Nieves Sebastían Mongares
Un proyecto innovador impulsado gracias al acuerdo entre la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios – Comillas (EUEF) y cinco (Fundación Ana Carolina Díez Mahou, Adempa, Clínica EMME, Colegio de Educación Especial del Hospital Universitario San Rafael y Fundación Instituto San José) entidades tiene como objetivo demostrar cómo la impresión 3D puede mejorar la calidad de vida de niños con diversidad funcional.
Este programa, que se enmarca en la metodología de Aprendizaje-Servicio (ApS) ha permitido a estudiantes del tercer curso de Fisioterapia de esta escuela diseñar y fabricar productos de apoyo para personas con discapacidad que mejoren su calidad de vida. En este sentido, se incluyen soluciones que impacten a nivel terapéutico, emocional y social. Los impulsores del proyecto resaltan que este supone un aprendizaje transformador para los alumnos, así como un impacto real en la vida de las personas con discapacidad y sus familias.
«No se trata solo de que el alumno aprenda a diseñar e imprimir en 3D, sino de que entienda cómo la fisioterapia puede mejorar vidas desde la escucha activa»
En palabras de Manuel Lara, profesor de la EUEF y coordinador del proyecto, «no se trata solo de que el alumno aprenda a diseñar e imprimir en 3D, sino de que entienda cómo la fisioterapia puede mejorar vidas desde la escucha activa, el diseño individualizado y la acción directa».
Soluciones concretas
Para las personas con discapacidad, acciones del día a día como comer, vestirse o asearse o utilizar una Tablet, que además puede ser una herramienta que les ayude en su comunicación, pueden convertirse en inalcanzables. Y el acompañamiento de los fisioterapeutas a estos niños con discapacidad permite identificar estas limitaciones que impactan en su autonomía.
Cabe destacar que hay los productos que pueden servir de apoyo a estas personas suelen tener un alto coste y estar poco personalizados. Como explica Marta Martín, profesora de la EUEF y fisioterapeuta en la Clínica EMME, «muchos dispositivos no están al alcance económico de las familias, y aquellos que sí lo están no siempre se ajustan a las necesidades específicas de cada menor». A este respecto, Martín agrega que «de ahí la importancia de explorar alternativas como la impresión 3D, que permite crear soluciones individualizadas, accesibles y ajustadas a la realidad de cada niño».
Los productos de apoyo a la fisioterapia en personas con discapacidad suelen tener un alto coste y una baja personalización
Teniendo en cuenta todo lo anterior, cada estudiante implicado en este proyecto ha trabajado en un caso concreto en colaboración con terapeutas y profesionales de los centros.
En primer lugar, Marcela Marcial ha diseñado una férula personalizada para mejorar la extensión de muñeca y el agarre de Anny, una niña usuaria de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, con el objetivo era ayudarla a usar su silla de ruedas con mayor autonomía. «Ver a Anny progresar me hizo comprender el impacto profundo que puede tener algo tan sencillo como una férula. Me cambió la forma de entender mi profesión», afirma la estudiante.
Además, esta solución ha supuesto una gran aportación tanto a nivel funcional como emocional, a través de una experiencia que ha involucrado a toda la familia.
Como destaca Elena Jiménez, fisioterapeuta de la Fundación, «la férula mejora la apertura de los dedos y el movimiento de la muñeca, pero también le ha dado a Anny y a sus padres la sensación de ser escuchados y valorados». Por su parte, desde la dirección de la entidad, Javier Pérez-Mínguez, apunta que «esta colaboración ha sido enormemente positiva. Nos ha permitido acceder a soluciones accesibles y reales y ser parte de un proceso formativo muy enriquecedor».
Otro escenario en el que se ha desarrollado esta colaboración es la Fundación Instituto San José, en la que el trabajo entre estudiantes y profesionales ha dado lugar a soluciones adaptadas para tareas básicas del día a día.
Melania García, responsable de digitalización del hospital, expresa que «una de nuestras pacientes apenas podía usar las manos. Gracias al soporte diseñado por los estudiantes ha podido volver a beber sola. Ese gesto, aparentemente pequeño, ha significado para ella un gran paso en su independencia». En este sentido, García agrega que «cuando se diseña desde la empatía, se logra mucho más que una mejora funcional: se refuerza la dignidad».
«Cuando se diseña desde la empatía, se logra mucho más que una mejora funcional: se refuerza la dignidad»
Por otra parte, en Adempa, la estudiante Laura Fernández ha desarrollado un dispositivo para facilitar la apertura del dedo pulgar de una niña con afectación motora. Como remarcan desde el proyecto, aunque pueda tratarse de un diseño simple, es profundamente útil en las sesiones de fisioterapia. «Crear algo desde cero, pensado para una persona concreta, me ha hecho salir del aula y conectar con lo esencial de nuestra labor: ayudar», explica Fernández. Sobre este, Marta Ferreiro, fisioterapeuta de la entidad, subraya que la usuaria «ha mejorado en movilidad y en actitud durante la terapia. Además, al ser una solución accesible y sin coste para la familia, ha supuesto un alivio importante tanto económico como emocional».
En el Colegio de Educación Especial San Rafael, uno de los alumnos, Diego Ruiz, identificó que una de necesidad común en las terapias era la falta de dispositivos personalizados que permitieran a los niños mantenerse de pie. Y, para cubrir esta carencia ha diseñado un sistema de agarres intercambiables para un bipedestador, lo que permite adaptar el dispositivo a distintos usuarios con distintas necesidades. «No ha sido sólo un reto técnico. He colaborado estrechamente con los terapeutas para ajustar cada detalle y asegurar que el dispositivo fuera funcional, cómodo y seguro», explica Ruiz.
El diseño de este dispositivo es reflejo del espíritu del proyecto de diseñar desde la escucha y la empatía, aplicando el conocimiento técnico. Así, Marta Martín incide en que «es prioritario apoyar este tipo de iniciativas, donde el alumno aprende a pensar diferente, en base a necesidades reales, empatizando con la situación de los pacientes y generando soluciones tangibles que mejoren su día a día».
«Es prioritario apoyar este tipo de iniciativas, donde el alumno aprende a pensar diferente, en base a necesidades reales»
En definitiva, todos estos proyectos muestran cómo la combinación entre innovación y compromiso se refuerza, maximizando el uso de las nuevas tecnologías en fisioterapia a través de la impresión 3D. Sobre esto, la alumna Marcela Marcial expone que «manejar estas herramientas te pone un paso adelante. Te permite innovar, adaptarte y ofrecer más soluciones a tus pacientes».
Colaboración entre agentes
Los participantes en el proyecto ponen en valor que, más allá de las soluciones diseñadas para diferentes necesidades, a raíz de este proyecto ha surgido una red colaborativa entre universidad, entidades sociosanitarias, familias y pacientes. Como indica Manuel Lara, «este proyecto demuestra que la universidad puede ser un motor de cambio real cuando pone la innovación al servicio de la comunidad».
Por ello, los impulsores del proyecto resaltan que el programa de Aprendizaje-Servicio no solo forma fisioterapeutas con habilidades tecnológicas, sino profesionales comprometidos, conscientes de que el verdadero valor del conocimiento está en ponerlo al servicio de los demás.









