Un año de la Dana, la catástrofe natural que creó un escenario epidemiológico «excepcional», recuerdan internistas

Las heridas por cortes al entrar en contacto con aguas contaminadas, las gastroenteritis y las leptospirosis fueron las principales causas de enfermedades que surgieron tras las inundaciones de Valencia

Bacterias

Redacción
La Dana, catástrofe de la que se cumple este miércoles el primer aniversario, “generó un escenario epidemiológico excepcional, con infecciones poco habituales y un repunte de gastroenteritis», explica el Dr. Víctor García Bustos, del Grupo de Infección Grave del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS-La Fe) del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia.

Muchas de ellas se trataban de infecciones poco comunes en la práctica habitual, a menudo polimicrobianas (causadas por múltiples microorganismos) y por bacterias del agua dulce o del intestino humano y animal, como especies atípicas de Proteus, Pseudomonas o las agresivas Aeromonas, junto con algunos casos de bacterias resistentes a los antibióticos, pero adquiridas en el entorno natural sin antecedentes de exposición antibiótica conocida.

No obstante, «gracias a la coordinación asistencial y al trabajo de Salud Pública se pudo volver progresivamente a la normalidad”, puntualiza el Dr. García Bustos. Es uno de los aprendizajes de la catástrofe vivida que dejó un escenario que permitió conocer sobre el terreno cuáles son los principales focos y riesgos de infección. Y a los especialistas, proponer medidas oportunas ante nuevos episodios de catástrofes naturales. Las investigaciones han demostrado que las principales infecciones que hubo fueron las heridas por cortes al entrar en contacto con aguas contaminadas, las gastroenteritis y las leptospirosis.

El trabajo de Salud Pública permitió definir la incidencia y los riesgos para controlar las infecciones

Tras las inundaciones aumentaron las infecciones transmitidas por el agua dulce y por contacto con aguas contaminadas, según determinaron los análisis. «Las más frecuentes incluyen las gastroenteritis de origen bacteriano o vírico, hepatitis A, leptospirosis (infección transmitida por la orina de roedores en aguas estancadas), y, en algunas regiones, enfermedades parasitarias”, explica el Dr. José Manuel Ramos Rincón, del Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante.

Pero es que además «también pueden incrementarse las infecciones de la piel, partes blandas y heridas por cortes, al estar expuestas en contacto prolongado con el agua sucia y residuos arrastrados por las inundaciones”. Estas fueron recurrentes durante los primeros momentos de la Dana. Sobre lo aprendido durante aquellos días profundizará una mesa redonda durante el 46ª Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y 39º Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Interna (Sademi), que tendrá lugar en Córdoba del 26 al 28 de noviembre.

Además de la ingesta accidental de agua o alimentos contaminados, los sistemas de abastecimiento de agua potable y saneamiento pueden verse dañados, favoreciendo la propagación de agentes infecciosos. Los más vulnerables son los niños pequeños, los ancianos, las personas inmunodeprimidas y las poblaciones desplazadas que pierden acceso a agua potable y saneamiento. Además, los trabajadores de emergencias o limpieza también están en riesgo por el contacto directo y prolongado con aguas contaminadas.

Las infecciones transmitidas por el agua dulce y por contacto con aguas contaminadas fueron las más comunes en los primeros días de la DANA

“En los tres meses posteriores a la Dana, se atendió a 108 pacientes con heridas sospechosas de infección, de los cuales un 26% presentó celulitis en la primera valoración. Se aislaron hasta 18 especies diferentes, lo que permitió definir protocolos precoces y multidisciplinares para optimizar el manejo, tanto en antibióticos como en intervenciones quirúrgicas”, añade el Dr. García Bustos. A medio plazo, aunque las infecciones de heridas continuaron siendo un problema, especialmente durante las labores de voluntariado y limpieza, el foco se desplazó hacia las infecciones gastrointestinales, con un aumento de gastroenteritis bacterianas en las zonas más afectadas.

También se registraron algunos casos de enfermedades zoonóticas como la leptospirosis aguda, aunque su incidencia fue menor de lo esperado. El agua de la inundación y los residuos sólidos fueron los principales vehículos de transmisión. El riesgo real no estaba en “tocar el agua”, sino en tener heridas abiertas contaminadas por ese entorno, o la transmisión fecal-oral por ausencia de higiene.

Monitorización de las incidencias y riesgos

El trabajo de Salud Pública fue fundamental para definir la incidencia y los riesgos por departamento, de salud diaria y semanal, y demostrando una clara relación con las áreas de mayor impacto de la inundación. Los resultados confirman un patrón característico: bacterias propias del agua dulce y de origen entérico (más del 70% de los aislamientos), infecciones polimicrobianas y necesidad de un abordaje quirúrgico y antibiótico complejo, aunque con incidencia de casos graves menor de la esperada. La tasa de ingreso hospitalario fue del 13,9%, y el 86,7% de ellos requirió cirugía. La mortalidad fue mínima (un solo caso) y la evolución de la mayoría de los pacientes fue favorable.

En las zonas más afectadas aumentaron las gastroenteritis e incluso se registraron casos de leptospirosis

Asimismo, el análisis permitió identificar carencias en la actuación inicial, como el uso de antibióticos empíricos sin cultivo previo que no cubrían bacterias típicas del agua dulce. Sin embargo, se elaboraron protocolos y guías de actuación para mejorar futuras respuestas a catástrofes similares. En paralelo, un estudio nacional analizó el riesgo infeccioso a escala ambiental, recogiendo muestras de agua, barro y suelos. Se identificó una amplia diversidad de patógenos y vectores, generando un modelo de referencia One Health, que integra salud humana, ambiental y animal, y que será clave para anticipar y afrontar las amenazas infecciosas derivadas del cambio climático.

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