Astellas desarrolla un protocolo para una transición segura en pacientes pediátricos con trasplantes renales y hepáticos a la unidad de adultos

Este documento dirigido a profesionales sanitarios establece los pasos clave para asegurar una transición planificada, coordinada y centrada en el paciente, evitando periodos sin atención especializada

Fuente: Freepik

Redacción
Los trasplantes renales y hepáticos ocupan un porcentaje significativo del total de actividad de trasplantes en España. Solo en 2025 se realizaron 6.335 trasplantes, de los cuales el 63% fueron renales (3.999) y el 20% hepáticos (1.276). Estos procedimientos también suceden en ocasiones en población pediátrica que, además, se ve envuelta en el proceso de pasar desde la atención pediátrica hacia la medicina de adultos. Además, también coincide con la edad en la que jóvenes deben ganar autonomía, definir su identidad y asumir nuevas responsabilidades, como encargarse de gestionar una enfermedad crónica.

Un paso que, en ocasiones, resulta complicado para ellos. En muchos pacientes, esto genera «ansiedad, inseguridad y dificultades en su desarrollo personal», ha explicado el Dr. Esteban Frauca, responsable de la Unidad de Trasplante Hepático Infantil en el Hospital Universitario La Paz.

«En muchos pacientes, esto genera «ansiedad, inseguridad y dificultades en su desarrollo personal», ha explicado el Dr. Esteban Frauca

A estos retos se suman implicaciones clínicas relevantes, como la falta de adherencia al tratamiento. La Dra. Gloria Sánchez Antolín, especialista en trasplante hepático del Hospital Universitario Río Hortega (Valladolid), ha señalado que «al pasar de un entorno muy protegido a otro donde se espera mayor autonomía, hay jóvenes que olvidan la medicación o tienen más dificultades para mantener la regularidad en las consultas, lo cual puede aumentar el riesgo de rechazo del injerto o de complicaciones».

Por ello, Astellas Pharma ha desarrollado con la colaboración de hepatólogos y nefrólogos un Checklist de Transferencia para Pacientes de Trasplante Hepático y Renal Pediátrico a la Unidad de Adultos. Se trata de un protocolo dirigido a profesionales sanitarios que establece los pasos clave para asegurar una transición planificada, coordinada y centrada en el paciente, evitando periodos sin atención especializada.

Este cambio de etapa supone, además, que el paciente debe asumir progresivamente el control de su salud, lo que implica conocer su enfermedad, cumplir con el tratamiento y gestionar citas y pruebas.

«La familia siempre es importante, pero su labor ha de ir evolucionando. Mientras que, en la etapa pediátrica la familia suele asumir gran parte de la responsabilidad del tratamiento, en la transición hacia adultos es necesario que ese papel pase progresivamente a ser más de acompañamiento que de supervisión directa«, ha destacado la Dra. Sánchez Antolín.

La Dra. Sánchez Antolín ha señalado que el papel de la familia durante este periodo de transición entre ambas etapas ha de ser «más de acompañamiento que de supervisión directa»

Durante este periodo, deben ocuparse de que «el proceso sea más gradual y seguro, ayudando a reforzar hábitos de autocuidado, adherencia al tratamiento y asistencia a las consultas. Aparte, se encargan de servir de «apoyo emocional clave en una etapa de cambios personales importantes», han agregado ambos expertos.

De esta forma, este periodo de transferencia y de post-transferencia del paciente trasplantado pediátrico hepático o renal a la unidad de adultos requiere planificación, coordinación y seguimiento continuadoEntre otras cosas, «es fundamental preparar al paciente desde edades tempranas, fomentar su autonomía, acompañar a la familia e integrar la salud mental en todo el proceso», ha señalado el Dr. Frauca.

De esta manera, el protocolo desarrollado por expertos propone estructurar la transición a través de la coordinación entre equipos pediátricos y de adultos, la transferencia completa de la información clínica y el seguimiento estrecho en los primeros años.

Sin duda, «el éxito del trasplante hepático y renal pediátrico no termina en la infancia. Muchas de estas personas van a vivir décadas con su injerto, por lo que el paso a la medicina de adultos es un momento crítico. Si esto se lleva a cabo mediante un programa estructurado de transición por profesionales formados y con experiencia suficiente se puede garantizar una continuidad asistencial de calidad y mejorar los resultados a largo plazo del trasplante», han concluido los especialistas.

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