Redacción
El 98% de las personas utilizan las nuevas tecnologías mientras comen, lo que aplana las emociones positivas y «reduce la alegría en un 32%», según señala la psicóloga Susana Jiménez Murcia. Esta es una de las conclusiones del estudio La ciencia de lo que se cuece en la cocina.
Este estudio ha sido presentado por la Sociedad Española de Neurología (SEN), IKEA, la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn) del Instituto de Salud Carlos III este martes en Madrid.
Este estudio, fruto de dos investigaciones complementarias realizadas en 2025, tiene el objetivo de visibilizar la importancia de dejar de lado los dispositivos electrónicos y estar acompañado a la hora de comer y cocinar, ya que la compañía humana es «el principal impulsor de bienestar» durante la preparación y el consumo de alimentos.
Además, el trabajo señala que cocinar y comer acompañado triplica la emoción de alegría en el cerebro, aumentándola en un 232% respecto a hacerlo solo. La «presencia de otras personas» transforma esta actividad rutinaria en una «experiencia emocionalmente positiva».
Cocinar y comer acompañado triplica la emoción de alegría en el cerebro, aumentándola en un 232% respecto a hacerlo solo
«Comer en compañía tiene un efecto protector en el bienestar emocional», ha explicado la psicóloga Susana Jiménez Murcia. Además, comer con otras personas reduce el sentimiento de rechazo en un 23,5%, ya que el hecho de alimentarse pasa de ser un «trámite» a una «experiencia positiva». La psicóloga, ha señalado también que las personas con desórdenes alimentarios son las que «usan más esas tecnologías». Por ello, ha recomendado mantener los dispositivos electrónicos «fuera de las cocinas y comedores».
La investigación ha demostrado que la calidad emocional de la alimentación «depende menos de los alimentos» y más de «con quién compartimos la comida». De hecho, comer con otras personas «mejora la absorción de nutrientes» y «reduce el riesgo de obesidad» al facilitar la saciedad consciente.
Comer con otras personas reduce el sentimiento de rechazo en un 23,5%, ya que el hecho de alimentarse pasa de ser un «trámite» a una «experiencia positiva»
El presidente de la Sociedad Española de Neurología, Jesús Porta-Etessam, ha recalcado que «si miras a la persona que tienes delante, las emociones que tienes son totalmente distintas» y ha reivindicado «la gran ventaja que tenemos en el sur de Europa es el evento social en torno a la comida y tenemos que luchar por mantenerla».
La comunicación humana como factor protector de la salud alimentaria
El estudio Impacto de la Digitalización en los Hábitos Alimentarios, elaborado por el Ciberobn, ha demostrado que «la comunicación humana es un factor protector de la salud alimentaria». Así, charlar en la mesa fomenta una relación más consciente y menos impulsiva con los alimentos. Al contrario de lo que ocurre con el uso de las pantallas, «la interacción social ayuda a mantener la atención en un contexto social saludable».
Según el trabajo, la digitalización no funciona como un espacio de conexión, sino que promueve situaciones de aislamiento que tienen «consecuencias directas en la salud mental y en los hábitos alimentarios».
Este impacto resulta más notable en la población joven, el grupo más vulnerable. Los adolescentes utilizan las pantallas el «doble de horas que la población general» y tienden a comer solos con mayor frecuencia. De acuerdo con los resultados del estudio, la tecnología ha ocupado un espacio «antes reservado a la convivencia y el diálogo» y, como consecuencia, «ha debilitado el carácter social de las comidas».
Este impacto resulta más notable en la población joven, el grupo más vulnerable, quienes utilizan las pantallas el «doble de horas que la población general»
En este sentido, Porta-Etessam ha señalado que «como los jóvenes han cogido estas tecnologías desde pequeños, luego les da mucha más ansiedad dejarlas», lo que dificulta reducir su uso en momentos clave como las comidas.
El informe también destaca que el teléfono móvil suele ser el dispositivo predominante en la mesa y que su presencia se asocia a estilos de ingesta menos conscientes, «guiados por estímulos externos y no por señales internas de hambre o saciedad».
Fernando Fernández-Aranda, subdirector de Ciberobn y coordinador del estudio, ha sostenido que el acto de comer «representa un entorno para la promoción del bienestar psicológico». Sin embargo, sostiene que «la presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social, reduciendo la calidad de las relaciones interpersonales y debilitando un factor protector asociado a la cohesión social, la regulación emocional y los hábitos alimentarios saludables».
«La presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social», ha destacado Fernández-Aranda
Fernández-Aranda ha precisado que durante la pandemia de covid-19, «se triplicaron los casos de trastornos alimentarios en España y el mundo entero», precisamente cuando se incrementó el tiempo de uso frente a las pantallas.
Por su parte, Manuel Delgado, director de Diseño, Retail e Interiorismo de IKEA en España, ha apuntado que «el interiorismo puede jugar un papel clave en mejorar la experiencia de comer en casa». De esta forma, aspectos como la ergonomía del mobiliario, el confort del espacio, la elección cromática o el sonido ambiental contribuyen a crear un entorno que «estimula los sentidos y promueve la atención consciente».
«Podemos incidir en crear los espacios de nuestro hogar pensando en que la familia y los amigos puedan reunirse, conversar y disfrutar juntos de la comida. Desde el interiorismo podemos transformar la rutina diaria de comer y cocinar en momentos de conexión y socialización», ha afirmado. En general, el diseño de las cocinas y los comedores impacta en las personas y en «cómo interactuamos en la mesa», así como en el «bienestar físico y emocional», ha concluido.









