Redacción
Los trastornos digestivos funcionales continúan siendo uno de los grandes retos clínicos, especialmente en edad pediátrica, tanto por su elevada prevalencia como por su impacto en la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
A esta complejidad se suma la influencia del estrés continuado sobre la salud digestiva y emocional, un ámbito en el que los psicobióticos se perfilan como una herramienta cada vez más necesaria, no solo como tratamiento, sino también como elemento de prevención precoz.
Estas cuestiones centraron el debate del XVII Congreso de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (Semipyp), celebrado recientemente en Málaga, donde expertos analizaron el papel de la microbiota intestinal en los trastornos digestivos funcionales y su relación con el eje intestino-cerebro.
En el marco del encuentro,el Grupo Farmasierra organizó el simposio El eje microbiota-intestino-cerebro y su aplicación en la clínica, en el que se abordó la traslación de la evidencia científica a la práctica asistencial diaria.
El acto contó con la participación del Dr. Guillermo Álvarez Calatayud, pediatra especialista en gastroenterología y nutrición infantil, y del Dr. Tomás Olleros, presidente de Grupo Farmasierra, que abordaron el papel de los probióticos y psicobióticos en el manejo de los trastornos digestivos y del estrés desde una perspectiva basada en la evidencia científica.
Durante su intervención, el Dr. Álvarez destacó la dimensión del problema en la infancia. «El dolor abdominal funcional tiene una prevalencia muy elevada: casi uno de cada cinco niños y adolescentes lo padecen, con una repercusión muy importante en su calidad de vida y en la de sus familias», explicó.
«El dolor abdominal funcional tiene una prevalencia muy elevada: casi uno de cada cinco niños y adolescentes lo padecen», explicó el Dr. Álvarez
En este contexto, señaló que el abordaje de estos trastornos requiere una visión integral, en la que la modulación de la microbiota puede desempeñar un papel relevante. «Aunque muchos de los estudios más concluyentes se han realizado en población adulta, desde hace unos años los pediatras vamos incorporando cepas con evidencia científica en el abordaje de estos trastornos durante la infancia», añadió.
En este sentido, subrayó también la importancia del rigor científico en la selección de probióticos: «No todos los probióticos son iguales. Es imprescindible disponer de ensayos clínicos en humanos frente a placebo que demuestren que una cepa es segura y beneficiosa para una determinada situación clínica».
Por su parte, el Dr. Olleros, abordó el impacto del estrés sobre la microbiota intestinal y su repercusión en la salud global. “Se ha demostrado científicamente que el estrés altera la microbiota intestinal, que ejerce una función fundamental en nuestra salud a través de su acción sobre el eje intestino-cerebro», señaló.
«El estrés altera la microbiota intestinal, que ejerce una función fundamental en nuestra salud a través de su acción sobre el eje intestino-cerebro», señaló el Dr. Olleros
En este escenario, el presidente de Grupo Farmasierra subrayó el papel emergente de los psicobióticos: «Los psicobióticos serán cada vez más necesarios, no solo como tratamiento, sino también como elemento de prevención cuando aparecen las primeras señales de estrés continuado».
Según los expertos, este enfoque preventivo cobra especial relevancia en un contexto de aumento del estrés sostenido en la población, y abre nuevas posibilidades para reducir el uso de determinados fármacos. «Los psicobióticos representan una gran oportunidad como alternativa al sobreuso de ansiolíticos, algo sobre lo que los médicos de atención primaria vienen alertando desde hace tiempo», apuntó Olleros.
Los ponentes coincidieron en que avanzar hacia un abordaje más personalizado, basado en cepas concretas con evidencia científica, permitirá mejorar el manejo de los trastornos digestivos funcionales y del estrés, especialmente en población pediátrica, donde la intervención precoz resulta clave.








