La refractariedad y las recaídas en LBDCG conllevan un alto impacto en la calidad de vida de los pacientes

La Dra. Mariana Bastos (Geltamo) pone de relieve la importancia del abordaje multidisciplinar desde el diagnóstico hasta el tratamiento y seguimiento para asegurar que se cubren todas las necesidades de los pacientes

Nieves Sebastián Mongares
Según el informe Las Cifras del Cáncer 2026, publicado recientemente por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en España en 2026 se diagnosticarán 12.201 nuevos casos de linfoma no Hodgkin. Dentro de estos, el linfoma B difuso de células grandes (LBDCG) es el más frecuente de este tipo en todo el mundo, representando aproximadamente el 30% de todos los linfomas, y elevándose incluso esta cifra en países desarrollados. Aunque gracias a la innovación la tasa de curación es alta, uno de los principales retos pasa por seguir avanzando en investigación para mejorar los resultados en pacientes en recaída o refractarios, aumentando su esperanza y calidad de vida.

La Dra. Mariana Bastos, hematóloga en el Hospital Gregorio Marañón y coordinadora del Grupo de Linfomas Agresivos del Grupo Español de Linfomas y Trasplantes de Médula Ósea (Geltamo), precisa que el LBDCG “se caracteriza por ser un tumor agresivo, es decir, de crecimiento rápido; esta agresividad hace que, una vez diagnosticado, sea necesario iniciar tratamiento sin demora”. La especialista desarrolla que “el nombre refleja sus características biológicas: se origina en linfocitos B, las células son grandes y crecen de forma difusa en los tejidos, algo que el patólogo identifica al microscopio”.

El LBDCG es un tumor agresivo, de crecimiento rápido, por lo que una vez efectuado el diagnóstico debe comenzar el tratamiento sin demora

Pasando a la parte clínica, la Dra. Bastos explica que suele diagnosticarse en fases avanzadas, con afectación de varios ganglios y, en ocasiones, de órganos fuera del sistema linfático como el hígado, el intestino o incluso el sistema nervioso central, aunque puede presentarse de forma localizada en un pequeño porcentaje de pacientes”. Por todo esto, la hematóloga expone que “para la mayoría de los pacientes, el diagnóstico supone un impacto muy brusco”. Aquí, añade que además perciben el impacto de manera muy notable en muchos casos ya que en pocas semanas o meses pueden presentar síntomas importantes como pérdida de peso, fiebre, cansancio o la aparición de masas.

Otro aspecto que la Dra. Bastos ha detectado en consulta es que muchos pacientes no están familiarizados con el término linfoma y no identifican inicialmente que se trata de un cáncer”. Teniendo en cuenta este aspecto, remarca que los médicos deben realizar una comunicación cuidadosa y adaptada a cada paciente para asegurarse que entienden bien el diagnóstico y sus implicaciones. Siguiendo este hilo la experta añade que “supone un cambio repentino y profundo en la vida del paciente, que requiere tiempo y acompañamiento para poder asimilarlo”.

Manejo del LBDCG refractario o en recaída

El pronóstico en linfoma B difuso de células grandes ha evolucionado sustancialmente gracias a los avances en tratamiento. De hecho, como subraya la Dra. Bastos, “actualmente, aproximadamente entre el 65% y el 70% de los pacientes pueden curarse con la primera línea de tratamiento”. No obstante, la especialista puntualiza “el pronóstico no es uniforme y depende de múltiples factores, como la extensión de la enfermedad o la presencia de determinados factores de riesgo; por eso, el tratamiento y la información al paciente deben individualizarse”.

De hecho, aunque el porcentaje de curación en primera línea sea alto, esto significa que alrededor del 30% de pacientes pueden ser refractarios al tratamiento o sufrir una recaída de la enfermedad. Sobre este aspecto, la Dra. Bastos apunta que “en el LBDCG, el objetivo del tratamiento inicial es eliminar completamente la enfermedad” y aclara que “cuando esto no ocurre hablamos de enfermedad refractaria, pero cuando desaparece y posteriormente reaparece, hablamos de recaída”.

Los pacientes con LBDCG en recaída o refractarios se asocian a un peor pronóstico aunque la innovación ha supuesto un cambio importante

Estos escenarios se asocian a un peor pronóstico, especialmente en los pacientes refractarios. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio muy importante”, asevera la doctora. En este sentido, la hematóloga asocia la mejora del pronóstico a los avances en tratamiento, con un arsenal terapéutico cada vez más completo. Pero también, a la innovación en diagnóstico con métodos como la caracterización genética, la biopsia líquida o las mejoras en técnicas de imagen como el PET-TAC, que también permiten evaluar la respuesta al tratamiento en tiempo real.

Por ello, la Dra. Bastos resalta que “el principal reto es seguir desarrollando nuevas estrategias para aquellos pacientes que no responden a los tratamientos actuales”. Para lograrlo, alude a la importancia de seguir investigando en nuevos tratamientos y combinaciones que, además de aumentar la eficacia reduzcan la toxicidad. “Avanzar implica no solo mejorar la eficacia, sino también optimizar la calidad de vida y la seguridad de los pacientes”, asevera.

Y es que, es necesario tener en cuenta que el impacto de los tratamientos puede llegar a ser muy significativo a nivel físico, emocional y social. “Los tratamientos pueden obligar a interrumpir la vida laboral, limitar la vida social y generar efectos secundarios visibles, como la caída del cabello, que afectan a la autoestima y a la percepción social del paciente”, precisa la Dra. Bastos. Con los avances en este campo, la especialista valora que algunos de estos efectos han mejorado; pero pone el foco en otro aspecto importante: “a medida que los pacientes reciben más líneas de tratamiento, el sistema inmunitario se debilita y el impacto acumulado aumenta”.

A medida que los pacientes con este tipo de linfoma reciben más líneas de tratamiento, el sistema inmunitario se debilita y el impacto acumulado aumenta

Para optimizar el manejo de estos pacientes, en palabras de la Dra. Bastos, “el abordaje del LBDCG requiere un enfoque multidisciplinar desde el diagnóstico hasta el tratamiento”. Dentro de este equipo, la especialista explica que “Además del hematólogo, participan especialistas como los anatomopatólogos, radiólogos, médicos nucleares, expertos en radioterapia, biólogos moleculares y farmacéuticos hospitalarios”. “También son clave otros perfiles como la hematogeriatría, especialmente en pacientes de mayor edad, para adaptar mejor los tratamientos a su situación global”, agrega.

Además de estos perfiles, la hematóloga refleja que “asimismo, el apoyo de nutricionistas, psicooncólogos y otros especialistas como los oncocardiólogos contribuye a mejorar la tolerancia al tratamiento y la calidad de vida”. En definitiva, concluye la Dra. Bastos, “En conjunto, el manejo óptimo de estos pacientes solo es posible a través de equipos coordinados y altamente especializados”.

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