Anuario iSanidad 2025
Carmen Vicente Gaspar, directora de Atención Primaria del Servicio Aragonés de Salud
Hay una idea que me preocupa especialmente cuando hablamos del futuro del sistema sanitario español: seguimos debatiendo en clave de financiación y de sostenibilidad, cuando el verdadero debate debería ser estratégico. No estamos ante una crisis coyuntural, estamos ante un cambio estructural.
El envejecimiento de la población; el baby boom —que influye en una pirámide poblacional invertida—, el aumento y la complejidad de la cronicidad, la creciente presión asistencial y la escasez de profesionales médicos no son fenómenos pasajeros: son tendencias consolidadas que marcarán la próxima década y a lo que no tenemos que anticiparnos, porque ya es el presente.
Un problema de modelo
La sostenibilidad futura exigirá algo más que presupuestos expansivos: requerirá visión a largo plazo, coherencia institucional y equidad de los profesionales, los pacientes y la cartera de servicios. Necesitamos una auténtica política sanitaria de Estado.
No es razonable que un sistema tan complejo esté sometido a cambios de rumbo cada legislatura ni que haya diferentes modelos en cada comunidad autónoma, eso genera tanto desigualdad como falta de equidad y coherencia. La salud no puede ser un espacio de confrontación permanente, debe ser un espacio de consenso estratégico.
La salud no puede ser un espacio de confrontación permanente, debe ser un espacio de consenso estratégico
Sin estabilidad institucional no hay reforma estructural
En este contexto, hay un elemento decisivo que a menudo se menciona de forma superficial: la profesionalización de directivos y gestores sanitarios como elemento crítico. No es una cuestión corporativa ni un debate interno, sino una garantía de rigor, continuidad y eficiencia. Un sistema de esta complejidad no puede depender de afinidades coyunturales. Requiere liderazgo técnico, directivos formados, planificación y evaluación constante de los resultados.
Sin directivos profesionalizados no hay gobernanza sólida
Gobernar mejor no significa gobernar solos. El modelo debe evolucionar hacia una gobernanza más inclusiva, donde directivos de la salud, gestores, clínicos, responsables del ámbito social y pacientes participen de forma estructurada y coordinada en la toma de decisiones.
Para un nuevo modelo de gobernanza es indispensable incorporar a los pacientes en una participación efectiva en la toma de decisiones. Durante demasiado tiempo hemos diseñado el sistema para el paciente, ha llegado el momento de diseñarlo con el paciente.
Esta orientación hacia la participación de los pacientes está en el ideario teórico de muchas organizaciones sanitarias, llena muchas páginas de planes estratégicos y de planes de salud de las comunidades autónomas, pero es necesario e indispensable salir del marco teórico y llevarla a la práctica de forma real y contundente.
Durante demasiado tiempo hemos diseñado el sistema para el paciente, ha llegado el momento de diseñarlo con el paciente
Un sistema sanitario avanzado para decidir con los pacientes
Otra gran asignatura pendiente es priorizar la prevención, la continuidad asistencial y la atención integral, superando la fragmentación entre niveles y entre lo sanitario y lo social. Siempre está presente en el discurso teórico, pero queda un amplio camino por recorrer.
No se trata de hacer más, sino de obtener mejores resultados en salud. Seguimos priorizando el volumen: tantas cirugías, tantas hospitalizaciones, tantas altas, pruebas diagnósticas, consultas… seguimos midiendo cantidad frente a resultados en salud. Medir actividad es insuficiente: debemos medir impacto clínico, calidad de vida y experiencia del paciente.
Volumen de actividad frente a resultados en salud
Otro reto imprescindible es abordar la política de recursos humanos. Los profesionales son el verdadero motor del cambio del sistema sanitario, sin su compromiso y participación real no prosperará ninguna reforma.
Es obvio que el sistema público continúa excesivamente encorsetado. Rigideces normativas, escasa flexibilidad organizativa y limitaciones en movilidad y competencias dificultan la adaptación a un entorno cambiante. Por tanto, es necesario cambiar el modelo: abordar la transformación con los profesionales, con una política de recursos humanos más flexible y menos limitante a la hora de gestionar y liderar.
Los profesionales son el verdadero motor del cambio del sistema sanitario, sin su compromiso y participación real no prosperará ninguna reforma
Un sistema rígido es un sistema que no aprende
Modernizar la política de recursos humanos no significa precarizar ni desproteger. Significa planificar mejor, rediseñar competencias, incorporar nuevos perfiles, reducir burocracia y otorgar mayor autonomía organizativa. Significa confiar en los profesionales y facilitar su liderazgo clínico.
La tecnología puede ser una gran aliada, pero no sustituye a la estrategia. La inteligencia artificial, la analítica avanzada o la automatización pueden mejorar procesos y reducir cargas administrativas.
Tecnología con estrategia para transformar
Digitalizar no es deshumanizar. Bien implementada, la tecnología libera tiempo para escuchar, atender y cuidar mejor. Como conclusión, y con la visión como directiva y gestora sanitaria, el sistema sanitario español se encuentra en un punto de inflexión donde la inercia ya no es una opción.
La verdadera sostenibilidad no vendrá de parches financieros incrementando presupuestos en las consejerías de sanidad, sino de la valentía para reformar el modelo de gobernanza y apostar por una profesionalización real de sus directivos.
No se trata simplemente de gestionar recursos, sino de liderar un cambio cultural que coloque al paciente en el centro de las decisiones y devuelva a los profesionales la autonomía y flexibilidad que necesitan para innovar.
La tecnología, lejos de ser un fin, debe ser el puente que nos permita humanizar la asistencia, liberando tiempo para lo que verdaderamente importa: el cuidado y la atención.
El sistema sanitario español es uno de los grandes logros colectivos de nuestra sociedad. Preservarlo requiere algo más que defenderlo: exige transformarlo con liderazgo, profesionalización y confianza en quienes sostienen cada día el sistema. Sólo así podremos avanzar hacia un sistema más humano, sostenible y orientado a las personas.
Tribuna con el apoyo de Sedisa










