Nieves Sebastián Mongares
Durante el proceso de envejecimiento, las personas pueden perder capacidades en mayor o menor medida. Casi el 50% de la población desarrolla condiciones físicas o intelectuales asociadas a la discapacidad, lo que requiere de una asistencia específica. En esta atención es indispensable la implicación de diferentes profesionales, coordinados por un especialista en geriatría. Como explica el Dr. Francisco Tarazona, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), en estos pacientes es esencial adoptar un enfoque integral que atienda a todas sus necesidades.
¿Cuáles son las principales discapacidades que se registran derivadas del avance de la edad? ¿Han percibido un aumento de estas consultas como consecuencia del envejecimiento de la población?
Según el último informe publicado de la Base Estatal de Datos de Personas con Valoración del Grado de Discapacidad (2022) el 47,9% de las personas con discapacidad reconocida son mayores de 65 años. Este dato subraya cómo la prevalencia de la discapacidad está intrínsecamente ligada al envejecimiento de la población, con una distribución de sexo prácticamente idéntica (50,2% en hombres y 49,8% en mujeres), y una clara prevalencia de las discapacidades de tipo osteoarticular, discapacidad por trastornos y condiciones relacionadas con la salud mental y las derivadas de enfermedades crónicas.
También es clave reconocer los determinantes sociales del envejecimiento y la discapacidad (nivel educativo, capital social, pobreza energética o brecha digital, entre otros), que pueden condicionar tanto la prevención como la recuperación funcional.
Respecto a la segunda pregunta, sí, hemos observado un aumento significativo de este tipo de consulta debido a la necesidad de cuidados que ocasiona, a la mayor concienciación sobre el rol del geriatra en estos aspectos y también como consecuencia directa del proceso demográfico de envejecimiento social que estamos experimentando.
“Según el último informe publicado de la Base Estatal de Datos de Personas con Valoración del Grado de Discapacidad (2022) el 47,9% de las personas con discapacidad reconocida son mayores de 65 años”
¿Cuáles son los principales retos clínicos a los que se enfrenta un geriatra cuando atiende a una persona mayor con deterioro cognitivo y problemas de movilidad?
El geriatra, a través de la Valoración Geriátrica Integral (VGI), aborda de forma simultánea múltiples dimensiones entre las que se encuentran las mencionadas en el enunciado de la pregunta. Así, se realiza una valoración exhaustiva de los aspectos vinculados al problema cognitivo y funcional, examinando aspectos como las posibles alteraciones de la marcha y riesgos de caídas existentes, la posible presencia de polifarmacia y el exceso de carga anticolinérgica que frecuentemente asocia esta situación, el diagnóstico diferencial de las distintas etiologías que alteran el rendimiento cognitivo, el estado nutricional, la posible presencia de fragilidad, la función muscular y la calidad del sueño.
En muchas ocasiones son otros síndromes los que ocasionan este trastorno cognitivo, potencialmente reversible en algunos casos y estos problemas de movilidad. De ahí que esta valoración holística tenga la capacidad de reducir los retos y mejorar la precisión diagnóstica sin olvidar el proceso de acompañamiento de los procesos vitales. Por ello, el abordaje del deterioro cognitivo debe incluir la intervención sobre el malestar emocional de las personas cuidadoras, la educación para la autonomía y la promoción de entornos significativos y familiares.
“El geriatra, a través de la Valoración Geriátrica Integral (VGI), aborda de forma simultánea múltiples dimensiones”
¿Cómo se puede garantizar una atención centrada en la persona cuando el paciente tiene dificultades para comunicarse o comprender su situación médica?
Las dificultades de comunicación o comprensión pueden dificultar, pero no son obstáculos insalvables que impidan garantizar una atención centrada en la persona. El uso de un lenguaje claro y adaptado al paciente, el empleo de apoyos visuales, la participación de los cuidadores y cuidadoras principales, y la aplicación del plan de cuidados resultante de la VGI favorecen la atención centrada en la persona en estos pacientes.
Un clínico no debe de olvidar que la empatía, el respeto por la historia de vida del paciente y la toma de decisiones compartidas son pilares fundamentales de la atención al mayor, incluso cuando la capacidad de comunicación está limitada. En esta línea, garantizar una atención centrada en la persona implica integrar sus valores, preferencias y biografía en cada decisión clínica. En contextos de comunicación limitada, la historia de vida y los documentos de voluntades anticipadas son herramientas fundamentales.
¿Qué papel juega la atención integral e interdisciplinar en el abordaje de estos pacientes?
Es absolutamente clave. La atención geriátrica es interdisciplinar, involucrando, además del geriatra, a un equipo de expertos en diversos campos como enfermeros, fisioterapeutas, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y psicólogos. Esta colaboración permite abordar de forma holística las necesidades médicas, funcionales, cognitivas, emocionales y sociales del paciente.
En este aspecto, la integración sociosanitaria sigue siendo una deuda estructural del sistema. Los equipos domiciliarios inter y transdisciplinares —que incluyen profesionales sociales— resultan esenciales para prevenir institucionalizaciones no deseadas y sostener el bienestar emocional en el entorno habitual con los apoyos necesarios.
“La colaboración permite abordar de forma holística las necesidades médicas, funcionales, cognitivas, emocionales y sociales del paciente”
¿Qué barreras encuentra el sistema sanitario para ofrecer una atención geriátrica de calidad y continua?
Las principales barreras incluyen la desigual implantación de la atención geriátrica en los distintos territorios autonómicos. Es necesario un plan nacional que incluya los recursos suficientes para implementar estos eficientes equipos interdisciplinares y que evite la fragmentación y la falta de comunicación entre los distintos niveles asistenciales que atienden al mayor.
Asimismo, es necesario formar a más geriatras, porque el número de especialistas que completan anualmente su formación es insuficiente para tratar a la población mayor española, eso permitiría evitar asimetrías y elevadas listas de espera. También es necesario que el conocimiento geriátrico, a través de programas formativos de calidad, favorezca que otras especialidades apliquen cribados, herramientas e intervenciones que mejoren el estado de salud y la calidad de vida del mayor. Por eso es tan importante la implementación de una estrategia nacional específica que evite problemas de equidad en la accesibilidad a la atención geriátrica.
¿Cómo afecta el entorno físico (hospital, residencia, domicilio) a la calidad de vida y recuperación de estos pacientes?
El entorno influye profundamente. Los hospitales pueden ser hostiles al mayor, favoreciendo síndromes geriátricos como el delirium o la inmovilidad, los cuales redundan negativamente en la calidad de vida. Debemos adaptar los entornos domiciliarios y asistenciales al mayor, humanizándolos y favoreciendo la autonomía.
Tampoco debemos olvidar que los entornos también deben pensarse desde el ambiente; prestando especial atención a la suficiente luz natural, la orientación espacial, la señalización intuitiva, el mobiliario adaptado, la estimulación sensorial adecuada y la accesibilidad universal. Este tipo de espacios no solo evitan riesgos, sino que también promueven la autonomía y la conexión social.
“Debemos adaptar los entornos domiciliarios y asistenciales al mayor, humanizándolos y favoreciendo la autonomía”
¿Qué formación específica considera imprescindible para los profesionales que atienden a personas mayores con deterioro funcional o mental?
Es imprescindible formación en geriatría, gerontología, comunicación clínica, manejo de síndromes geriátricos, cuidados domiciliarios y paliativos, así como competencias y capacitaciones en trabajo interdisciplinar. Además, deben adquirir también conocimientos éticos, en toma de decisiones compartida y atención centrada en la persona.
La formación en geriatría y gerontología debe incorporar habilidades de gestión emocional, mediación, trabajo en red y liderazgo en innovación social. Formar en geriatría no es solo enseñar aspectos clínicos, también implica enseñar a cuidar con ética y humanidad.
¿Qué papel puede jugar la tecnología en la mejora de la atención a personas mayores con dependencia?
La tecnología puede facilitar la monitorización remota, la telemedicina, la gestión de procesos y medicamentos, la estimulación cognitiva digital y la comunicación con familiares y profesionales. Sin embargo, debe ser accesible, intuitiva y adaptada a las capacidades del paciente mayor.
¿Qué mensaje le daría a los responsables sanitarios para mejorar la atención a esta población creciente y vulnerable?
Les diría que el envejecimiento no es un problema, es un éxito colectivo histórico, con una realidad estructural que requiere planificación, inversión y visión a largo plazo. Es urgente implementar una estrategia nacional de atención geriátrica que garantice equidad, continuidad asistencial y dignidad para las personas mayores.








