La innovación biomédica como «derecho humano», la propuesta de un grupo de académicos que lleva las nuevas terapias más allá del ámbito clínico

Un informe presentado este martes en el Senado propone este concepto para medir el valor de la innovación biomédica como "legado para la humanidad", lo que implica contabilizar su impacto e el progreso humano desde la perspectiva científica, social, sanitaria, jurídica y económica

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Gema Maldonado Cantero
Innovación biomédica y su acceso como bien común de la humanidad, incluso, como derecho humano. Este es el planteamiento que un grupo de expertos en economía de la salud, gestión sanitaria, humanización e innovación, entre otras disciplinas, ponen sobre la mesa en forma de documento que destaca la trascendencia de la innovación biomédica más allá del ámbito clínico y como «legado para la humanidad».

Este martes se ha dado a conocer en el Senado el contenido de este documento de consenso impulsado por el think tank ConCiencia, que promueve la farmacéutica Johnson & Johnson. El análisis y el paso a la acción que propone parte de que «la innovación biomédica no es solo una herramienta técnica de la biomedicina, sino un derecho humano y un legado que dejar como bien común de la humanidad», ha defendido Miguel Ángel Boldova, catedrático de Derecho y Salud de la Universidad de Zaragoza y uno de los autores del documento.

Miguel Ángel Boldova: «La innovación biomédica no es solo una herramienta técnica de la biomedicina, sino de un derecho humano y un legado que dejar como bien común de la humanidad»

Sus autores plantean este tipo de innovación como «un pilar del progreso humano» y como tal, defienden la existencia de principios éticos y marcos regulatorios que respondan a ese concepto de legado y progreso humano. «El impacto de la innovación es del tal calibre que son necesarios principios éticos que tengan como base la dignidad de las personas y un fuerte humanismo en todas sus actuaciones», ha explicado Javier Meana, responsable del Aula de Farmacología en la Universidad del País Vasco.

El trabajo defiende que el impacto de la innovación biomédica, más allá de la parte puramente sanitaria, promueve el desarrollo económico, la justicia social y la cohesión. Con estos mimbres, Meana ha defendido que esta innovación deba garantizarse como parte del derecho a la salud y la equidad. El documento propone avanzar hacia una agenda de medidas políticas que garantice que los avances llegue de forma equitativa a toda la población y contribuya al bienestar del conjunto del planeta.

«¿Para qué sirve una innovación maravillosa si no llega? A mí no me vale si no me llega», reflexionaba Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac) a cuenta del acceso a nuevos fármacos, tecnologías sanitarias e innovaciones en diagnóstico. Y en este punto, la financiación ha tomado el protagonismo. «Cada euro invertido en investigación sanitaria genera 1,6 euros de valor añadido, directo, indirecto e inducido», ha apuntado David Beas, director de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de Johnson & Johnson Innovative Medicine, para recordar que la incorporación de innovaciones terapéuticas «explica en torno al 73% de incremento de la esperanza de vida de la población».

Marina Díaz Marsá: «Hay que facilitar la incorporación de fármacos que, a veces, nos limitan el acceso por cosas tan nimias como no tener sillones para administrarlos»

En este sentido ha sido tajante la Dra. Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental. «Hay que facilitar la incorporación de fármacos que, a veces, nos limitan el acceso por cosas tan nimias como no tener sillones para administrarlos», ha lamentado. Los datos en inversión en salud mental «es claramente insuficiente» para la investigadora; solo el 1,2% del gasto farmacéutico en España se dedica a trastornos de salud mental, ha dicho, mientras que hasta un 60% va a antineoplásicos, inmunosupresores y antivirales. En cambio, ha destacado que el retorno por cada euro destinado a salud mental se multiplica por 4,5. Para su disciplina, una innovación «verdaderamente transformadora» tiene que «centrarse en la persona, contar con recursos y con integración sociolaboral», ha reflexionado.

Los pacientes han destacado el valor social de la innovación biomédica y su «traslado en métricas», ha señalado Pedro Carrrascal, director general de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). Y para poder medirlo, Carrascal ha defendido la participación de los pacientes, que ha de estar «estructurada» y debe materializarse en «métricas sobre su calidad de vida».

Dra. Tortajada: «La innovación biomédica solo puede ser transformadora cuando se construye con las personas a las que va dirigida»

Desde la farmacia hospitalaria ha habido una evolución marcada por la innovación, según ha explicado Begoña Tortajada, delegada autonómica de Andalucía en la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria. «Hemos pasado de estar centrados en la adquisición y gestión del medicamento a convertirnos en puente entre la innovación biomédica y la experiencia de nuestros pacientes«.

Este cambio de rol implica, por una parte «acompañar» al paciente en tratamientos «muy complejos» y «garantizar la adherencia y que los resultados de los ensayos se traduzcan en la práctica en vida real». La Dra. Tortajada entiende que la innovación biomédica «solo puede ser transformadora cuando se construye con las personas a las que va dirigida». Sobre esta reflexión, el documento del think tank ConCiencia presenta la innovación biomédica como «patrimonio colectivo y motor de progreso humano».

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