Jorge Pastor Arrizabalo
El 50% de la población española siente que no recibe información clara y útil para manejar su propio cuidado. Así lo indica la encuesta Percepción general de la población española sobre los retos de la humanización y el uso de la innovación y tecnologías en salud, realizada por beBartlet y con la colaboración de Johnson & Johnson.
En esta encuesta se preguntó si el sistema sanitario facilitaba información fiable y comprensible que permita al paciente tomar decisiones informadas sobre su salud y sentirse capacitado para manejar su cuidado. Un 31% de los participantes consideró que esto no sucede siempre, mientras que un 16% considera que recibe la información básica, pero poca explicación.
Presentados este miércoles en Madrid, estos resultados revelan que sólo el 44% de la población percibe que participa activamente en las decisiones de su propia salud. Este porcentaje aumenta conforme avanza la edad de los encuestados. El grupo de mayores de 65 años son aquellos que más escuchados se sintieron a la hora de tomar decisiones compartidas junto al profesional sanitario, con un 49%. En el caso de los grupos de edad de entre 18 y 34 años y el de 35-49, solo un 42% de los participantes consideraron que tenían voto en las decisiones.
Paula Echevarría, técnica de Incidencia Política y Defensa de Derechos en la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), ha pedido que «se introduzca la participación de pacientes de manera estructural» en la toma de decisiones. Además ha añadido que «no requiere normativas ni cambios complejos» y que se traduce en «mayor adherencia a los tratamientos, optimiza recursos y un cambio más barato, más afectivo y efectivo».
La inclusión de pacientes en la toma de decisiones se traduce en «mayor adherencia a los tratamientos, optimiza recursos y un cambio más barato, más afectivo y efectivo», reclamó Paula Echevarría
Respecto a la atención en consulta, siete de cada diez españoles se sienten tratados con respeto y dignidad durante la atención sanitaria. Aunque un 31% matiza que, en ocasiones, notan «trato impersonal» o «empatía». Por otro lado, un 18% señaló que depende del profesional. Además, el nivel de ingresos mensuales influye en esta valoración, que es más positiva en los niveles más bajos (82%), pero desciende hasta el 58% en los más altos.
Los resultados revelan también la prevención como un reto a mejorar. Los participantes percibieron que la atención recibida es, mayoritariamente, reactiva. De esta manera, un 31% de la población siente que la atención se centra, sobre todo, en intervenir antes que en prevenir. Otro 29% destaca que la orientación preventiva que reciben se produce de manera casual, pero no continuada. Y un 18% señala que falta acompañamiento preventivo y atención puntual.
En este apartado, los hombres, con un 25%, notaron más atención continuada que las mujeres, con un 18%. Sin embargo, no hubo distinción en cuanto a la atención se centra en intervenir cuando su salud ya se ve afectada.
El informe también pone el foco en la falta de individualización de la atención. El 23% consideró que su tratamiento y seguimiento se adaptan a su ritmo de vida real, lo que evidencia diferencias entre la práctica clínica y la realidad cotidiana de los pacientes. Mientras que un 11% cree que recibe tratamientos estándar. A su vez, existe una variación entre hombres (27%) y mujeres (20%), ya que ellas revelaron que los tratamientos afectaban más a su vida diaria.
La reducción de la listas de espera se sitúa como la principal prioridad para mejorar la atención sanitaria, señalada por el 76% de los encuestados
Además, la reducción de las listas de espera se sitúa como la principal prioridad para mejorar la atención sanitaria, señalada por el 76% de los encuestados. A su vez, señalaron un seguimiento más personalizado (36%) y la necesidad de más tiempo en consulta (32%) como otros puntos de mejora. Esta prioridad es consistente en todos los grupos de edad, con especial intensidad entre los más jóvenes (86%).
Uso de la inteligencia artificial en consulta y datos compartidos en beneficio de todos
La inteligencia artificial está cada día más presente en consulta y, según los datos de la encuesta, el 54% valora positivamente el uso de la inteligencia artificial en la atención sanitaria si está supervisada por profesionales, y un 14% adicional afirma que le aporta tranquilidad.
En el reparto generacional, los jóvenes son los más reacios a su uso, incluso si está supervisada por un profesional sanitario, mientras que el grupo de edad de entre 65 y 75 años son los más partidarios de que se emplee.
Especialmente relevante es la disposición al uso de datos: el 88% de los ciudadanos estaría dispuesto a compartir su información sanitaria para investigación, siempre que existan garantías de confidencialidad. De este grupo, el 33% lo haría siempre que no permitan la identificación personal, mientras que el restante 55% no pone condiciones. Sólo el 3% no lo haría bajo ningún concepto.
Un dato especial relevante cuando se está impulsando el Espacio Nacional de Datos de Salud (ENDS), una iniciativa que pretende aprovechar la información clínica con garantías de confidencialidad para impulsar la investigación y mejorar la atención a los pacientes.
El informe también reveló diferencias respecto a este apartado en cuanto a ingresos mensuales. Aquellos que perciben entre 2.000 y 3.000 euros o entre 3.000 y 5.000 euros al mes son quienes menos reparos mostraron a compartir sus datos.
«Estos datos demuestran que la gente está dispuesta a compartir sus datos, pero tenemos que darles seguridad y mostrarles los beneficios. Es fundamental contar con datos, sin datos no podemos generar ideas», ha concluido Boi Ruiz, médico y doctor por la Universidad de Barcelona.









