Del estigma al acceso tecnológico: retos para mejorar el abordaje integral de la diabetes en España

Dr. José Luis Portero, director médico de Abbott

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Anuario iSanidad 2025
Dr. José Luis Portero, director médico de Abbott
La gestión de la diabetes va mucho más allá de la adherencia terapéutica en sentido estricto. Quienes viven con esa condición se enfrentan a barreras tanto en el ámbito sanitario como en su entorno sociocultural.

Estos obstáculos, que se revelan en forma de comentarios estigmatizantes o de estereotipos ya asentados en el imaginario colectivo, suponen un hándicap añadido que condiciona a las más de cinco millones de personas que conviven con la diabetes en España.

El lenguaje importa y deja huella; lo refleja la encuesta internacional que supuso el origen de nuestra campaña #DIABETESTIGMA, una iniciativa para sensibilizar a toda la población y promover una comunicación más empática e informada sobre esta condición.

La gestión de la diabetes va mucho más allá de la adherencia terapéutica en sentido estricto

Y es que el 40% de las personas con diabetes han cancelado una cita médica por sentirse juzgados en su entorno y casi 3 de cada 4 desean que se comprenda mejor el impacto negativo que las palabras pueden tener en su salud mental. En esta realidad hemos puesto el foco a lo largo de 2025 para, desde una perspectiva innovadora, continuar mejorando la calidad de vida de las personas con diabetes.

Sabemos que el estigma se traduce en el abandono de tratamientos y en el desarrollo de complicaciones asociadas a la condición. A ello se suma que los prejuicios no afectan por igual a todas las personas que conviven con la diabetes.

Quienes viven con diabetes tipo 1 continúan cargando con mitos desde su infancia, pero hoy en día gozan de una mayor visibilidad que facilita el reconocimiento clínico y la financiación de herramientas tecnológicas avanzadas para el control de la condición.

El estigma se traduce en el abandono de tratamientos y en el desarrollo de complicaciones asociadas a la condición

Por el contrario, quienes viven con diabetes tipo 2 se enfrentan a conversaciones aleccionadoras sobre su falta de voluntad e incapacidad para adoptar hábitos de vida saludables, una narrativa culpabilizadora que todavía hace más mella cuando se convierte en una constante.

Lo corrobora la escucha social que hemos llevado a cabo desde Abbott en redes sociales y medios digitales. Y es que dos tercios de las equivocaciones se cometen en torno a la diabetes tipo 2, pese a representar aproximadamente el 90% de los casos, de modo que las desigualdades más profundas recaen en este grupo.

La fotografía actual del Sistema Nacional de Salud (SNS) es ilustrativa. Desde 2022, su cartera de servicios comunes incorporó los sistemas de monitorización de glucosa para todas las personas con diabetes tipo 1 o tipo 2, siempre que utilicen múltiples dosis de insulina (MDI) a diario.

En contraste, quienes están en tratamiento con insulina basal dependen de los análisis de glucemias capilares. Esto no solo influye en la calidad de vida y la información que tiene cada persona sobre su diabetes, sino que dificulta la incorporación progresiva de otras tecnologías que también favorecen su empoderamiento y facilitan la toma de decisiones terapéuticas

Sin embargo, la literatura científica respalda los beneficios de estos dispositivos para el colectivo de personas con diabetes tipo 2 en tratamiento con insulina basal: estudios de coste-utilidad estiman que reducen los episodios hipoglucémicos en un 58 %, el 68 % de los episodios de cetoacidosis diabética y la hemoglobina glicosilada (HbA1c) en 1,1 puntos porcentuales, generando ahorros superiores a 15.000 € por persona a lo largo de sus vidas. Unos datos que justifican ampliar su acceso a tecnologías que han demostrado ser coste-efectivas.

Reducir la brecha entre la evidencia científica y la práctica clínica requiere un compromiso coral entre profesionales, administración, industria y asociaciones

Y es que reducir la brecha entre la evidencia científica y la práctica clínica requiere un compromiso coral entre profesionales, administración, industria y asociaciones. Desde la industria debemos generar datos robustos que sustenten el beneficio clínico. Asimismo, el ecosistema sanitario en su conjunto debe abordar la diabetes partiendo de un enfoque empático que se aleje de inercias culpabilizadoras.

Mientras permitamos que la tecnología avance a diferentes velocidades, contribuiremos a perpetuar una forma silenciosa de estigma terapéutico. #DIABETESTIGMA nos recuerda que la lucha contra los pre

Hoy en día, se puede considerar que los sistemas de monitorización de glucosa son ya parte del estándar asistencial. Ampliar su acceso a nuevos grupos de población es coherente con los principios que inspiran nuestro sistema sanitario.

Porque el tiempo es el valor más preciado que tienen las personas y garantizar que, en términos de salud, puedan disfrutarlo con la mejor calidad de vida posible es la máxima con la que nos comprometemos desde Abbott en cada acción.

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