P. M. S. / J. L. G.
El dolor es una de las principales causas de visita en las consultas de atención primaria, ya que es una de las primeras señales que pueden desvelar otra patología. Sin embargo, el agravamiento de esta condición supone costes emocionales, profesionales y económicos para los sistemas sanitarios que requieren de enfoques más personalizados que optimicen los tratamientos a todos.
Al respecto, los doctores David de la Rosa Ruiz, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Virgen de Begoña (Madrid), y coordinador del grupo de trabajo de Enfermedades Reumatológicas y Musculoesqueléticas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), y Juan Carlos Hermosa Hernán, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Las Ciudades en Getafe (Madrid) y también miembro de este grupo, analizan sus retos en un taller del ciclo APDay 2025.
Si bien hay falta de evidencia respecto a la prevalencia del número de consultas en atención primaria por dolor agudo, ¿de qué manera impacta este en el primer nivel asistencial? ¿Cómo se debería gestionar la atención a un paciente con dolor agudo en un contexto de alta presión asistencial?
Efectivamente, a pesar de que existen pocos datos actualizados, podemos asumir que el 30-40% de las consultas de atención primaria son por dolor. En el 80% de estos casos se trata de un dolor agudo, siendo el 50% de éstos por dolor de origen musculoesquelético destacando la lumbalgia y la cervicalgia como procesos más frecuentes.
En el contexto de alta presión asistencial, una anamnesis detallada dirigida según la localización del dolor, una buena exploración física y una atención especial a la presencia de signos o síntomas de alarma deberían ser prioritarios a la hora de afrontar el manejo del paciente con dolor agudo.
“Los factores psicológicos pueden amplificar la percepción del dolor, generar conductas catastrofistas y aumentar el sufrimiento emocional”
¿De qué manera se retroalimentan el dolor agudo y los factores psicológicos y cómo manejarlos desde la consulta del médico de familia?
La interacción del dolor con los factores psicológicos es bidireccional. Por una parte, el dolor agudo puede desencadenar ansiedad y miedo a la gravedad del proceso, así como desesperanza, tristeza y frustración, sobre todo si repercute en las actividades diarias. Por otro lado, los factores psicológicos pueden amplificar la percepción del dolor, generar conductas catastrofistas y aumentar el sufrimiento emocional.
Desde la consulta del médico de familia hay que estar atento a todos estos aspectos, anticipándonos a estas situaciones, establecer un tratamiento adecuado para evitar la cronificación del dolor y recobrar la funcionalidad.
En el caso de pacientes mayores, caracterizados por dolor osteoarticular, ¿qué particularidades hay que tener en cuenta?
Los pacientes mayores presentan una incidencia mayor de procesos dolorosos que la población joven. La artrosis, en sus múltiples localizaciones, y el dolor de lumbar son los representantes más frecuentes de dolor osteoarticular.
Los pacientes mayores presentan una serie de características propias del envejecimiento como puede ser la atrofia muscular, las alteraciones en el flujo renal y el metabolismo hepático, un riesgo aumentado de aparición de efectos secundarios de los fármacos e incluso la probable existencia de una disminución del umbral del dolor.
“Un enfoque individualizado puede ayudarnos a alcanzar el objetivo terapéutico y minimizar los efectos secundarios”
Por otra parte, existe una tendencia entre los profesionales sanitarios a infravalorar el dolor, lo que, unido generalmente a la presencia de múltiples comorbilidades, interacciones farmacológicas, polifarmacia… conllevan habitualmente un infratratamiento del dolor. Las consecuencias perjudiciales no sólo afectan al paciente, que se traduce en una reducción sustancial de la calidad de vida, sino a todo su entorno, un aumento de la morbilidad y un incremento de los costes sociosanitarios.
El tratamiento farmacológico está bien definido, pero ¿por qué es importante personalizarlo? ¿Qué consecuencias puede tener una generalización a la hora de prescribir una terapia estándar pero quizá poco o nada efectiva?
En los últimos años, se han publicado diversos efectos secundarios o complicaciones asociados a los analgésicos. Por ejemplo, los antiinflamatorios se han relacionado con riesgos cardiovasculares, mientras que los opioides presentan efectos secundarios y riesgo de dependencia.
Sin embargo, en la práctica clínica, necesitamos un tratamiento eficaz del dolor, y parece que nos faltan herramientas para lograrlo. Un enfoque individualizado puede ayudarnos a alcanzar el objetivo terapéutico y minimizar los efectos secundarios seleccionando los fármacos más adecuados según el perfil de riesgo de cada paciente.
Establecer estrategias generalizadas de tratamiento del dolor, basadas únicamente en factores como la edad del paciente, puede llevarnos a no utilizar la mejor opción en cada caso, lo que puede resultar en un mal control del dolor o un aumento de los efectos secundarios.
La indicación de opioides, ¿cuándo es aconsejable? ¿De qué manera controlar y evitar la dependencia del paciente con respecto a estos medicamentos?
El tratamiento con fármacos opioides para el dolor debe realizarse de manera responsable, detectando perfiles de riesgo y realizando una revisión adecuada del tratamiento basada en un objetivo terapéutico acordado con el paciente.
“El dolor agudo suele ser un síntoma secundario a otro proceso clínico, lo que a menudo lleva a que su tratamiento pase a segundo plano”
Su uso en el dolor agudo está indicado principalmente cuando el dolor es moderado a intenso o se espera que sea intenso. También pueden ser indicados cuando otros fármacos de primer escalón no sean adecuados o no hayan logrado controlar el dolor.
Para minimizar los efectos secundarios, un tratamiento multimodal que combine otras opciones analgésicas, tanto farmacológicas como no farmacológicas, puede ser adecuado. Esto permite minimizar las dosis y reducir los eventos adversos.
El ciclo APDay 2025 se centra en actualizar los conocimientos y la formación de sus profesionales. ¿Hasta qué punto esta es importante para realizar un manejo correcto del dolor agudo y para que sea una variable a tener en cuenta en la anamnesis?
El dolor agudo suele ser un síntoma secundario a otro proceso clínico, lo que a menudo lleva a que su tratamiento pase a segundo plano. Esto puede resultar en limitaciones funcionales y aumentar el riesgo de cronificación si el dolor no se controla adecuadamente. Realizar una anamnesis exhaustiva del dolor nos ayuda a comprender sus características, intensidad, localización y el impacto que tiene en la función del paciente.
Esta información es necesaria para desarrollar una estrategia terapéutica eficaz y comunicar al paciente la posible evolución del dolor, sus implicaciones y mitigar el miedo y la incertidumbre asociados. Al abordar tanto la causa subyacente del dolor como el dolor en sí, podemos brindar una atención integral y mejorar los resultados del paciente.
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