Ciencia con equidad: integrar el sexo, el género y los determinantes sociales en el cáncer

Dra. María José Sánchez Pérez, directora científica de Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.Granada)

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Anuario iSanidad 2025
Dra. María José Sánchez Pérez, directora científica de Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.Granada)
El cáncer es una enfermedad global, pero no afecta por igual a todas las personas. Su impacto varía entre hombres y mujeres, y se distribuye de manera desigual según el entorno social, el nivel educativo o la situación económica. Comprender y abordar estas diferencias no es sólo una cuestión de rigor científico: es una cuestión de justicia y equidad.

Durante décadas, buena parte de la investigación biomédica se apoyó en un modelo androcéntrico que consideraba al hombre adulto como referencia estándar. Este sesgo ha limitado el conocimiento sobre cómo se comporta la enfermedad en mujeres y hombres, y ha contribuido a mantener desigualdades en la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico.

Hoy sabemos con claridad que tanto el sexo (biológico) como el género (social) influyen en todas las fases del proceso oncológico: desde la exposición a factores de riesgo hasta la respuesta a los tratamientos. Los datos recientes son contundentes. Los hombres tienen mayor riesgo de desarrollar y morir por cáncer, mientras que las mujeres presentan más efectos adversos asociados a terapias oncológicas, debido a diferencias biológicas, inmunológicas y farmacocinéticas.

Las mujeres continúan infrarrepresentadas en puestos de responsabilidad y en la autoría de liderazgo en investigación

Sin embargo, menos del 1% de los ensayos clínicos analiza sus resultados de manera desagregada por sexo. Esta ausencia de análisis no sólo genera inequidades: también limita la validez científica de los estudios y compromete la seguridad y la eficacia de las intervenciones.

A estas desigualdades se suman las derivadas de los determinantes sociales. En España, y especialmente en contextos más vulnerables, la participación en los programas de cribado es menor, así como la adherencia a las guías de práctica clínica. En el caso del cáncer de mama, estas diferencias pueden traducirse en hasta un año menos de supervivencia tras el diagnóstico. Este fenómeno, conocido como equidad inversa, describe cómo los avances sanitarios benefician primero a quienes ya están en mejores condiciones socioeconómicas, ampliando así las brechas en salud.

La equidad también debe examinarse dentro del propio sistema científico. Las mujeres continúan infrarrepresentadas en puestos de responsabilidad y en la autoría de liderazgo en investigación. Aunque alcanzan casi la mitad de las primeras autorías, sólo un tercio de las últimas autorías, las que reflejan la dirección del grupo investigador, corresponde a mujeres. Esta brecha no sólo limita oportunidades profesionales; limita la diversidad de miradas, preguntas y prioridades en la ciencia.

En el caso del cáncer de mama, estas diferencias pueden traducirse en hasta un año menos de supervivencia tras el diagnóstico

Promover una participación equilibrada en la investigación, la gestión y la toma de decisiones, y garantizar entornos que valoren la diversidad en el liderazgo, es imprescindible para producir conocimiento más completo y más justo.

El desafío no reside únicamente en identificar diferencias, sino en integrarlas de forma sistemática en toda la cadena del conocimiento y en la práctica clínica. Esto implica aplicar el enfoque SABV (sex as a biological variable), ajustar dosis terapéuticas y umbrales diagnósticos por sexo, y tener en cuenta el contexto social y económico de cada paciente. La integración debe comenzar desde la fase preclínica, asegurando la representación adecuada de ambos sexos en modelos celulares y animales, y extenderse a los ensayos clínicos, a la investigación traslacional y a la evaluación de resultados en salud.

La equidad debe ser también un pilar de las políticas públicas. En un contexto de innovación acelerada (genómica, medicina de precisión y terapias avanzadas) no podemos permitir que los avances incrementen las desigualdades. Garantizar que los beneficios lleguen a todos los pacientes, independientemente del territorio en el que vivan o del nivel de renta, es una responsabilidad compartida. La prevención, la atención primaria, la educación sanitaria y la participación ciudadana son piezas esenciales en la construcción de una oncología verdaderamente equitativa.

La prevención, la atención primaria, la educación sanitaria y la participación ciudadana son piezas esenciales en la construcción de una oncología verdaderamente equitativa

En este camino, los registros de cáncer de base poblacional desempeñan un papel fundamental. Permiten medir la incidencia, la supervivencia y, sobre todo, las desigualdades entre territorios y grupos sociales. En Europa, iniciativas como CancerWatch están transformando la forma en que se recogen, armonizan y utilizan los datos poblacionales, reforzando la calidad, la interoperabilidad y la capacidad para orientar políticas de salud pública más justas y sostenibles.

Porque sin datos de calidad no hay equidad, y sin equidad no puede haber excelencia científica. Avanzar hacia una oncología equitativa requiere combinar innovación con sensibilidad, ciencia con compromiso social. Significa impulsar una investigación que no solo genere conocimiento, sino que lo traduzca en salud, bienestar y oportunidades para todas las personas. La ciencia alcanza su verdadero propósito cuando mejora la vida de las personas… y lo hace desde la equidad.

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