Anuario iSanidad 2025
Dra. Lucrecia Ruiz Echeverría, oncóloga médica responsable de la Unidad de Cáncer de Cabeza y Cuello
El cáncer de cabeza y cuello es una patología compleja que puede llegar a afectar a diferentes funciones vitales, por lo que debe valorarse el alcance de la enfermedad en cada caso, seleccionando un manejo orientado a que el paciente tenga la menor repercusión posible.
Para lograrlo, es fundamental llevar a cabo un diagnóstico lo más preciso posible, de tal manera que se pueda seleccionar un proceso terapéutico que preserve lo máximo posible la calidad de vida, para lo cual el manejo multidisciplinar es imprescindible, como explica la Dra. Lucrecia Ruiz Echeverría, oncóloga médica responsable de la Unidad de Cáncer de Cabeza y Cuello en MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten en esta entrevista realizada con el apoyo de MD Anderson.
¿Cómo diría que ha evolucionado el abordaje del cáncer de cabeza y cuello?
Mientras que antes un tratamiento local tenía la cirugía y radioterapia como ejes casi exclusivos, se ha evolucionado hacia un modelo más integrado y funcional. Hoy, el objetivo no es solo curar o cronificar, sino curar preservando funciones como la deglución, voz o respiración, minimizando secuelas y manteniendo calidad de vida.
La incursión del trabajo multidisciplinar con diferentes médicos especialistas como cirujanos de cabeza y cuello, oncólogos clínicos, radiólogos especialistas, medicina nuclear, patólogos, nutrición y rehabilitación nos ha permitido optimizar el manejo diagnóstico y terapéutico del paciente.
La incursión del trabajo multidisciplinar nos ha permitido optimizar el manejo diagnóstico y terapéutico del paciente
En enfermedad localizada, hemos refinado la selección de intensidades terapéuticas, la estratificación por estadio, localización, estado funcional, comorbilidades y factores biológicos (como el estatus del virus del papiloma humano). Esto nos permite plantear estrategias de desescalada en perfiles favorables y, al mismo tiempo, intensificación o combinaciones más potentes en alto riesgo.
En enfermedad recurrente o metastásica, el cambio conceptual ha sido mayor: pasamos de quimioterapia como única herramienta sistémica a la incorporación estable de inmunoterapia (sola o en combinación) y a una visión más longitudinal, donde la secuencia de líneas, el control sintomático precoz, el soporte nutricional y la rehabilitación son parte del plan desde el inicio.
En la actualidad, ¿qué importancia se da en centros como en el que usted trabaja al trabajo multidisciplinar?
Es nuestro eje central y no negociable. El cáncer de cabeza y cuello es probablemente uno de los tumores donde el abordaje multidisciplinar más impacta en resultados como el control locorregional, las complicaciones o los reingresos. También en la mejoría evolutiva para el paciente en términos de función, autonomía y reinserción social.
Además, este es el lugar donde se decide el objetivo terapéutico, la modalidad óptima (cirugía, radio/quimiorradioterapia o secuencias), el plan de soporte y la hoja de ruta de seguimiento. Y, especialmente, donde se anticipan problemas como los relacionados con vía aérea, necesidad de gastrostomía, odontología preventiva, riesgo de aspiración, dolor, salud mental y logística social.
«El cáncer de cabeza y cuello es probablemente uno de los tumores donde el abordaje multidisciplinar más impacta en resultados como el control locorregional, las complicaciones o los reingresos»
Nuestra multidisciplinariedad incluye la otorrinolaringología, cirugía maxilofacial, oncología médica y oncología radioterápica, anatomía patológica de referencia, radiología especializada y medicina nuclear. Asimismo, contamos con otros colaboradores como lo son neurocirugía, endocrinología, odontología, nutrición, logopedia, rehabilitación, psicooncología y cuidados paliativos integrados de forma temprana.
¿Qué impacto han tenido los avances tecnológicos, en concreto los de última generación, en el manejo de este tipo de neoplasias?
Los avances tecnológicos han tenido un impacto claramente transformador en el manejo del cáncer de cabeza y cuello, con beneficios directos tanto en los resultados oncológicos como en la calidad de vida de los pacientes. Este impacto puede analizarse en varias dimensiones complementarias.
En primer lugar, han permitido un diagnóstico y una estadificación mucho más precisos. La incorporación de técnicas de imagen de alta resolución, como la resonancia magnética avanzada y el PET/TC, junto con sistemas de planificación cada vez más sofisticados, facilita una delimitación más exacta de la extensión tumoral, la detección de enfermedad oculta y una mejor evaluación de la afectación ganglionar.
Los avances tecnológicos han tenido un impacto claramente transformador en el manejo del cáncer de cabeza y cuello, con beneficios directos
A ello se suma un avance muy relevante en el diagnóstico anatomopatológico, con una caracterización histológica y molecular más detallada, que mejora la clasificación tumoral, reduce la variabilidad diagnóstica y aporta información pronóstica y predictiva clave para la toma de decisiones terapéuticas.
En segundo lugar, los progresos tecnológicos han permitido tratamientos más precisos, eficaces y menos tóxicos. En el ámbito locorregional, la radioterapia de alta conformación mediante técnicas como IMRT (radioterapia de intensidad modulada) o VMAT (arcoterapia volumétrica modulada), así como la radioterapia guiada por imagen, han reducido de forma significativa la irradiación de tejidos sanos, disminuyendo la toxicidad tardía sin comprometer el control tumoral.
Por otra parte, la cirugía robótica transoral en tumores seleccionados y los avances en reconstrucción microquirúrgica han contribuido igualmente a mejorar el equilibrio entre radicalidad oncológica y preservación funcional.
También en el tratamiento sistémico, la inmunoterapia ha supuesto un cambio de paradigma, consolidándose en la enfermedad recurrente o metastásica y extendiéndose progresivamente a fases más precoces.
En este sentido, su incorporación en estrategias de neoadyuvancia está mostrando resultados prometedores, al permitir una mejor respuesta tumoral previa a la cirugía, facilitando procedimientos más conservadores y generando información biológica de gran valor para la personalización del tratamiento posterior.
La cirugía robótica transoral en tumores seleccionados y los avances en reconstrucción microquirúrgica han contribuido igualmente a mejorar el equilibrio entre radicalidad oncológica y preservación funcional.
Por último, estos avances han impulsado un seguimiento y un soporte más proactivos e integrados. La monitorización estrecha de las toxicidades, la planificación nutricional temprana, la rehabilitación funcional precoz y el uso de herramientas digitales para el seguimiento de síntomas permiten anticiparse a las complicaciones, reducir interrupciones del tratamiento y mejorar la tolerancia global, aspectos especialmente críticos en los pacientes con cáncer de cabeza y cuello.
¿Qué relevancia tiene la medicina personalizada en el cáncer de cabeza y cuello? ¿Qué avances se han logrado en materia de biomarcadores?
La medicina personalizada es cada vez más relevante, aunque con matices. Si bien aún no tenemos el volumen de dianas accionables que vemos en otro tipo de tumores, sí hay avances sólidos que ya influyen en decisiones.
La medicina personalizada es cada vez más relevante, con avances sólidos que ya influyen en decisiones
Primeramente, HPV/p16 en orofaringe es el biomarcador clínico más transformador: define pronóstico, estratifica riesgo y guía ensayos de desescalada o intensificación. Asimismo, en enfermedad avanzada, biomarcadores como PD-L1 (CPS/TPS), usado para seleccionar o priorizar inmunoterapia según el escenario, han consolidado un cambio terapéutico real.
En tercer lugar, la caracterización molecular (NGS) está aportando valor en subgrupos como tumores de glándulas salivales, carcinomas raros, pacientes jóvenes o no fumadores, y casos refractarios donde una alteración accionable puede abrir una opción de fármaco dirigido o un ensayo clínico específico. Todo ello, sin dejar de lado otros elementos como la cuantificación de virus de Epstein-Barr en nasofaringe como marcador predictor de respuesta.
En el centro cuentan con la Unidad de Ensayos Clínicos I. ¿Qué papel juegan los ensayos clínicos y cómo se impulsa la investigación desde fases tempranas?
Hay que entender que los ensayos clínicos son una vía terapéutica crítica, no un último recurso. Estos cumplen tres funciones principales: el acceso a innovación terapéutica (nuevas inmunoterapias, combinaciones, anticuerpos conjugados, terapias dirigidas, radiosensibilizantes, estrategias perioperatorias); la optimización de estándares mediante ensayos que buscan reducir toxicidad sin perder eficacia (desescalada en perfiles favorables) o mejorar resultados en alto riesgo (intensificación racional); y, por último, la generación de conocimiento traslacional: correlación de respuesta con biomarcadores, obtención de muestras y aprendizaje de resistencia.
Hay que entender que los ensayos clínicos son una vía terapéutica crítica, no un último recurso
Impulsar investigación desde fases tempranas exige estructura: circuitos ágiles de derivación, preselección sistemática en comité, disponibilidad de NGS o biobanco, coordinación con cirugía y radioterapia para ventanas terapéuticas (neoadyuvancia o adyuvancia), y una enfermería de ensayos y data managers.
En un entorno como MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten, el valor añadido suele estar en esa capacidad de incorporar al paciente a un itinerario de investigación desde el diagnóstico, cuando todavía hay intención curativa y margen para innovar con rigor.
¿Por qué es importante la segunda opinión oncológica? ¿Qué aporta a los pacientes y cómo trabaja el centro en colaboración con otros centros?
La segunda opinión oncológica es especialmente importante en el cáncer de cabeza y cuello debido a su elevada complejidad técnica y a la existencia de múltiples escenarios clínicos en los que la toma de decisiones no es unívoca.
En este tipo de tumores, pequeñas diferencias en el criterio médico —como la indicación de cirugía frente a quimiorradioterapia, la necesidad de un vaciamiento cervical, la conveniencia de tratamiento adyuvante, la elección del esquema sistémico o la valoración de la resecabilidad— pueden tener un impacto muy significativo tanto en el pronóstico como en la calidad de vida del paciente.
«La segunda opinión oncológica es especialmente importante en el cáncer de cabeza y cuello debido a su elevada complejidad técnica y a la existencia de múltiples escenarios clínicos en los que la toma de decisiones no es unívoca»
Aporta, en primer lugar, la confirmación del diagnóstico y de la estadificación, mediante la revisión experta de la anatomía patológica y de las pruebas de imagen. Además, permite validar el plan terapéutico inicialmente propuesto o plantear alternativas fundamentadas, explicando de forma clara los riesgos y beneficios de cada opción.
Asimismo, facilita el acceso a tratamientos que pueden no estar disponibles en el centro de origen, como ensayos clínicos, técnicas avanzadas de radioterapia, procedimientos de reconstrucción compleja o recursos de soporte altamente especializados.
Todo ello contribuye a reducir la incertidumbre, mejora la comprensión del proceso por parte del paciente y favorece una mayor adherencia al tratamiento, al sentirse partícipe y seguro de las decisiones adoptadas.
La colaboración con otros centros se materializa en circuitos de derivación, comités compartidos o interconsultas, y coordinación para que parte del tratamiento pueda realizarse cerca del domicilio del paciente cuando es seguro (por ejemplo, soporte y seguimiento), manteniendo la estrategia definida por el equipo experto.
Más allá de lo físico, ¿qué importancia tiene ofrecer atención integral y humanización durante todo el proceso?
Es esencial ofrecer una atención integral en el cáncer de cabeza y cuello porque tanto la enfermedad como sus tratamientos afectan a funciones básicas que están directamente relacionadas con la identidad y la interacción social del paciente, como el habla, la deglución, la respiración o la apariencia facial.
Es esencial ofrecer una atención integral en el cáncer de cabeza y cuello porque tanto la enfermedad como sus tratamientos afectan a funciones básicas
Estas alteraciones tienen un impacto profundo en la esfera emocional y social, condicionando con frecuencia ansiedad, depresión, aislamiento, dificultades en el ámbito laboral y, en algunos casos, estigmatización. Si esta dimensión no se aborda de forma adecuada, incluso con un buen control tumoral, el resultado global del proceso asistencial puede ser claramente insuficiente.
Una atención verdaderamente integral implica actuar de forma coordinada desde el inicio del proceso. Esto incluye un soporte nutricional precoz y una evaluación sistemática de la deglución para optimizar la tolerancia a los tratamientos y mejorar los resultados; programas de logopedia y rehabilitación planificados, con objetivos funcionales claros y medibles; y odontología oncológica preventiva en los pacientes candidatos a radioterapia, con el fin de reducir complicaciones a corto y largo plazo.
Asimismo, es fundamental un control temprano del dolor y de otros síntomas, integrando los cuidados paliativos cuando está indicado, sin relegarlos a fases avanzadas de la enfermedad.
La intervención de psicooncología y trabajo social resulta clave para mantener la adherencia al tratamiento, ayudar al paciente a afrontar los cambios funcionales y de imagen corporal, y resolver barreras sociales que pueden interferir en el proceso terapéutico.
Todo ello debe apoyarse en una comunicación clínica de alta calidad que permita anticipar toxicidades, explicar de forma realista los tiempos de recuperación, validar los temores del paciente y favorecer una toma de decisiones compartida.
La humanización de la atención no es un elemento accesorio, sino un componente clínico esencial. Contribuye a reducir complicaciones, evita abandonos del tratamiento, mejora su tolerancia y preserva la dignidad del paciente. En el cáncer de cabeza y cuello, este enfoque se traduce de forma directa en mejores resultados y en una experiencia asistencial más segura y de mayor calidad.










