Gema Maldonado Cantero
Que las mamografías no reducen el riesgo de morir por cáncer de mama, y que hay estudios que lo demuestran, o que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) ha reconocido que nunca autorizó las vacunas del coronavirus son solo un par de ejemplos de los múltiples bulos sobre ciencia y sanidad que recorren las redes sociales y los grupos de aplicaciones de mensajería. Pero la desinformación en salud va más allá de estas noticias falsas.
«No nos enfrentamos solo a mentiras y bulos, sino a metanarrativas conspiranoicas muy complejas y extendidas en la sociedad«, advierte Daniel Catalán, catedrático de Periodismo e investigador del Media Lab de la Universidad Carlos III de Madrid. El experto es uno de los participantes en la jornada internacional sobre desinformación en salud organizada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) este viernes en el Ministerio de Sanidad, cuyas conclusiones servirán como un primer paso para impulsar una Estrategia Nacional de Lucha contra la Desinformación en Salud Única (OneHealth).
Daniel Catalán: «No nos enfrentamos solo a mentiras y bulos, sino a metanarrativas conspiranoicas muy complejas y extendidas en la sociedad»
Estas metanarrativas están haciendo su trabajo sobre la población española; el 20% cree que la pandemia fue creada por una élite y que el virus se desarrolló específicamente para esto y el 12% piensa que la industria farmacéutica oculta a la sociedad los efectos adversos de los medicamentos. Son algunos de los datos que ha compartido el catedrático y que extrae de una encuesta que acaba de realizar la UC3M. Además, la población cree que está a salvo de los bulos: «el 72% piensa que tiene habilidades altas o muy altas para detectar desinformación en salud«, cuenta Catalán, pero solo 12 de cada 100 utiliza herramientas para detectarla y desmontar esas falsas informaciones, el resto «se basa en su mera intuición».
El investigador describe grandes narrativas que marcan la desinformación. Una de ella se basa en la desconfianza institucional utilizando cualquier «error de comunicación o cambio de criterio» por parte de una autoridad sanitaria para demostrar que nos mienten o nos engañan. «Sabemos que la ciencia tiene errores y que corrigiéndolos es como avanzamos», apunta. La narrativa naturalista desdeña la medicina occidental tildándola de «tóxica» en favor de remedios alternativos sin evidencia científica y una tercera narrativa, «de las más dañinas», apunta Catalán, que estigmatiza con discursos de odio a colectivos vulnerables.
El 20% de la población española cree que la pandemia fue creada por una élite y el 12% piensa que la industria farmacéutica oculta los efectos adversos de los medicamentos
Estas narrativas y sus correspondientes bulos generan un clima de desconfianza en la ciencia y en los profesionales sanitarios y tiene repercusión directa en la salud de las personas. La tecnología y los algoritmos se han encargado de expandir todo tipo de teorías sin evidencia y llegada de la inteligencia artificial complica la situación. Para la Organización Mundial de la Salud, la desinformación «es un riesgo de salud pública», tal y como pone sobre la mesa Vismita Gupta-Smith, responsable de la Alianza por la Integridad en la Información en Salud de la OMS, que desmonta el mecanismo de la desinformación: apelar a las emociones y simplificar el contexto para alterar las decisiones sobre salud de las personas con narrativas que impactan especialmente en vacunas, tabaco, covid-19 o la salud de las mujeres.
Sus efectos se extienden a crisis sanitarias, como la pandemia, o a catástrofes naturales y tragedias, «momentos caóticos en los que la desinformación crea más confusión, puede alterar la respuesta que da la ciudadanía», advierte la periodista de RTVE Rocío Merchán. Estos bulos, que apuntan directamente a la emoción, «utilizan tecnicismos que no tienen que ver con el contexto y procesos complejos sin evidencia científica que se aprovechan de la falta de conocimiento científico en general«, explica Laura García Merino, coordinadora de Maldita Ciencia.
Para la Organización Mundial de la Salud, la desinformación «es un riesgo de salud pública»
¿Qué hay detrás de la desinformación en salud?
Detrás de la difusión de bulos no impera solamente la ignorancia o las ganas de obtener atención, también hay intereses económicos e ideológicos, según ponen de manifiesto distintos expertos. «La desinforma ha ido evolucionando y ahora se ha profesionalizado», apunta Guillermo Martín, farmacéutico que trata de desmontar bulos a través de su perfil en redes sociales conocido como Farmaciaenfurecida, de forma que «muchos de los que sueltan estos bulos tienen un negocio detrás e intentan vender algo».
Pero la intencionalidad trasciende el interés económico y va al ideológico. «Quienes está fomentando más los bulos y la desinformación son grupos que quieren sembrar el caos y socavar las democracias«, afirma Carlos Mateos, coordinador de la iniciativa Salud Sin Bulos. En esta línea, la ministra de Sanidad, que ha inaugurado la jornada, insta a combatir «desinformación de los tecnoligarcas y de los algoritmos sin control», no solo por «necesidad democrática», sino también como «política de salud pública».
Carlos Mateos: «Quienes está fomentando más los bulos y la desinformación son grupos que quieren sembrar el caos y socavar las democracias»
Mónica García ha insistido que no se puede aceptar que «intereses privados opacos y no sometidos al control democrático» interfieran en debates que afectan a la vida de la población, a la salud pública y a los derechos de los ciudadanos. La puesta en marcha de la Agencia Estatal de Salud Pública como «referente sólido, que tenga autonomía, que tenga credibilidad», es una de las iniciativas que ha puesto en valor para enfrentar la desinformación, unido a la colaboración entre las instituciones, los profesionales y la comunicación, las sociedades científicas y las organizaciones sociales para avanzar hacia un ecosistema informativo que sea más robusto.
Una de las respuestas a la desinformación esta en la labor de los periodistas. «El buen periodismo nos salvaguarda de los bulos», defiende el periodista de El País, Pablo Linde. La figura del periodista especializado en salud es «clave» para luchar contra los bulos, según concluye el informe que ha elaborado ANIS sobre la desinformación en España, que insiste en la necesidad de contar con una estrategia contra la desinformación en salud que apoye la alfabetización mediática en todos los ámbitos.









