La importancia del diagnóstico precoz del cáncer oral en la consulta dental

Dr. Jose Carlos Diaz-Mauriño y Garrido-Lestache, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y de Cabeza y Cuello (SECOMCyC)

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Anuario iSanidadental 2025
Dr. Jose Carlos Diaz-Mauriño y Garrido-Lestache, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y de Cabeza y Cuello (SECOMCyC)
En España se diagnostican aproximadamente 8.300 nuevos casos al año de cáncer que afectan a la cavidad oral y la faringe, y alrededor de 1.500 pacientes fallecen anualmente por esta causa. La enfermedad es más frecuente en varones mayores de 40 años, con una incidencia de entre 10 y 13 casos por 100.000 habitantes al año, aunque en mujeres (tradicionalmente con una incidencia de 1–2 casos por 100.000) se observa un notable incremento en los últimos años.

Como cirujano oral y maxilofacial, presencio con frecuencia las consecuencias de un diagnóstico tardío: pacientes que llegan con lesiones avanzadas, dolor, importantes dificultades funcionales y un pronóstico claramente comprometido. Aunque se estima que solo un 30-35% de los cánceres orales se diagnostican en fase precoz, no disponemos de datos precisos que indiquen cuántos de estos diagnósticos se realizan inicialmente en la consulta dental. Otros estudios señalan que hasta un 75% de los casos se diagnostican en estadios avanzados, lo que indica que una proporción muy significativa no se diagnostica a tiempo.

El papel del odontólogo como primer filtro es, por tanto, fundamental. Algo tan sencillo como pedir al paciente que abra la boca y explorar de forma sistemática todas las mucosas (mejillas, labios, suelo de la boca, paladar, lengua, incluida su cara ventral, y su movilidad) brinda la oportunidad de identificar lesiones sospechosas. La accesibilidad de la cavidad oral permite observar manifestaciones iniciales de malignidad que, sin una exploración completa, pueden pasar desapercibidas o atribuirse erróneamente a procesos inflamatorios transitorios.

El cáncer oral continúa siendo una enfermedad de gran importancia sanitaria, pero a menudo subestimada en su impacto real

Una úlcera que no cicatriza en dos semanas, una placa blanca o roja persistente, una induración submucosa o un nódulo aparentemente inocuo pueden ser los primeros indicios de un carcinoma en desarrollo. Toda lesión que no desaparezca en 15 días, tras corregir posibles factores locales, debe ser biopsiada.

En la práctica hospitalaria, la mayoría de los pacientes que atendemos han presentado síntomas durante meses antes de buscar atención especializada. Este retraso responde a múltiples factores: falta de percepción del riesgo, miedo al diagnóstico, barreras de acceso al sistema sanitario o una valoración inicial insuficiente.

La consulta odontológica, por su periodicidad y cercanía con la comunidad, tiene el potencial de romper este patrón. Cada visita (ya sea por una revisión, una limpieza, una urgencia o un tratamiento restaurador) constituye una oportunidad para realizar un examen sistemático de la mucosa oral y del cuello, que puede marcar la diferencia entre un tratamiento conservador y una cirugía radical.

La evidencia es contundente: el diagnóstico en fases iniciales mejora de manera significativa el pronóstico. Cuando el cáncer oral se diagnostica en estadios precoces (T1-T2), la supervivencia a cinco años puede superar el 80%. En contraste, cuando la detección ocurre en fases avanzadas (T4), con invasión ósea, afectación ganglionar o compromiso funcional importante, la supervivencia desciende de forma drástica. Además, los tratamientos quirúrgicos se vuelven mucho más agresivos, con mayor morbilidad, necesidad de reconstrucciones complejas y un impacto profundo en la calidad de vida.

La colaboración entre odontólogos y cirujanos orales y maxilofaciales debe entenderse como un eje central en la lucha contra el cáncer oral

La valoración del riesgo es otro componente clave en la detección precoz. El tabaquismo, el consumo de alcohol y la mala higiene oral siguen siendo los principales factores predisponentes, pero no los únicos. El virus del papiloma humano (VPH), la exposición solar crónica en el labio, las prótesis mal adaptadas y los antecedentes personales de cáncer deben considerarse en cada consulta.

En el ámbito hospitalario vemos con cierta frecuencia derivaciones tardías basadas en la creencia de que una lesión «mejorará con el tiempo» o responderá a tratamientos empíricos con antimicóticos, antiinflamatorios o antibióticos. Esta demora, además de retrasar el diagnóstico, puede comprometer las opciones terapéuticas y empeorar el pronóstico del paciente.

La colaboración entre odontólogos y cirujanos orales y maxilofaciales debe entenderse como un eje central en la lucha contra el cáncer oral. Los programas de derivación precoz, las sesiones clínicas conjuntas y la formación continuada permiten al odontólogo sentirse respaldado y mejorar su capacidad resolutiva ante lesiones complejas, lo que incrementa la detección temprana y reduce el número de casos avanzados que llegan a los hospitales.

En conclusión, desde el entorno hospitalario observamos a diario cómo el destino clínico de muchos pacientes podría haber sido distinto con un diagnóstico más precoz. La consulta dental, por su accesibilidad y su papel sanitario esencial, representa una oportunidad única para diagnosticar el cáncer oral en sus fases iniciales y mejorar significativamente la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.

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