Gema Maldonado Cantero
Las decisiones políticas de recortes en ayuda humanitaria, la retirada de fondos para programas de salud o el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ya está teniendo unos efectos que «difícilmente van a tener una vuelta atrás» y que no solo afecta a los países receptores de esos fondos y programas, sino que ponen en jaque la salud pública de todos los países del mundo.
«Se está desmantelando todo el sistema y esto va a tener unas consecuencias irreversibles para toda la comunidad internacional en términos de salud global«, ha advertido este jueves la presidenta de Médicos Sin Fronteras, Paula Gil Leyva, en el Foro Salud de Nueva Economía y Bidafarma, «cuando se desmantelan sistemas de vigilancia epidemiológica porque los gobiernos no tienen fondos, la posibilidad de que esto se convierta en una pandemia y haya enfermedades que resurjan es enorme», alerta.
«Cuando se desmantelan sistemas de vigilancia epidemiológica la posibilidad de que esto se convierta en una pandemia y haya enfermedades que resurjan es enorme»
Los recortes en ayuda humanitaria de países europeos ante las nuevas políticas de rearme en defensa, el tijeretazo a los fondos para la Organización Mundial de la Salud de la Administración Trump y la reducción a prácticamente la nada de la USAID ya se traducen en un «retroceso muy importante» de la prevención y la investigación. La presidenta de la organización ha explicado que su organización ya está viendo cómo se suspenden los programas de investigación con pacientes que tratan y que formaban parte de cohortes de diferentes estudios. «Es un problema que, además, va acompañado de una narrativa anticientífica que nos tendría que poner los pelos de punta«, ha añadido.
Gil Leyva ha señalado cómo «cada día» sus equipos en distintas regiones del mundo les transmiten la retirada progresiva de organizaciones sobre el terreno, que les lleva a estar «cada vez más solos y a tomar decisiones muy difíciles». Ha denunciado la gravedad de las crisis sanitarias «más desatendidas», aquellas que están fuera del foco mediático con el «silencio cómplice» de la comunidad internacional. Una de ellas es la que vive la región del Sahel en el continente africano y que «afecta directamente a España por su proximidad».
Los recortes de la Administración Trump «van acompañados de una narrativa anticientífica que nos tendría que poner los pelos de punta»
En los países de la región, entre ellos Mali, Burkina Faso, Mauritania, Níger o Chad, «se dan circunstancias que la convierten en el escenario perfecto para una catástrofe». Se ven afectados por las consecuencias del cambio climático, la falta de financiación y el resurgimiento de grupos islamistas que hacen que «cientos de millones de personas vivan ya bajo el control de grupos armados donde los estados no entran».
Sudan ya se ha convertido en la «mayor crisis humanitaria del planeta» con 12 millones de desplazados. «El 70% de sus estructuras de salud están completamente arrasadas. ¿Os imagináis esto en España?», ha interpelado a los asistentes al Foro. También ha puesto el foco en Gaza. Este mismo miércoles, sus compañeros en el Hospital Nasser han atendido a numerosos heridos por el bombardeo al que Israel ha vuelto a someter al enclave pese al alto el fuego, y que ha causado un centenar de muertos. «Hablar de acuerdo de paz es surrealista. Tenemos que tener cuidado y no comprar una narrativa que no está sucediendo», ha advertido.
La presidenta de Médicos Sin Fronteras ha puesto el foco en los conflictos que no aparecen en los medios y las crisis humanitarias que comportan, como el de Sudán y El Sahel
La oleada de recortes gubernamentales que condiciona a otras organizaciones no está afectando de forma directa a Médicos Sin Fronteras, pero sí tienen que asumir más tareas. La organización no recibe fondos institucionales. Tampoco de empresas de determinados sectores económicos o que no respeten los derechos de sus trabajadores.
Según ha detallado la presidenta de la organización en España, el 98% de sus fondos son privados, «de donantes individuales, la gran mayoría son donantes pequeños, de empresas y fundaciones». Este sistema les otorga «independencia» y les «facilita el acceso a zonas donde otros actores no llegan». Una capacidad que implica «ser testigo de primera mano de lo que está sucediendo» y denunciar las violaciones de derechos humanos. «Nuestro relato es el relato de las poblaciones, nuestra obligación es darles voz», ha afirmado.
Paula Gil Leyva ha hecho hincapié lo «peligrosa» que es la «narrativa antihumanitaria global» que «criminaliza» el trabajo de las organizaciones. La atención a la salud de personas de cualquier lugar y en cualquier circunstancia y la denuncia de las violaciones de derechos humanos que viven y los valores que implica «se está convirtiendo en una forma de resistencia», ha dicho. «Os pediría que os movilizarais y formarais parte de esta resistencia ante la deshumanización, la pérdida de valores y de solidaridad», ha concluido.










