Detectar y confirmar antes el párkinson con medicina nuclear: «Revoluciona el diagnóstico al alcanzar un 90% de precisión»

La neuroimagen funcional aporta evidencia objetiva de la afectación dopaminérgica cuando la clínica no es concluyente

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Redacción
Los síntomas del párkinson pueden ser similares al de otras patologías. Detectar antes la enfermedad y confirmarla, fuera de dudas, diferenciándola de otras patologías parkinsonianas puede evitar que se retrase su abordaje terapéutico y facilitar a los médicos la toma de decisiones. La medicina nuclear tiene mucho que decir en ese proceso. La neuroimagen funcional, una de las técnicas de medicina nuclear, aporta evidencia objetiva de la afectación dopaminérgica cuando la evaluación clínica no es concluyente. En el caso de las técnicas SPECT y PET, sus imágenes son clave para el diagnóstico diferencial entre párkinson y parkinsonismos atípicos.

«Gracias a la neuroimagen podemos ir más allá del síntoma y comprender qué tipo de enfermedad hay detrás. En el caso del parkinsonismo, la medicina nuclear revoluciona el diagnóstico al alcanzar un 90% de precisión y cambiar el manejo clínico en la mayoría de los casos, con un impacto directo en la calidad de vida del paciente», afirma la Dra. María Nieves Cabrera Martín, presidenta del grupo de trabajo de Neuroimagen de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (Semnim) y jefa de servicio del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Dra. Cabrera: «En el caso del parkinsonismo, la medicina nuclear revoluciona el diagnóstico al alcanzar un 90% de precisión y cambiar el manejo clínico en la mayoría de los casos»

El diagnóstico precoz de esta enfermedad neurodegenerativa sigue siendo para los especialistas en medicina nuclear uno de los principales desafíos clínicos. En sus inicios, el párkinson puede manifestarse de forma sutil y poco específica y su diagnóstico, que suele basarse en la evaluación clínica, puede retrasarse o confundirse con otra enfermedad. Las neuroimagen funcional están empezando a tener un papel relevante porque «nos permiten detectar alteraciones cerebrales de manera precoz y confirmar el diagnóstico cuando existen dudas», explica la Dra. Cabrera.

Los síntomas del párkinson son variados y no siempre se manifiestan de forma típica. Pero más allá de la clínica, el párkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, una región del cerebro clave en el control del movimiento. Esta alteración provoca un déficit de dopamina, neurotransmisor esencial para la función motora, y constituye el elemento distintivo de la enfermedad.

Dra. Camacho: «La imagen funcional nos permite distinguir la enfermedad de Parkinson de otros trastornos que pueden parecer similares, que no presentan alteración dopaminérgica»

Esta es la alteración que detectan las técnicas de medicina nuclear, que mediante estudios SPECT y PET permiten evaluar de forma objetiva el funcionamiento del sistema dopaminérgico y el metabolismo cerebral, aportando una base diagnóstica cuando la clínica no es concluyente. «La imagen funcional nos permite distinguir la enfermedad de Parkinson de otros trastornos que pueden parecer similares, como el temblor esencial o farmacológico, que no presentan alteración dopaminérgica», explica la Dra. Valle Camacho Martí, adjunta sénior del Servicio de Medicina Nuclear de Sant Pau, Barcelona, y presidenta del grupo de trabajo de neuroimagen de la Semnim.

En el diagnóstico diferencial de los parkinsonismos atípicos, la PET con ¹⁸F-FDG aporta información adicional clave al identificar patrones específicos de hipometabolismo cerebral característicos de cada patología. «La medicina nuclear, especialmente la PET con ¹⁸F-FDG, permite diferenciar el párkinson de otros parkinsonismos atípicos», añade la Dra. Cabrera.

Esta capacidad diagnóstica permite afinar el diagnóstico, establecer un pronóstico más ajustado y orientar de forma más adecuada el manejo terapéutico, evitando retrasos en el tratamiento y la indicación de terapias innecesarias o ineficaces.

Dra. Cabrera: «La medicina nuclear, especialmente la PET con ¹⁸F-FDG, permite diferenciar el párkinson de otros parkinsonismos atípicos»

Además del diagnóstico, la medicina nuclear desempeña un papel clave en el seguimiento evolutivo del Párkinson, al permitir evaluar la progresión de la enfermedad, monitorizar la respuesta al tratamiento y detectar cambios en el patrón clínico. «No solo nos ayudan a diagnosticar, sino también a entender cómo evoluciona la enfermedad en cada paciente, lo que facilita una medicina más personalizada», añade la Dra. Cabrera Martín.

Radiofármacos y diagnóstico molecular

La sociedad científica destaca que la utilidad de las técnicas de medicina nuclear en neuroimagen no se limita al párkinson. Su aplicación se extiende a otras enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Alzheimer, la demencia frontotemporal, la enfermedad cerebrovascular o la epilepsia, donde permiten identificar patrones específicos de afectación cerebral que facilitan el diagnóstico y orientan la toma de decisiones clínicas.

En los últimos años, el desarrollo de nuevos radiofármacos ha impulsado un avance decisivo hacia el diagnóstico molecular de las enfermedades neurológicas. Más allá de la evaluación del metabolismo cerebral o del sistema dopaminérgico, la PET permite hoy visualizar procesos patológicos específicos, como la agregación de proteínas en el cerebro.

El desarrollo de nuevos radiofármacos ha impulsado un avance decisivo hacia el diagnóstico molecular de las enfermedades neurológicas

Estos trazadores dirigidos frente a proteínas depositadas en el tejido cerebral hacen posible una identificación más precisa de distintas patologías neurológicas y permiten estratificar a los pacientes en función de los mecanismos biológicos subyacentes a su enfermedad.

Este enfoque supone para Semnim «un cambio de paradigma en neurología», al contribuir no solo a un diagnóstico más ajustado, sino también a la selección de pacientes candidatos a terapias dirigidas, avanzando hacia una medicina más personalizada. «Cada imagen aporta una pieza clave para comprender la enfermedad y mejorar su evolución», concluyen las expertas.

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