Redacción
El covid persistente continúa representando un importante reto sanitario. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta un 20% de las personas que han pasado la infección pueden desarrollar síntomas prolongados. Ante esta realidad, profesionales sanitarios han insistido en la necesidad de reforzar la vacunación de los grupos de riesgo para reducir tanto las reinfecciones como la gravedad y las secuelas de la enfermedad.
Esta ha sido una de las principales conclusiones del webinar Long covid y pacientes con enfermedades respiratorias: vacunación y tratamiento en pacientes de riesgo, organizado por el Instituto Superior de Formación Sanitaria (Isfos) del Consejo General de Enfermería (CGE), con la colaboración de Pfizer, dentro de su programa de becas para iniciativas de investigación y formación continuada.
Durante el encuentro, los expertos subrayaron que la inmunización en adultos y personas con enfermedades crónicas es una herramienta clave para reducir hospitalizaciones, complicaciones y mortalidad derivadas del covid-19 y otras infecciones respiratorias.
“Aunque aún quedan muchas preguntas por responder sobre las causas y evolución del covid persistente, sí sabemos que la investigación, la vacunación y el trabajo multidisciplinar siguen siendo nuestras mejores herramientas. Y en este esfuerzo, las enfermeras y enfermeros desempeñan un papel absolutamente fundamental”, afirmó Pilar Fernández, directora de Isfos.
Fernández destacó además la contribución esencial de la profesión enfermera durante la pandemia: “Hemos liderado campañas de vacunación, acompañado a los pacientes en su recuperación y detectado complicaciones de forma precoz. Nuestra labor ha sido esencial para prevenir formas graves de la enfermedad y reducir las secuelas a largo plazo”.
El papel de la enfermería en la vacunación
La enfermera María Cañada, del Hospital Universitario de Móstoles y paciente de covid persistente, recordó que “las enfermeras somos la base de la vacunación: tenemos contacto directo con el paciente y somos quienes distribuimos las vacunas. En la mayoría de los casos están altamente recomendadas, y es fundamental la información que podemos ofrecer”.
Por su parte, Pilar Rodríguez Ledo, médica de atención primaria en Lugo y presidenta de la Red Española de Investigación en covid persistente (Reicop), recordó que el covid persistente ha sido reconocido por el Ministerio de Sanidad como una enfermedad crónica. “Además de los síntomas físicos, existe una gran carga emocional y social. La vacunación es fundamental porque reduce el riesgo de reinfecciones y, con ello, la posibilidad de nuevos episodios o el agravamiento de los síntomas existentes”, explicó.
Desde el ámbito hospitalario, Juan Torres, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Leonor-Virgen de la Torre (Madrid), insistió en que “todas las vacunas disponibles frente a virus respiratorios han demostrado reducir la morbimortalidad en poblaciones de riesgo. Es necesario potenciar las campañas de concienciación y los protocolos de detección sistemática de pacientes que puedan beneficiarse de ellas”.
Impacto en los profesionales sanitarios
El covid persistente afecta especialmente a los profesionales sanitarios, un colectivo que ha estado en primera línea desde el inicio de la pandemia. Según señaló Antonio Álamo, presidente del Colegio de Enfermería de Jaén, “algunos estudios elevan hasta el 25% el porcentaje de sanitarios con síntomas persistentes, y el riesgo aumenta hasta un 35% en quienes han sufrido tres o más reinfecciones”.
Álamo alertó de las consecuencias organizativas que esto implica: “Las bajas prolongadas, la reducción de jornadas o el abandono profesional generan un impacto no solo clínico, sino también estructural, que amenaza la sostenibilidad de los sistemas sanitarios ya tensionados por la falta de personal”.
El encuentro también dio voz a los pacientes, quienes reclaman mayor investigación y reconocimiento de su situación. José Méndez, presidente de la Asociación Madrileña de Covid Persistente (Amacop), relató su experiencia: “Para mí, con la enfermedad se acabó vivir. No puedo mantener una jornada completa y convivo con fatiga, dolor de cabeza y disautonomía desde hace más de cuatro años”.
La enfermera María Cañada, también paciente, definió la enfermedad con una sola palabra: “incertidumbre”. “La respuesta de los profesionales es muy variable, y existe miedo cuando acudes a la consulta. Solo podemos paliar los síntomas. Aun así, hay muchas líneas de investigación abiertas y queremos creer que los resultados llegarán”, señaló.









