Atrás quedó el paternalismo infantil, sobreprotector y excluyente: hoy hablamos de autonomía de las personas 

Juan José Afonso, director general de centros de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios España 

paternalismo

Juan José Afonso, director general de centros de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios España
Durante muchos años, se entendió el paternalismo como una suerte de trato amable y necesario con aquellos que se entendía se encontraban en inferioridad de condiciones. Este comportamiento afectaba a todas las esferas de la vida y se hacía especialmente patente en lo que se refiere a la comunicación con estas personas y en la ayuda que se les ofrecía. 

En el primer caso, se adoptaban tratamientos demasiado cursis o infantiles, como hablarles en diminutivo mientras se forzaban los agudos, y en el segundo se pecaba en exceso de hacer todo por el otro, contribuyendo a mermar la mayor o menor autonomía que tuviera el individuo. Todo ello, debo decir, sin mala intención. 

Esta actitud, llevada a las personas mayores, ha llegado incluso a acuñar su propio término: edadismo. Un paternalismo que sobreprotege y, al mismo tiempo, expulsa a estas personas del día a día, excluyéndoles de la toma de decisiones y erigiéndose quienes se creen más capaces en portavoces de su voluntad sin siquiera preguntar.  

Algo parecido ha sucedido en el ámbito de las personas que presentan algún tipo de discapacidad. De manera inconsciente, se les daba ese trato paternalista que, desde la buena voluntad, ha tenido, sin embargo, efectos adversos, por llamarlo de alguna forma.  

En los últimos años, el cuidado y la atención de las personas con discapacidad ha evolucionado mucho, pasando de un enfoque puramente asistencial a otro radicalmente distinto, basado en el empoderamiento de la persona mediante la potenciación de sus capacidades y una inclusión real en la sociedad. 

“El cuidado y la atención de las personas con discapacidad ha evolucionado mucho, pasando de un enfoque puramente asistencial a otro radicalmente distinto, basado en el empoderamiento de la persona” 

En este cambio han tenido mucho que ver la investigación científica y la innovación tecnológica. En el primer caso, hablamos, por ejemplo, de un mejor conocimiento del cerebro y del desarrollo de nuevas terapias. En el segundo, de nuevas prótesis e implantes así como de dispositivos de estimulación cerebral, de inteligencia artificial, de robótica y de tecnología más accesible para mejorar el aprendizaje y la empleabilidad, entre otras. 

Pero también, y no menos importantes, han sido los cambios normativos que han impulsado legislaciones más inclusivas y orientadas a esa potenciación de la autonomía personal, los avances en la atención sociosanitaria y la coordinación entre distintos profesionales, promoviendo la continuidad asistencial y los modelos centrados en la persona así como una mayor concienciación y sensibilidad hacia las personas con diversidad funcional, término que surge precisamente de ese nuevo acercamiento que busca abandonar el paternalismo y centrarse en las capacidades que todos, como personas, tenemos. 

A lo largo de nuestra historia, en San Juan de Dios hemos enfocado la discapacidad desde nuestros valores: la hospitalidad, el respeto y la excelencia en el cuidado. Valores que, casi 500 años después, siguen vigentes y lo que cambia, se transforma, es el modo en el que los ponemos en práctica, adaptándonos a los cambios sociales, a las nuevas necesidades y sensibilidades e incorporando, por supuesto, la innovación.  

En este proceso de adaptación, crecimiento y evolución estamos actualmente inmersos con nuevos proyectos que vienen a sumarse a los que ya tenemos en marcha en todo el territorio nacional y que se concretan en residencias, centros de día, pisos tutelados, centros de atención temprana y centros especiales de empleo orientados a dar una respuesta a cada necesidad. 

“En este proceso de adaptación, crecimiento y evolución estamos actualmente inmersos con nuevos proyectos que vienen a sumarse a los que ya tenemos en marcha en todo el territorio nacional” 

A comienzos de este año, por ejemplo, inaugurábamos en Vigo el nuevo centro de día de San Rafael para personas mayores con discapacidad intelectual porque, gracias a esos avances a los que antes me refería, hoy las personas con discapacidad viven más años. Darles la atención que precisan respetando el proyecto vital de cada uno se hace fundamental. Este centro incorpora los últimos avances tecnológicos y en domótica para contribuir a ello.  

Más recientemente, hemos comenzado a trabajar en la puesta en marcha de dos nuevos proyectos en las Islas Canarias, concretamente en Las Palmas de Gran Canaria, donde ya estábamos presentes. Y ahora, vamos a estarlo aún más, con la creación de un nuevo centro de día para personas con discapacidad, en Telde, y una residencia para menores con discapacidad grave y trastornos de conducta, en Agüimes.  

Estos se suman a nuestros dispositivos y centros de discapacidad en otras regiones como Andalucía, Asturias, Castilla y León, Cataluña, Madrid o Navarra en las que, sinceramente, existe un compromiso y voluntad de mejora constante para acompañar y cuidar desde el respeto, la promoción de la autonomía de cada individuo y la búsqueda de una verdadera integración social y laboral. Porque sí, como sociedad hemos avanzado mucho, pero aún queda camino por recorrer.  

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