Cuidar a quienes se forman para cuidar

Ginebra Velasco Aguirrizábal, coordinación de la División de Salud Mental del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM)

Anuario iSanidad 2025
Ginebra Velasco Aguirrizábal, coordinación de la División de Salud Mental del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM)
Cuando pienso en mis primeros días en la facultad recuerdo un ambiente cargado de ilusión. Había una energía colectiva difícil de describir: las ganas de aprender, la curiosidad y esa increíble sensación de estar empezando algo grande. Con el tiempo, sin embargo, empecé a percibir cómo esa luz se iba atenuando en muchos compañeros.

No desaparecía de golpe, sino de manera discreta, casi silenciosa, erosionada por una competitividad constante, por expectativas que parecían inalcanzables y por una carga académica que convertía cada avance en una carrera de fondo sin pausas reales.

Mientras yo seguía encontrando motivos para mantener viva mi ilusión, veía a mi alrededor cómo esa chispa inicial se debilitaba en otros. La acumulación de señales se hacía evidente: agotamiento en los primeros meses del curso, la sensación persistente de no llegar a todo, conversaciones que giraban siempre en torno al estrés, a la falta de tiempo o al miedo al fracaso.

Hablar de salud mental dentro de la comunidad médica es imprescindible y es aún más urgente hacerlo entre quienes estamos formándonos

Los pasillos se convertían a veces en espacios para recuperar el aliento en apenas unos minutos y las lágrimas, cuando aparecían, se intentaban esconder para no añadir más presión a un entorno donde la vulnerabilidad suele sentirse fuera de lugar.

Todo ello me hizo comprender que hablar de salud mental dentro de la comunidad médica es imprescindible, y que es aún más urgente hacerlo entre quienes estamos formándonos. Lo que vivimos hoy influirá directamente en la forma en que cuidaremos mañana.

Los datos confirman esta realidad. El proyecto DABE, el mayor estudio nacional en estudiantes de Medicina, reveló cifras alarmantes: un 41% con síntomas depresivos, un 37% con burnout, un 25% con ansiedad elevada y un 11% con ideación suicida. No son casos aislados, sino señales de un entorno académico que puede resultar perjudicial.

Lo inquietante es cómo estas cifras se han normalizado, casi como si fueran una consecuencia inevitable de estudiar Medicina. El estudio IkerBurn, sobre médicos jóvenes y residentes, muestra que la sensación de no alcanzar expectativas no desaparece tras la carrera, sino que se intensifica. Lo que vivimos como estudiantes no es un malestar puntual, sino el inicio de un patrón que puede prolongarse en la vida clínica.

Lo que vivimos como estudiantes no es un malestar puntual, sino el inicio de un patrón que puede prolongarse en la vida clínica

A esto se suma que, según el posicionamiento en salud mental del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), las universidades aún no han construido una verdadera cultura de acompañamiento: la atención psicológica es insuficiente, los recursos no se adaptan al ritmo académico y la formación emocional sigue fuera del currículo. Se nos pide cuidar a otros mientras aprendemos en un sistema que, a menudo, descuida nuestra salud emocional.

El Manifiesto por la implantación de protocolos frente a la conducta suicida añade otro matiz: además del malestar, persiste el silencio. En Medicina, el estigma de admitir dificultades emocionales sigue vigente, como si pedir ayuda fuera incompatible con la fortaleza esperada de un futuro médico.

Todo esto lleva a una pregunta inevitable: ¿es realmente compatible este modelo educativo con la idea de formar a los médicos del futuro? Creo que no. Desde la División de Salud Mental del CEEM, considero urgente actuar. Necesitamos evaluaciones más humanas; cargas académicas asumibles; prácticas clínicas con acompañamiento emocional; y recursos psicológicos accesibles, gratuitos y diseñados para nuestra realidad. Pero, sobre todo, necesitamos instituciones que nos miren con seriedad. Que entiendan que detrás de cada cifra hay una persona exhausta, preocupada, con miedo a fallar.

Se nos pide cuidar a otros mientras aprendemos en un sistema que, a menudo, descuida nuestra salud emocional

Hablar de salud mental es hablar de calidad asistencial futura. Unos estudiantes formados bajo estrés crónico y agotamiento no podrán ser profesionales capaces de cuidar sin descuidarse. No es un problema individual: es un problema de la sociedad.

Por esta razón, el CEEM, junto con la Mutual Médica y la Organización Médica Colegial, ya hemos dado el primer paso para revertir esta situación con la creación del Servicio telemático de Apoyo Psicológico a los Estudiantes de Medicina. Sin embargo, el estudiantado requiere de más recursos para hacer frente a un problema que está a la orden del día.

Mientras no podamos expresar nuestro malestar, seguiremos atrapados en un silencio que nos hace daño a todos, no solo al estudiantado. Los tabúes son los antagonistas del conocimiento y la falta del mismo es la antítesis de la libertad.

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