¿Qué cambiarían los R1 si volvieran a presentarse este año al examen MIR?

Cinco médicos residentes de primer año han compartido su experiencia personal con el MIR y ofrecen recomendaciones realistas sobre estudio, salud mental y autocuidado

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Fátima del Reino Iniesta
La preparación del examen MIR es una de las etapas más exigentes de la carrera de un médico. Meses de estudio prolongado, presión por la nota, una rutina absorbente convierte este proceso en una experiencia que deja huella. Así lo cuentan a iSanidad cinco residentes de primer año, actualmente en distintas especialidades y hospitales. Todos ellos coinciden en una misma idea: el MIR es importante, pero no puede ocuparlo todo.

Dra. Rocío Ferrándiz, R1 de medicina nuclear en el Hospital Germans Trias i Pujol.

La Dra. Rocío Ferrándiz, R1 de medicina nuclear en el Hospital Germans Trias i Pujol, realizó el MIR en dos ocasiones. En la primera no tenía claro qué quería y decidió repetirlo mientras trabajaba como médico. A pesar de definirse como una persona tranquila, recuerda el examen como una experiencia muy intensa. «La ansiedad se notaba por toda el aula», afirma. Recuerda largas esperas, personas llorando durante el examen e incluso aspirantes que lo entregaron «únicamente con el nombre». Para ella, uno de los aspectos más difíciles fue el entorno. «Es difícil no prestar atención a lo que te rodea durante la experiencia», ha explicado.

Rocío Ferrándiz: «Sois mucho más que un número y un día concreto»

Una vivencia distinta, pero igualmente marcada, es la de el Dr. Ismael Oroz, R1 de neurología en el Hospital Universitario Gregorio Marañón. Para él, la preparación fue «especialmente dura, exigente y traumática». El impacto físico fue evidente. «Tantas horas sentado y de estudio continuo se cebaron un poco con mi salud». Aunque los problemas se resolvieron tras terminar el MIR, reconoce que fue una etapa límite.

La Dra. Lola Enríquez, R1 de cirugía general en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, recuerda el proceso como «una época muy intensa, de mucho trabajo y sobre todo de mucha incertidumbre». En su caso, la sensación predominante era la de no saber qué iba a pasar, a pesar del esfuerzo acumulado.

Lola Enríquez: «La actitud es lo más importante a la hora de enfrentarse al examen»

Dra.Siham Butaybi Mohamed, R1 de cirugía ortopédica y traumatología en el Hospital Comarcal de la Selva.

La Dra.Siham Butaybi Mohamed, R1 de cirugía ortopédica y traumatología en el Hospital Comarcal de la Selva, también se presentó dos veces al MIR. El primer intento fue especialmente negativo. «Me hablaba muy mal a mí misma, vivía con un miedo constante al fracaso y no respetaba los tiempos de descanso». El segundo año fue radicalmente distinto. Por su parte, la Dra. Carmen Villalba, R1 de medicina interna en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, recuerda con claridad el momento previo a entrar al aula y destaca la sensación «de que se te olvida todo lo que has estudiado».

Cuidar los días previos y aislarse del ruido

Durante los días de antes de presentarse al examen MIR, Rocío Ferrándiz recomienda organizar un plan tranquilo o realizar cualquier actividad que ayude a bajar la actividad. Además, insiste en que los opositores que se presenten este año «no estudien el día de antes» y que «relajen mucho el ritmo». Durante el examen, aconseja llevar dulces o chocolate, «no tanto por hambre, sino porque a veces ayuda a desconectar un segundo». También sugiere aislarse todo lo posible antes de entrar al examen.

Carmen Villalba coincide en la importancia del descanso: dormir bien, comer algo antes de entrar y no olvidar elementos básicos como el DNI o el reloj. En su caso, fue indispensable el uso de tapones, para evitar distracciones en una sala con cientos de aspirantes. También destaca la importancia de controlar bien el tiempo.

Carmen Villalba: «Controlar muy bien el tiempo fue clave en el examen»

Dra. Lola Enríquez, R1 de cirugía general en el Hospital Universitario Puerta de Hierro.

Desde otro punto de vista, Lola Enríquez recomienda relativizar los resultados previos al examen MIR. «Olvidaros de las notas que habéis sacado durante los simulacros. El día del MIR todo puede pasar. Lo importante es confiar en el trabajo realizado y en la intuición entrenada durante meses».

Estudiar mucho, pero no de forma exclusiva

Más allá del día del examen, los cinco residentes coinciden en que el gran error es convertir el MIR en lo único. Ismael Oroz es tajante en que «no todo tiene que ser el MIR» y reconoce que dejó de lado el deporte y otras actividades importantes durante su preparación al examen. «Ojalá hubiera tenido una rutina más fija desde el principio», admite.

Sin embargo, matiza que no se trata de estudiar menos sin más, si no de estudiar con profundidad. «No vas a tener posiblemente nunca otro momento así para estudiar con esa calma», explica. Frente a la idea de que todo se olvida tras el MIR, insiste en que esto «no es verdad» y en que luego uno sabe más de lo que piensa y que el conocimiento adquirido durante la preparación del MIR está ahí también durante la residencia.

Siham Butaybi Mohamed: «Hablarme mejor a mí misma lo cambió todo»

Dra. Carmen Villalba, R1 de medicina interna en el Hospital Universitario Puerta de Hierro.

Además, el Dr. Oroz lanza un mensaje muy claro sobre la obsesión por la nota adquirida una vez haya sido realizado el examen MIR. «No pasa nada por no llegar a la nota», afirma, especialmente cuando esa exigencia se traduce en una preparación extrema. En su experiencia, cuanto más alta es la nota que se persigue, «más importante es que no solamente te dediques a estudiar», porque hacerlo de forma exclusiva tiene un coste claro. «Es destructivo, lo digo por experiencia», subraya. Estudiar sin descanso, «te destruye y te desmoraliza», explica.

Por eso, define una preparación exigente pero sostenible. «Es mejor estudiar 10 horas al día que 13, siempre que las tres de diferencia las dediques a cuidarte». Según explica, ese equilibrio no solo protege la salud, sino que mejora el rendimiento real durante el estudio.

La Dra. Rocío Ferrándiz coincide en la necesidad de adaptar el estudio a cada persona. «Las academias muchas veces no se adaptaban a mí», explica. Ella no necesitaba muchas vueltas rápidas, sino menos repasos y más lentos. También tuvo dificultades con las clases: «Eran demasiadas horas y era incapaz de mantener la atención constante».

Siham Butaybi destaca el cambio que supuso tratarse mejor a sí misma. «Empecé a hablarme mejor, a consentirme y a descansar», relata. Entender que nadie esperaba nada de ella fue clave para afrontar el proceso con menos presión.

Cuando el MIR no es el final

Rocío Ferrándiz lo resume con claridad y sirve de punto de partida para un mensaje compartido por todos los residentes: «El MIR no deja de ser un examen. Es importante, sí, pero no puede definir vuestro valor como médicos». Para ella, es fundamental no perder de vista la perspectiva y recordar que «sois mucho más que un número y un día concreto».

Ismael Oroz: «No todo tiene que ser el MIR y estudiar exclusivamente es destructivo»

Dr. Ismael Oroz, R1 de neurología en el Hospital Universitario Gregorio Marañón.

Ese mismo mensaje es el que refuerza Siham Butaybi Mohamed cuando insiste en que, pase lo que pase el día del examen, «la vida sigue después del examen y os esperan cosas maravillosas».

En la misma línea, Lola Enríquez transmite tranquilidad a quienes están a punto de enfrentarse al MIR y relativiza la presión del momento. «La plaza que os va a hacer felices está mucho más cerca de lo que pensáis», subraya.

Ismael Oroz cierra este enfoque común entre todos ellos con una frase nacida de la experiencia personal y compartida por muchos residentes: «De la medicina se sale y del MIR también».

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