Anuario iSanidadental 2025
Dr. José Aranguren, presidente de la Asociación Española de Endodoncia (AEDE)
La endodoncia es una de las disciplinas más determinantes para la salud oral contemporánea. Su finalidad combina dos elementos esenciales: eliminar el dolor y preservar los dientes naturales, evitando extracciones que comprometen función, estética y calidad de vida. Además, cuando un proceso infeccioso ha destruido hueso periapical, un tratamiento endodóntico correctamente realizado permite la regeneración ósea sin necesidad de recurrir a cirugías o injertos que resultan invasivos para el paciente.
Pese a esta importancia, la endodoncia sigue siendo una disciplina poco comprendida por las administraciones sanitarias y, con frecuencia, infravalorada en la práctica asistencial. Su ejecución exige un alto nivel de precisión: los conductos radiculares presentan una variabilidad anatómica enorme, con curvaturas pronunciadas, conductos accesorios, calcificaciones y trayectorias impredecibles. Esto obliga al profesional a disponer de formación específica, magnificación, tecnología adecuada e instrumental altamente especializado, muy distinto del utilizado en otras áreas de la odontología.
A pesar de ello, como ocurre en la mayoría de los países, la mayor parte de los tratamientos de endodoncia en España los realizan dentistas generales. El problema no es quién los lleva a cabo, sino con qué nivel de formación y con qué medios, especialmente en los casos complejos. La anatomía no entiende de limitaciones docentes: presenta retos objetivos que requieren competencias avanzadas.
La evidencia científica es clara. Numerosos estudios epidemiológicos señalan que entre el 60% y el 70% de las endodoncias realizadas en España no cumplen los estándares deseables de calidad. Esto no implica mala praxis, sino una insuficiencia estructural derivada de una formación de pregrado que no capacita de manera homogénea para abordar la complejidad real de los conductos radiculares. Esta realidad tiene consecuencias clínicas importantes: alrededor del 40% de los dientes ya endodonciados presentan patología periapical persistente, lo que indica infección crónica no resuelta.
Numerosos estudios epidemiológicos señalan que entre el 60% y el 70% de las endodoncias realizadas en España no cumplen los estándares deseables de calidad
Estos dientes requieren reendodoncias complejas, tratamientos que solo son predecibles cuando se ejecutan con ampliación óptica, tecnología específica y conocimientos avanzados de anatomía, materiales y biomecánica. En otras palabras, cuando los realiza un profesional con formación especializada.
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿Puede el sistema garantizar calidad y seguridad sin una especialidad reconocida ni una formación reglada avanzada en endodoncia? Los datos indican que no. La especialización no responde a un interés corporativo; responde a una necesidad clínica.
Alrededor del 40% de los dientes ya endodonciados presentan patología periapical persistente, lo que indica infección crónica no resuelta
La literatura internacional demuestra que los especialistas obtienen mejores resultados en los casos complejos, disminuyen la tasa de complicaciones, reducen las extracciones evitables y actúan como referencia para los dentistas generales a la hora de derivar pacientes.
Por ello, la creación del odontólogo especialista en endodoncia en España no solo es pertinente, sino urgente. Permitirá identificar de manera clara a los profesionales con formación avanzada, aportará transparencia al paciente y ofrecerá a los dentistas generales un canal seguro de derivación en los casos que superan la práctica rutinaria.
El argumento a favor de la especialidad no termina en la práctica privada. Tiene un impacto directo en la sanidad pública. La inmensa mayoría de las urgencias bucodentales se resuelven con un tratamiento de endodoncia: pulpitis agudas, abscesos, traumatismos, necrosis sintomáticas…
Contar con especialistas en centros públicos permitiría resolver el dolor de manera conservadora y predecible, evitando extracciones que comprometen el futuro rehabilitador del paciente y que, a largo plazo, resultan más costosas para el sistema.
La endodoncia es, en esencia, medicina del dolor y de la conservación del órgano dentario. Requiere criterio, entrenamiento y sensibilidad técnica. No es razonable que una disciplina tan crucial para la salud pública continúe sin reconocimiento oficial en un país con tradición científica, talento profesional y una comunidad académica sólida.
En definitiva, reconocer la especialidad en endodoncia en España no es un privilegio profesional. Es una obligación sanitaria, una garantía de calidad asistencial y un compromiso real con la conservación dental. Postergar esta decisión es situar al paciente en una posición de mayor vulnerabilidad ante tratamientos complejos cuya predictibilidad depende, precisamente, de la formación especializada.










