Fátima del Reino Iniesta (Alcalá de Henares)
El estigma que rodea a la migraña no solo procede del entorno social o laboral. Según advirtió el Dr. Roberto Belvís, director del servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Santa Pau de Barcelona y coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), durante su intervención en el III Seminario de Periodistas de Lundbeck Migraña: Una carrera de obstáculos, una parte importante de ese estigma nace dentro del propio sistema sanitario. «Lo más fuerte no es que estén estigmatizados, es que uno de cada tres profesionales de la salud contribuye a ese estigma», afirmó el neurólogo.

A su juicio, esta banalización tiene un origen estructural. La migraña sigue tratándose como una enfermedad de segundo orden, a pesar de estar entre las patologías más incapacitantes del mundo. «Se sigue tratando al paciente como si tuviera una tontería», lamentó. Esta percepción errónea tiene consecuencias directas tanto en la atención clínica como en la vida cotidiana del paciente.
Uno de los ámbitos donde el estigma resulta más visible es el laboral. El neurólogo explicó que la migraña afecta en pleno periodo de máxima productividad profesional, especialmente entre los 25 y los 55 años. «El 92% de los pacientes con migraña está en edad laboral«, recordó, lo que convierte esta patología en un problema de enorme impacto para empresas y trabajadores.
El miedo a ser señalado o a perder oportunidades profesionales lleva a muchos pacientes a no comunicar su enfermedad. «El 62% de los pacientes considera que la migraña afecta a su valor profesional«, indicó. Ese temor no es infundado, ya que el 24% de los trabajadores con migraña asegura haber perdido al menos un empleo por esta enfermedad.
A diferencia de otras patologías crónicas, la migraña no se asocia al absentismo laboral, si no que se relaciona con el «presentismo», un fenómeno aún más perjudicial para la productividad. «El paciente con migraña no se queda en casa, va a trabajar con dolor, rinde menos y arrastra los síntomas durante toda la jornada. La empresa no pierde por bajas laborales, sino por una reducción sostenida del rendimiento», subrayó.
«Un día con migraña equivale en discapacidad a un día con ceguera o paraplejia»
Desde el punto de vista clínico, el especialista recordó que la migraña es una enfermedad profundamente discapacitante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) equipara un día con migraña a un día con ceguera o paraplejia en términos de discapacidad. Sin embargo, esta gravedad no se traslada a la percepción social ni institucional. «Un adulto joven con un día de migraña a la semana habrá perdido más de cuatro años de su vida a los 30 años«, advirtió. No se trata solo de días con dolor, sino de días en los que el paciente no puede desarrollar una vida normal a nivel personal, familiar y laboral.
Aun así, el estigma persiste. En muchos entornos profesionales, el paciente con migraña es visto como alguien que exagera, lo que refuerza su aislamiento. «Esta frase de ‘se va porque tiene migraña’ solo se escucha en España, y refleja hasta qué punto seguimos banalizando una enfermedad profundamente incapacitante. Al final, el paciente acaba trabajando con dolor para no ser señalado», señaló.
«La migraña no solo afecta al paciente, también impacta a la familia»
El especialista expuso que la estigmatización no es irreversible. Existen experiencias empresariales que demuestran que la educación y la adaptación de los puestos de trabajo generan beneficios tanto para el trabajador como para la empresa. En programas de sensibilización, hasta el 82% de los empleados deja de estigmatizar a sus compañeros con migraña.
Medidas como ajustar la iluminación, reducir el ruido, permitir pausas breves o facilitar el trabajo en equipo permiten reducir de forma notable el impacto de la enfermedad. «Son medidas muy baratas que mejoran la productividad hasta un 29%», destacó.
«Educar a las empresas reduce el estigma y mejora la productividad»
Cuando el dolor va más allá de la cabeza
El impacto de la migraña no se limita a quien la padece. «Hasta un 65% de los familiares se siente directamente afectado», explicó. La enfermedad condiciona la vida en pareja, la crianza de los hijos y la participación en actividades sociales. «El 85% de los pacientes pierde eventos familiares, sociales o deportivos», añadió.
Uno de los datos más duros que compartió fue el impacto sobre los hijos. Existen estudios que muestran que los niños reprochan a sus padres con migraña no haber podido ayudarles con los deberes o acudir al colegio. «Este dato ha hecho mucho daño desde el punto de vista emocional», reconoció.
Además, la migraña impacta también en la salud emocional. Según la Sociedad Española de Neurología el 38% de los pacientes con esta patología muestran síntomas depresivos de moderados a grave. De igual modo se estima que el 22% sufre ansiedad.

Almudena Mateos, psicóloga experta en dolor, recuerda que
«no se puede hablar de abordaje integral si no se atiende la dimensión emocional del paciente. La migraña no solo duele en la cabeza, también en la autoestima, en el trabajo y en las relaciones sociales. La salud mental no solo empeora el curso de la migraña, sino que también va a modular la experiencia fisiológica del dolor».
«El estigma es hoy uno de los principales obstáculos en el manejo de la migraña»
Por su parte, el Dr. Belvís relató uno de los testimonios de sus pacientes que más le han marcado en su trayectoria profesional. «El apoyo que recibí durante mi cáncer no lo he recibido jamás por mi migraña». Para el neurólogo, este contraste evidencia la enorme diferencia de reconocimiento social entre ambas enfermedades y resume décadas de abandono institucional y social a los pacientes con cefalea.
Belvís concluyó que la migraña no solo se combate con fármacos, sino con un cambio cultural dentro del propio sistema sanitario. Mientras se siga cuestionando la legitimidad del dolor del paciente, persistirán el infra diagnóstico, el aislamiento social y el deterioro laboral. «Tenemos que dejar de tratar al paciente como si exagerara», finalizó.








