Redacción
“Este nuevo libro de Ediciones Fundación es una invitación a descubrir la vocación científica desde la vivencia personal y el testimonio de décadas dedicadas a la docencia y la investigación”. Así describe Antonio G. García, neurocientífico, catedrático emérito de Farmacología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y presidente de la Fundación Teófilo Hernando su nueva obra “Sin piedras no hay arco. La ilusión de crear, la emoción de descubrir”. Respecto al contenido del libro, García apunta que “se trata, en cierto modo, de una obra autobiográfica, aunque también recoge una serie de reflexiones sobre la educación médica y la práctica científica en el ámbito universitario”.
Asimismo, añade, que el objetivo de este libro es despertar el interés de los jóvenes por la actividad científica y la docencia universitaria. “Lo digo con conocimiento de causa, porque he vivido ambas facetas durante casi medio siglo y me han proporcionado numerosas satisfacciones que han dado sentido a mi vida”, destaca García.
Esta publicación se lanzó el pasado 23 de abril, Día del Libro, y en palabras de García, pretende ser “una obra inspiradora que recorre su trayectoria vital y profesional, desde su infancia en un entorno humilde hasta convertirse en un destacado neurocientífico”. El libro recoge la trayectoria del investigador, con sus orígenes en un pueblo agrícola y con un ambiente de escasez de recursos, hasta llegar a dedicarse a la ciencia y la investigación viajando por todo el mundo para asistir a congresos, presentar el trabajo propio o disfrutar de estancias en otros laboratorios. “La investigación continúa siendo un reto constante para mi cerebro. Me mantiene atento, informado y divertido”, expresa el autor.
El libro de Antonio G. García recoge su experiencia y la vocación por la investigación continua, pero también la lucha continua para conseguir contratos y financiación
Pero el libro también incluye la otra cara de la investigación: la lucha continua por conseguir un contrato estable y financiación para los proyectos, lidiar con el fracaso de una idea o la presión de publicar. Por ello, en este también se hace referencia a la importancia de crear redes científicas, foros universitarios, cursos internacionales y fundaciones dedicadas a la divulgación y el avance del conocimiento.
A este respecto, García desarrolla que todas estas iniciativas se recopilan en el libro. “La ilusión de crear es algo que me ha acompañado siempre: crear redes científicas para fomentar la colaboración entre investigadores; crear, en la Real Academia Nacional de Medicina de España, un foro universitario para jóvenes investigadores que se reúnen periódicamente; crear un curso internacional de avances en farmacología y fisiología en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo; crear dos fundaciones —una en Molina de Segura, dedicada a la divulgación de la ciencia, y otra, la Fundación Teófilo Hernando, que coordina y canaliza gran parte de nuestra investigación en I+D+i del medicamento—; y también crear másteres y cursos especializados en este ámbito”, narra el autor.
También se suman experiencias científicas que el neurocientífico ha vivido en países como Australia, Japón, Canadá o diversos territorios de Europa, Sudamérica o Norteamérica. “Estas vivencias no las presento en primera persona, sino a través de las historias y trayectorias de muchos científicos —incluidos varios premios Nobel— con quienes he tenido la suerte de colaborar y entablar amistad”, precisa García.
Entre las páginas de la publicación, los lectores podrán encontrar las experiencias que ha vivido el autor con numerosas personalidades y en diversos territorios
A pesar de todas estas experiencias, uno de los rasgos que el autor imprime al libro es la ilusión que mantiene tras décadas de trabajo dedicadas a la ciencia. “Yo creo que he tenido la suerte, como cualquier docente universitario o de instituto, de estar siempre rodeado de jóvenes; y de ellos emana constantemente la inquietud, el afán de saber, de descubrir… y eso se contagia”, expresa García. Y es que, bajo su punto de vista, el ambiente juvenil sumado al afán por enseñar y comunicar, se encuentran entre los ingredientes que han mantenido viva su vocación científica.
Proceso creativo
Para García, hay varios elementos fundamentales de cara a la creación de esta obra. En sus palabras, “mis recuerdos han sido clave, pero me ha ayudado mucho disponer de los más de 150 cuadernos que he escrito a lo largo de los años. Un científico anota todo lo que hace en el laboratorio, pero yo también escribía anécdotas y vivencias personales.”
Entre estos recuerdos, el autor destaca que durante todos sus años de aprendizaje y trayectoria ha ido anotando cosas, como el tiempo y las experiencias profesionales que compartió con el Premio Nobel de medicina Erwin Neher y Robert F. Furchgott. Una vez jubilado, pone en valor el trabajo desempeñado por María Fagoaga, secretaria de la Fundación Teófilo Hernando, para estructurar toda la información. También, el rol de Estrella García de Diego, de quien destaca que fue quien sugirió el título del libro en base a uno de los artículos que contiene.
La enseñanza que García espera que aporte este libro a los lectores, parafraseando a Severo Ochoa, es la siguiente: “Si os gusta la ciencia, dedicaos a ella en cuerpo y alma, porque llenará vuestras vidas”. Así, espera que al terminar de leerlo, los jóvenes se sientan inspirados a iniciar el camino en ciencia, como a él le sucedió al leer ‘Reglas y consejos sobre la investigación científica’, de Santiago Ramón y Cajal. “No aspiro a que mi obra tenga el alcance del libro de Cajal, pero si algún joven lector, al tenerlo en sus manos, se siente motivado a dedicarse a la ciencia y a la educación, ya me daría por satisfecho”, declara.
El objetivo del libro es inspirar el inicio de carreras científicas, impulsando la motivación para que los jóvenes se dediquen a la ciencia y la educación
Y es que, de los jóvenes científicos depende el futuro de la ciencia en España. García se considera optimista, aunque cree que se debe respaldar más la labor científica. “En el contexto de Europa, por ejemplo, la media del Producto Interior Bruto que se dedica a la investigación científica es del 2-2,5%. En España, el año pasado estuvimos en el 1,1-1,5%. No cabe duda de que se ha mejorado, pero tampoco cabe duda de que no estamos al nivel que nos corresponde por el bienestar y el número de habitantes del país, entre otros parámetros”, valora.
Por ello, el autor considera que “la sociedad española debe ser más consciente de que la calidad de nuestras vidas, nuestra salud y muchos otros aspectos dependen de la investigación científica”. Es de esta manera como, bajo su punta de vista, se podrían equiparar resultados a otros países del entorno.
En este camino, García no ceja en su empeño de seguir impulsando la ciencia a pesar de la jubilación. “De hecho, como ya no tengo laboratorios en la Universidad Autónoma de Madrid, donde pasé prácticamente medio siglo de mi vida investigadora y docente, en la Fundación Teófilo Hernando hemos creado nuestro propio laboratorio”, explica. Y, por último, el autor indica que la meta es “transformar la Fundación Teófilo Hernando en un centro integral de I+D del medicamento, un sueño que he abrigado toda mi vida”, para lo cual, dice haber contado “he contado con decenas de colaboradores que han sido fundamentales en este proyecto”.







