“El relevo generacional que definirá la medicina interna”

Dr. Luis Cabeza Osorio, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario del Henares y presidente de la Sociedad de Medicina Interna de Madrid y Castilla-La Mancha (Somimaca)

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Dr. Luis Cabeza Osorio, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario del Henares y presidente de la Sociedad de Medicina Interna de Madrid y Castilla-La Mancha (Somimaca)
En las últimas décadas, la medicina interna ha sido uno de los pilares más sólidos de nuestro sistema sanitario. Ha sostenido los hospitales en tiempos de transformación, ha liderado la atención al paciente pluripatológico y ha demostrado una capacidad excepcional para adaptarse a contextos clínicos cambiantes.

Sin embargo, hoy nos encontramos ante un desafío estratégico que no puede ignorarse: el relevo generacional. El envejecimiento de las plantillas y la dificultad para atraer a nuevos profesionales amenazan con fracturar la continuidad de una especialidad imprescindible para la cohesión del sistema sanitario.

Este no es un problema lejano ni abstracto. Es una realidad visible en los hospitales madrileños y castellano-manchegos, y extensible al conjunto del país. Una parte significativa de nuestros internistas se acercará en los próximos años a la jubilación, con un volumen de salidas que, si no se planifica adecuadamente, superará con creces la capacidad actual de reposición. La cuestión no es solo numérica: la marcha de esta generación implica también la pérdida de experiencia, liderazgo clínico y visión estratégica. Y eso coloca al sistema ante una encrucijada que debemos enfrentar con responsabilidad colectiva.

Un relevo que no puede improvisarse

El relevo generacional no ocurre de manera espontánea. Precisa planificación, inversión y una lectura honesta de la realidad demográfica. Durante años se ha asumido que la disponibilidad de profesionales médicos era prácticamente ilimitada, y que los huecos se cubrirían de forma natural. Hoy sabemos que no es así.

La escasez de especialistas en diversas áreas, incluida la medicina interna, ya condiciona la organización asistencial en muchos centros. Si no actuamos con anticipación, la presión asistencial recaerá sobre plantillas reducidas y envejecidas, con el riesgo de deterioro de la calidad asistencial y el agotamiento profesional.

Los datos que manejamos apuntan a una necesidad clara: aumentar y ajustar la formación MIR en medicina interna, no solo en cantidad sino en coherencia con las necesidades reales del sistema. El número de plazas ofertadas en los últimos años ha crecido, pero este crecimiento debe analizarse desde una perspectiva territorial y de sostenibilidad. No basta con ampliar la oferta; es necesario garantizar que los nuevos especialistas encuentren un entorno profesional atractivo, con posibilidades de consolidar su trayectoria y desarrollar su vocación.

Atraer talento joven: el gran reto

¿Por qué a algunos jóvenes médicos les cuesta ver la medicina interna como una opción preferente? La respuesta no debe incomodarnos; debe servirnos de guía. La especialidad es exigente, compleja y a menudo poco reconocida socialmente. La enorme carga asistencial y la dificultad para disponer de tiempo protegido para la formación, la investigación o la docencia pueden generar la percepción de una carrera incierta y poco atractiva.

Para revertir esta tendencia, es imprescindible dignificar la especialidad desde tres ámbitos fundamentales:

1. Condiciones laborales: La estabilidad contractual, la conciliación y la seguridad profesional son factores decisivos para cualquier joven médico. No podemos aspirar a retener talento si la incorporación a los hospitales se basa en encadenar contratos temporales o asumir cargas asistenciales desproporcionadas. El internista debe tener condiciones laborales acordes al peso que asume en el sistema sanitario.

2. Carrera profesional clara y motivadora: El internista necesita un horizonte de crecimiento. Liderar equipos, participar en la gestión clínica, especializarse en áreas avanzadas, integrarse en proyectos de investigación o innovar en modelos asistenciales; debe formar parte de un itinerario profesional reconocido, estable y accesible. Sin un marco transparente y equitativo, la especialidad corre el riesgo de ser percibida como un destino profesional sin proyección.

3. Visibilidad y prestigio: La medicina interna es la especialidad que mejor representa la esencia del médico integral. Es necesario comunicarlo, tanto hacia los estudiantes de Medicina como hacia la sociedad. Mostrar referentes, compartir logros, explicar nuestro rol en la atención a la cronicidad, la complejidad, la coordinación y la continuidad asistencial contribuirá a construir una narrativa atractiva y realista.

La importancia estratégica del internista en el siglo XXI

Vivimos en un momento sanitario marcado por el envejecimiento de la población, la multimorbilidad, la fragilidad y la necesidad de una atención transversal. En este contexto, el internista no es un recurso sustituible, sino una figura estratégica. Su capacidad para integrar información clínica, coordinar niveles asistenciales y tomar decisiones complejas convierte a la especialidad en un eje vertebrador del hospital del presente y del futuro.

Los jóvenes médicos deben entender que la medicina interna no es una especialidad «generalista» en un sentido reductivo, sino una disciplina avanzada, intelectualmente estimulante y crucial para la eficacia global del sistema sanitario. Y para transmitir este mensaje de forma creíble, debemos acompañarlo con hechos: innovación organizativa, presencia en la toma de decisiones, impulso a unidades de gestión clínica, apoyo a la tecnología y la investigación aplicada, y participación activa en los retos que vienen, como la inteligencia artificial o la medicina personalizada.

Hacia una estrategia nacional: visión y compromiso

El reto del relevo generacional supera lo local, lo hospitalario e incluso lo autonómico. Requiere una estrategia nacional que articule necesidades, recursos y soluciones a medio y largo plazo. Esa estrategia debe contemplar:

• Proyecciones demográficas fiables sobre jubilaciones y necesidades asistenciales.
• Un ajuste progresivo del número de plazas MIR, alineado con la planificación real del sistema.
• Programas de incentivos y estabilización laboral, especialmente en áreas con déficit profesional.
• Una política de carrera profesional homogénea y basada en méritos objetivos.
• Medidas para fortalecer el liderazgo de la medicina interna en gestión clínica, investigación y docencia.
• Estrategias específicas para captar y fidelizar talento joven.

La coordinación entre administraciones, universidades, sociedades científicas y centros sanitarios será esencial. No hay soluciones parciales para un problema estructural.

Un compromiso intergeneracional

Este desafío no debe generar una brecha entre profesionales veteranos y jóvenes. Al contrario, debe propiciar una alianza intergeneracional que valore la experiencia acumulada y, al mismo tiempo, empodere a quienes llegan con nuevas ideas, nuevas competencias y nuevas expectativas. El conocimiento que atesoran nuestros internistas sénior debe convertirse en un legado compartido. La tutoría, el acompañamiento y la transferencia de liderazgo son parte imprescindible del proceso.

La medicina interna ha demostrado en innumerables ocasiones su capacidad para adaptarse, reinventarse y liderar. Hoy debemos hacerlo de nuevo. Asegurar el relevo generacional no es solo garantizar la continuidad asistencial; es defender el modelo sanitario que queremos para el futuro: sólido, cohesionado, humanista y basado en la excelencia clínica.

Nos encontramos ante una oportunidad histórica. Si somos capaces de anticiparnos, atraer talento y ofrecer un proyecto profesional ilusionante, la medicina interna seguirá siendo el corazón del hospital y una referencia para la sociedad. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de debilitar uno de los pilares fundamentales de nuestro sistema de salud.

Como sociedad científica, asumimos la responsabilidad de impulsar este debate, de colaborar con las instituciones y de trabajar para que la medicina interna siga siendo una vocación abierta, un espacio de crecimiento y un horizonte de liderazgo para las nuevas generaciones.

El futuro de la especialidad no está escrito. Pero sí está en nuestras manos. Y es ahora cuando debemos actuar.

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