Una pregunta a tiempo: la vida no entiende de silos

Maole Cerezo, asesora de marketing y comunicación Secure e-Solutions de GMV

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Anuario iSanidad 2025
Maole Cerezo, asesora de marketing y comunicación Secure e-Solutions de GMV
Pepe, un paciente de edad avanzada con patología cardiaca, acude a su revisión periódica en enero. Especialista y paciente han construido una relación cordial y cercana, basada en la confianza que da el trato continuado. El médico le realiza las pruebas pertinentes, revisa los resultados y, como siempre, le pregunta cómo se encuentra. Escucha, toma nota y deja constancia de que el paciente presenta sensación de nido vacío. Desde el punto de vista clínico, las pruebas rutinarias no parecen alarmantes. Mantiene la revisión con carácter anual.

Seis meses más tarde, el paciente ingresa de urgencia por un infarto. Dos arterias coronarias obstruidas. Se le implantan sendos catéteres, pero no sobrevive a la intervención. ¿Qué ocurrió? ¿Pudieron obstruirse dos arterias coronarias en tan sólo seis meses?.

Preguntar, escuchar y enfoque holístico

La medicina actual dispone de herramientas diagnósticas cada vez más avanzadas que dependen, en gran medida, de la interpretación humana. La información clínica puede ser subjetiva, fragmentada o incompleta, y las pruebas requieren contexto.

Una imagen aislada o un resultado puntual pueden generar una falsa sensación de tranquilidad si no se analizan junto con la historia clínica completa y la evolución funcional del paciente. En este escenario, la comunicación —entre fuentes de datos y entre médico y paciente— constituye una pieza esencial para ofrecer la atención que exige tratar con la vida de una persona.

Una imagen aislada o un resultado puntual pueden generar una falsa sensación de tranquilidad si no se analizan junto con la historia clínica completa y la evolución funcional del paciente

Cabe preguntarse si en la consulta de Pepe la conversación fue lo suficientemente amplia como para ir más allá del sentimiento de nido vacío que consta en el informe de su última cita con su cardiólogo. Si el especialista profundizó en cómo se encontraba realmente: si se cansaba más que antes con actividades cotidianas; si le costaba subir cuestas o escaleras; si necesitaba detenerse para recuperar el aliento; o si se observaron otros signos como la hinchazón en tobillos o piernas, la sensación persistente de frío en manos y pies o cambios en el apetito.

La familia era consciente de todos estos síntomas, pero ninguno de ellos consta en la historia médica. Unas preguntas específicas, más allá del trato personal, podrían haber sacado a flote datos esenciales para un informe clínico completo. Durante años, la atención sanitaria ha adolecido de la carencia de una visión verdaderamente holística del paciente. En la práctica clínica, la información médica sigue fragmentada en silos. Cada profesional, cada centro y cada nivel asistencial dispone de una parte del relato, pero rara vez se construye una historia clínica completa que refleje el sentir vital de una persona.

Cada profesional, cada centro y cada nivel asistencial dispone de una parte del relato, pero rara vez se construye una historia clínica completa que refleje el sentir vital de una persona

Los datos existen —informes, pruebas, consultas previas—, pero no siempre se conectan ni dialogan entre sí. Superar esta fragmentación no es sólo un reto tecnológico, sino clínico: cuando la información no fluye, las señales se diluyen, el seguimiento se vuelve discontinuo y las decisiones se toman con una visión parcial del estado de salud.

La información existía, pero no estaba conectada. En el último año, Pepe había acudido con frecuencia a atención primaria porque no se encontraba bien. Entre otras cosas, sentía frío constante, con manos y pies helados, hasta el punto de estar en casa con guantes cuando el resto de la familia se sentía confortable con la temperatura.

Tecnología para la escucha activa

La inteligencia artificial y las redes federadas de datos pueden contribuir a optimizar la escucha activa, permitiendo que toda la información disponible deje de estar fragmentada y se interprete de forma holística. Su valor no reside en sustituir al profesional, sino en ayudarle a comprender al paciente en toda su complejidad y a tomar decisiones médicas más precisas.

Las redes federadas permiten integrar información clínica procedente de distintos especialistas y niveles asistenciales, preservando la privacidad del paciente y evitando duplicidades. Además, la inteligencia artificial (IA) posibilita analizar de forma longitudinal datos clínicos, de imagen y de estilo de vida, detectando incoherencias o patrones de riesgo que, de otro modo, pasarían inadvertidos.

Su valor no reside en sustituir al profesional, sino en ayudarle a comprender al paciente en toda su complejidad y a tomar decisiones médicas más precisas

Para aprovechar estas herramientas, es necesario abordar un reto previo: romper los silos de información, respetando los marcos de gobierno del dato y de la IA. Romper silos no significa perder el control, sino definirlo mejor: establecer quién gestiona los datos, cómo deben compartirse, con qué garantías y con qué propósito.

Todo ello posibilita una explotación responsable de la información sin poner en riesgo la privacidad ni la confianza de pacientes y custodios del dato. Del mismo modo, gobernar la IA implica asegurar un uso transparente, ético y orientado al apoyo a la decisión clínica. Sin estos marcos, los datos seguirán existiendo, pero no podrán conectarse ni transformarse en conocimiento útil que ayude a salvar vidas.

En cada consulta, el médico maneja herramientas —la comunicación y la tecnología— de las que depende, en gran medida, el rumbo de la vida del paciente. Escuchar activamente, formular las preguntas adecuadas y conectar síntomas aparentemente menores permite elaborar informes clínicos más completos y reducir el riesgo de diagnósticos tardíos o incompletos.

Volviendo al inicio de esta historia, ¿podría haberse evitado ese desenlace? Pepe siempre tenía frío, perdió 10 kilos en pocos meses, dejó de tener apetito y se sentía cada vez más cansado. Síntomas. Señales. Datos que estaban ahí y que, conectados a tiempo, quizá habrían contado otra historia.

Preguntar y escuchar, incluso aquello que el paciente no quiere o no sabe que debe contar para abordar la información con un enfoque holístico. Hoy, la tecnología puede ayudar a construir esa visión completa. Porque, en sanidad, cada señal que no se integra es una oportunidad que se pierde, y en esa pérdida puede ir la vida.

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