«En cáncer de ovario el abordaje multidisciplinar es un pilar para garantizar una atención oncológica de calidad, equitativa y centrada en las pacientes»

Dra. María Quindós, especialista en Oncología Médica en el Complejo Hospitalario Universitario de la Coruña (CHUAC)

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Anuario iSanidad 2025
Nieves Sebastián Mongares
Uno de los principales desafíos en la actualidad en torno al cáncer de ovario radica en hallar nuevos métodos para diagnosticarlo en fases iniciales, ya que es una enfermedad con síntomas inespecíficos que dificultan su diagnóstico temprano.

La Dra. María Quindós, especialista en Oncología Médica en el Complejo Hospitalario Universitario de la Coruña (CHUAC), desarrolla cómo la llegada de innovación terapéutica permite plantear estrategias de tratamiento cada vez más personalizadas que pueden proporcionar mayor eficacia y menores efectos adversos, mejorando así la calidad de vida de estas pacientes.

¿Cómo describiría el panorama actual del cáncer de ovario en España?
La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en el informe Las cifras del cáncer 2025, realiza una estimación de 3.748 nuevos casos de cáncer de ovario para 2025, lo que lo posiciona como el octavo cáncer más frecuente en las mujeres.

Además, es la primera causa de muerte por cáncer ginecológico en el mundo occidental. Generalmente, se presenta en mujeres posmenopáusicas, con una mediana de edad en torno a los 63 años, representando entre el 3 y el 4% de los cánceres femeninos.

En la última década, o quizá un poco más, ha experimentado un avance notable derivado de un mejor conocimiento de la biología molecular de los diferentes subtipos histológicos. También, gracias al desarrollo de nuevas estrategias de tratamiento que incluyen los inhibidores de PARP (iPARP), los antiangiogénicos u otros en investigación o que ya están recibiendo las primeras aprobaciones como los ADCs.

«El abordaje del cáncer de ovario ha experimentado un avance notable gracias a las nuevas estrategias de tratamiento»

¿Cuáles son a día de hoy los mayores retos clínicos en esta patología?
Destaca el relativo al diagnóstico precoz, ya que la mayoría de casos se detectan en estadios avanzados. También está el desafío de la cirugía, que tiene que realizarse en hospitales de referencia y por equipos quirúrgicos especializados en tumores ginecológicos. Por otra parte, hay que trabajar en la equidad en el acceso a fármacos y a test diagnósticos moleculares.

En términos de tratamiento, el reto está en el momento en que las pacientes recaen, sobre todo en aquellas que progresan de manera temprana al tratamiento de platino. Y ya tenemos biomarcadores en cáncer de ovario, pero tenemos que continuar buscando más que nos ayuden a seleccionar mejor los tratamientos, para poder dirigirnos a una medicina cada vez más personalizada en la que conozcamos los mecanismos de resistencia a cada tratamiento.

También, sabemos que el cáncer de ovario no es una entidad única, hay una gran heterogeneidad con diferentes subtipos histológicos, siendo algunos de ellos menos frecuentes como pueden ser el de células claras o el seroso de bajo grado y los endometrioides, entre otros.

El reto está en el momento en que las pacientes recaen, sobre todo en aquellas que progresan de manera temprana al tratamiento de platino

Aquí, hay que intentar lograr investigación que aporte precisión para acertar más en el tratamiento, sin dejar de lado la necesidad de mejorar los efectos adversos que ocasionan estas terapias para tratar de mejorar la calidad de vida de las pacientes. Todo ello sin olvidar que ahora existe la figura de las largas supervivientes, por lo que hay que ver cómo abordar su manejo.

Precisamente, como comentaba, el cáncer de ovario continúa diagnosticándose en muchas ocasiones en fases avanzadas, ¿qué factores explican esta situación y qué cambios serían necesarios para mejorar la detección temprana?
El cáncer de ovario suele diagnosticarse en fases avanzadas y esto se debe a que no existe un tipo de cribado o test de screening eficaz; ni la ecografía ginecológica ni la realización de marcadores tumorales se han demostrado útiles como medidas de diagnóstico precoz.

Además, las pacientes en estadios iniciales no suelen tener síntomas y los signos que aparecen son vagos e inespecíficos, siendo habitual que se confundan con patologías benignas. Entre ellos se encuentran el dolor pélvico, la distensión abdominal o hinchazón, síntomas digestivos como la saciedad precoz, alteraciones en el hábito intestinal u otros menos frecuentes como la pérdida de peso o apetito.

También se puede dar una hemorragia vaginal entre ciclos menstruales o en el caso de las mujeres posmenopáusicas. Por ello, creo que es importante concienciar a la sociedad sobre los síntomas iniciales persistentes que deberían hacer acudir al médico de atención primaria, sin dejar de lado la necesidad de formar a estos especialistas para que identifiquen los síntomas de alerta y realicen la derivación a especialistas de ginecología.

Es importante concienciar a la sociedad sobre los síntomas iniciales persistentes que deberían hacer acudir al médico de atención primaria

Asimismo, habría que reducir los tiempos de espera en la derivación a los especialistas de ginecología y las pruebas diagnósticas pertinentes, lo que se podría solucionar con circuitos y vías rápidas de derivación.

Y, desde luego, continuar la investigación sobre pruebas de cribado como las que ya hay en curso sobre biopsia líquida (ADN circulante, ctDNA) o la introducción de herramientas de inteligencia artificial que ayuden a un diagnóstico precoz que dé una posibilidad más alta de curación.

Un alto porcentaje de las pacientes experimentan recaídas, ¿cuál es el abordaje actual de estas pacientes?
Es verdad que, a pesar de la incorporación de los nuevos tratamientos de mantenimiento en primera línea, como los inhibidores de PARP o los antiangiogénicos, todavía hay un alto número de pacientes que van a recaer y en algún momento hacerse resistentes al platino. El porcentaje de recaídas puede llegar al 50-60% en tumores que presentan déficit de recombinación homóloga (HRD) positivo y en los que el HRD es negativo, puede llegar incluso al 85%.

Entonces, esto es un reto en las decisiones de tratamiento, porque nos guiamos por las guías clínicas nacionales e internacionales y hay que identificar factores como el intervalo libre de tratamiento de platino, si la paciente es subsidiaria o no de una línea de tratamiento de este tipo, ver qué tratamientos recibieron previamente, las toxicidades que presentaron, comorbilidades, preferencias… todo ello se ha de tener en cuenta para plantear un enfoque individualizado.

A pesar de la incorporación de los nuevos tratamientos de mantenimiento en primera línea, hay un alto número de pacientes que van a recaer y en algún momento hacerse resistentes al platino

Tenemos que tener claro también que, en la recaída a una primera línea, la estrategia se centra en un contexto no curativo en el que hay que priorizar el control sintomático y la calidad de vida. Y, siempre que sea posible, participar en ensayos clínicos, dado que hay un gran panorama abierto en este sentido en el cáncer de ovario.

También disponemos de nuevos fármacos como los anticuerpos conjugados fármaco (ADCs) en contextos de resistencia al platino. Con este tipo de fármacos estamos viendo buenos resultados de eficacia en esta población de pacientes.

¿Qué enfoques terapéuticos considera más prometedores para transformar el abordaje del cáncer de ovario en los próximos años?
La investigación en cáncer de ovario está ahora mismo bastante orientada a estos ADCs, que son anticuerpos que van dirigidos a antígenos que se expresan en la membrana de las células tumorales.

Además, tienen un mecanismo de acción novedoso que es como un caballo de Troya: el anticuerpo se une a estos antígenos que se expresan en la membrana de las células tumorales, internalizando la carga o payload, que es la quimioterapia, y la liberan en el interior de la célula tumoral, produciendo la muerte tumoral.

Hay más de 30 ADCs en investigación dirigidos a diferentes antígenos que se expresan en la superficie de las células tumorales. Ahora, los ADCs se están desarrollando en líneas avanzadas de cáncer de ovario como la platinoresistencia que comentaba, pero también se está explorando su uso en fases más precoces de tratamiento e incluso asociados a antiangiogénicos o inmunoterapia. Por todo ello, creo que, en un futuro, pueden tener un papel clave en el abordaje del cáncer de ovario.

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