistencial en indicadores de calidad que permitan medir resultados”.
Formación avanzada: clave para una atención de calidad
El aumento de la esperanza de vida y la cronificación de las enfermedades han generado una demanda creciente de profesionales formados en cuidados paliativos. Desde la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios – Universidad Pontificia Comillas, Antonio Ramos, director del Máster Universitario en Cuidados Paliativos, explica que la formación especializada es esencial para abordar los aspectos clínicos y éticos de esta etapa: “Cada vez encontramos más personas que valoran el acompañamiento espiritual y que hablan con naturalidad de la muerte. Esto exige una formación continua que no se limite al control del dolor, sino que prepare a los profesionales para responder con humanidad, compasión y competencia clínica”.
Ramos destaca que una buena preparación profesional no solo mejora el manejo sintomático, sino que reduce la angustia y el miedo tanto en los pacientes como en sus familias, reforzando la confianza en el equipo sanitario.
Desafíos clínicos en pacientes con enfermedad mental o discapacidad
Uno de los retos emergentes en cuidados paliativos es el abordaje de pacientes con trastorno mental así como discapacidad intelectual, donde la evolución hacia el final de la vida puede agravar síntomas psiquiátricos o generar nuevas alteraciones conductuales.
En el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, especializado en salud mental y discapacidad intelectual, los profesionales adaptan también la comunicación y la información clínica según el nivel cognitivo y la comprensión de cada paciente. El enfermero Fernando Martín, máster en cuidados paliativos, señala que “esta fase es especialmente dura para las familias, que además de convivir con la enfermedad mental, deben afrontar el proceso de una enfermedad terminal. Por ello, el trabajo conjunto con los familiares y la adecuación del mensaje son esenciales”.
Además, el centro promueve que los residentes crónicos permanezcan en su entorno habitual durante el proceso final, evitando traslados hospitalarios innecesarios: “Acompañar hasta el final en el mismo entorno ofrece seguridad emocional al paciente y continuidad asistencial a la familia”, añade Martín.







