Anuario iSanidad 2025
Nieves Sebastián Mongares
La agitación psicomotora es una condición compleja que puede afectar a personas de avanzada edad. En ocasiones, puede confundirse con otras condiciones relacionadas con el deterioro cognitivo, por la forma en que se presenta, con manifestaciones como inquietud motora, alteraciones conductuales y malestar emocional.
Todo ello supone un importante desafío asistencial y, como explica Alba Landeira, directora de la residencia de ancianos Albertia, el abordaje de estos episodios requiere priorizar una valoración individual en la que se contemplen las características de cada paciente para seleccionar la intervención más adecuada en cada situación.
¿Con qué frecuencia os encontráis episodios de agitación psicomotora y en qué momentos o contextos aparecen más?
Nos encontramos episodios de agitación con bastante frecuencia. Suelen aparecer más por la tarde-noche, durante el aseo, al mover al residente o cuando hay cambios en la rutina de los propios residentes.
¿Qué señales tempranas os avisan de que un residente va a escalar hacia una crisis?
Vemos señales como nerviosismo, hablar más alto, lenguaje inapropiado, repetición de frases, inquietud, gestos de enfado, rechazo a cuidados, disrupción del sueño…
¿Cuáles son las causas más habituales que detectáis detrás de la agitación (dolor, infección, estreñimiento, delirium, miedo, cambios ambientales…)?
Las causas más comunes que encontramos detrás de la agitación psicomotora son dolor no expresado, infecciones (orina, respiratorias), miedo, desorientación, ruido excesivo o cambios en el entorno o en el personal.
¿Qué protocolos o circuitos tenéis para actuar en una crisis: quién decide, quién lidera, cómo se documenta y cómo se revisa después?
Normalmente avisa el auxiliar o enfermería. Enfermería valora primero y consulta con el médico. Se registra lo ocurrido en su historia y después es comentado por todo el equipo multidisciplinar que hace un seguimiento para ver si los episodios son puntuales o se repiten en el tiempo. Una vez analizado, se toma una serie de medidas no farmacológicas que deben de llevarse a cabo por todo el equipo.
Antes de pensar en medidas farmacológicas, ¿qué intervenciones no farmacológicas os funcionan mejor y en qué perfiles?
En el grupo Albertia apostamos por las terapias no farmacológicas como la terapia asistida con animales, musicoterapia, salidas al exterior… Actualmente, en la residencia que yo dirijo, nos encontramos inmersos en un proyecto de robótica con la foca Nuka.
El uso de la foca terapéutica Nuka en residencias, especialmente con personas que presentan un alto deterioro cognitivo y escasa o nula comunicación verbal, aporta múltiples beneficios a nivel emocional, conductual y relacional.
«En el grupo Albertia apostamos por las terapias no farmacológicas como la terapia asistida con animales, musicoterapia o salidas al exterior»
En primer lugar, actúa como un potente estímulo sensorial, ya que su tacto suave, el calor que desprende y sus movimientos favorecen la relajación y generan sensaciones agradables en personas con gran desconexión del entorno.
Asimismo, se ha observado que disminuye la agitación, la ansiedad y las conductas disruptivas frecuentes en fases avanzadas de demencia, ayudando a que la persona se muestre más tranquila y receptiva.
Aunque no exista lenguaje verbal, la foca facilita la expresión emocional a través de gestos, sonrisas, caricias o contacto visual, estimulando formas básicas de comunicación no verbal. También promueve el vínculo afectivo, despertando sentimientos de protección, apego y ternura, lo que repercute positivamente en el estado de ánimo.
¿Qué barreras os encontráis para aplicar intervenciones no farmacológicas de forma consistente (tiempo, formación, ratios, rotación de personal, diseño del espacio)?
La principal barrera suele ser el tiempo. El día a día en residencia es muy intenso y, aunque sabemos que estas intervenciones funcionan, a veces las prioridades asistenciales mandan. También influyen las ratios de personal: cuando son ajustadas, cuesta parar y dedicar el tiempo que requieren estas terapias.
«La principal barrera suele ser el tiempo, el día a día en residencia es muy intenso»
La formación es otro punto clave, porque no todo el mundo se siente igual de seguro aplicándolas. A esto se suma la rotación de personal, que hace más difícil mantener una línea de trabajo estable. Y, por último, el diseño de los espacios: no siempre disponemos de salas tranquilas o adaptadas, lo que limita algunas actividades.
¿Cómo gestionáis el equilibrio entre seguridad (evitar daños) y dignidad/autonomía del residente, especialmente en medidas restrictivas?
Intentamos partir siempre de la mínima restricción posible. La idea es proteger sin anular a la persona. Antes de cualquier medida restrictiva valoramos causas de la agitación, alternativas no farmacológicas y el momento concreto del residente.
Cuando no queda más remedio por riesgo real de daño, se aplica de forma proporcional, supervisada y revisable. Se informa al equipo y a la familia, y se registra todo. Buscamos que la seguridad no haga perder la dignidad: cuidar la forma, el trato y el respeto es tan importante como la propia medida. Muy importante es la psicoeducación, como los profesionales de salud mental explican en vivo lo que es la enfermedad (síntoma) y la persona.
«Buscamos que la seguridad no haga perder la dignidad: cuidar la forma, el trato y el respeto es tan importante como la propia medida»
¿Qué papel tienen las familias en la prevención y manejo de la agitación: ayudan, dificultan, o depende? ¿Cómo lo abordáis?
Depende mucho. Algunas familias ayudan muchísimo porque aportan información valiosa sobre gustos, rutinas o cosas que calman a su familiar, y eso nos da muchas herramientas.
Además, su presencia puede transmitir tranquilidad. Otras veces, sin querer, generan más tensión, por ejemplo, cuando vienen muy nerviosas o insisten en temas que alteran al residente. En esos casos intentamos hablar con ellas, explicar la situación y orientarles sobre cómo actuar. La clave es trabajar en equipo y que entiendan que todos buscamos lo mismo: el bienestar de la persona.
¿Cómo coordináis la toma de decisiones con atención primaria, geriatría/psiquiatría, urgencias o farmacia, cuando el episodio se complica?
Cuando la situación se complica, contactamos primero con la Unidad de Asistencia a Residencia (UAR) o con Geriatría de nuestro hospital de referencia, para una valoración médica y posibles ajustes de tratamiento. Si el caso lo requiere, se coordina con salud mental. La clave es mantener una comunicación rápida y fluida entre todos.
«La clave es mantener una comunicación rápida y fluida entre todos»
¿Qué impacto tiene la agitación en el equipo (estrés, lesiones, desgaste emocional) y qué hacéis para cuidar a los cuidadores?
La agitación tiene un impacto relevante en el equipo, ya que genera bastante estrés cuando este se da, aumentando la tensión durante los turnos y, en algunos casos, puede provocar lesiones físicas cuando hay episodios de mayor intensidad.
Para cuidar a los cuidadores intentamos apoyarnos mucho como equipo, repartir cargas y comentar los casos. También ayudan la formación, las reuniones multidisciplinares que se celebran semanalmente, las terapias que la psicóloga del centro imparte de validación al personal y el sentir que no estás solo ante estas situaciones.
¿Qué formación específica consideras imprescindible para el personal (auxiliares, enfermería, médicos) y qué formato os funciona (simulación, casos, microformación)?
Sobre todo, formación en manejo de alteraciones conductuales e intervenciones no farmacológicas. También es importante formarse en sujeciones cero y técnicas de movilización segura.
Considero que una buena formación da seguridad al profesional y mejora mucho la atención. De hecho, nuestra residencia acaba de certificarse en ser un Centro Libre de Sujeciones Físicas y Químicas tras aplicar la formación recibida durante el año 2025.
«Una buena formación da seguridad al profesional y mejora mucho la atención»
Si pudieras cambiar tres cosas mañana (recursos, entorno físico, tecnología, coordinación sanitaria), ¿cuáles serían para reducir crisis y mejorar el manejo?
Si pudiera cambiar tres cosas mañana, empezaría por aumentar los recursos humanos, sobre todo en momentos clave del día, porque contar con más personal permite anticiparse a las crisis y aplicar intervenciones no farmacológicas con más calma y calidad.
En segundo lugar, mejoraría el entorno físico: espacios más amplios, tranquilos, con zonas de convivencia adaptadas a las necesidades de los residentes. Y, por último, reforzaría la coordinación sanitaria, facilitando un acceso más ágil a geriatría y salud mental, para ajustar tratamientos y tomar decisiones rápidas cuando los casos se complican.










