La cara B de emprender en el sector dental: ¡Hablemos de salud mental!

Miguel Ángel Cañizares, CEO en MACtivación y exdirector de Maxillaris

Anuario iSanidadental 2025
Miguel Ángel Cañizares, CEO en MACtivación y exdirector de Maxillaris
Ser un excelente dentista no te prepara automáticamente para ser un gestor o empresario. Muchos profesionales del sector se encuentran con un desafío doble: la exigencia clínica y la presión de llevar un negocio, lo que a menudo lleva al estrés crónico y al temido burnout, la ansiedad, depresión y ataques de pánico.

Si eres un dentista que ha emprendido (o está pensando en hacerlo), no descuides tu salud mental, estadísticamente tienes más probabilidades de sufrir problemas de salud mental que el resto de los trabajadores. Me gustaría compartir, con todos los profesionales del sector dental, mi experiencia personal, por si leyendo este espacio, que tan generosamente me han cedido, alguna de mis palabras os pudiera ayudar.

Una lección que no ves venir. Cuando el cuerpo dice basta

Durante años pensé que la salud mental era algo que se gestionaba. Que el estrés se compensaba con deporte; que la presión era el precio natural del puesto, de crecer, de liderar y de emprender en paralelo; o que, mientras el cuerpo aguantara, todo estaba bajo control. Me equivocaba.

En 2019 culminé un largo y exigente proceso de venta la empresa, en la que llevaba 20 años, y que había dirigido durante más de 10, una de las revistas más importantes del sector dental, a una multinacional italiana. Fueron meses —años— de negociación, responsabilidad, toma de decisiones complejas y una enorme presión emocional. Tras la venta llegó la integración. Y con ella, una carga aún mayor: nuevos ritmos, nuevas exigencias, nuevas expectativas… y muy poco espacio para parar.

Yo seguía “funcionando”. Trabajaba, viajaba, tomaba decisiones. Y, sobre todo, hacía mucho deporte. El deporte era mi válvula de escape. Mi manera de liberar tensión. Mi falsa garantía de que todo estaba bien. Hasta que no lo estuvo.

Un día, sin aviso previo, sufrí un ataque, no sabía lo que era, no sabía lo que sentía, un dolor tan intenso en el pecho que me desmayé, pensé que estaba teniendo un infarto. Pero el caso es que, si me avisaba, y me volvía a avisar, pero no hacía caso a las señales y lo paga con hacer más y más deporte, pero como el cuerpo es sabio actuó nuestro mecanismo de defensa y… El cuerpo colapsó, y con él, también la idea que tenía de mí mismo: la del profesional fuerte, resiliente, capaz de con todo, que ahora tenía ataques de ansiedad.

Durante semanas me resultó imposible hacer algo tan aparentemente sencillo como abrir un ordenador. La ansiedad bloqueaba cualquier intento de concentración. No era falta de ganas. Era imposibilidad real. El sistema estaba saturado.

Tardé pocos meses en poder reincorporarme. Durante ese tiempo hice de todo lo que estuvo en mi mano, no quería caer en una depresión, y me costaba la vida levantarme de la cama, pero no podía atraparme, por desgracia en mi entorno se cómo es y no quería caer…

Fui al psicólogo, acupuntura, fitoterapia, a yoga, meditación, pádel, corrí y corrí para recuperarme cuanto antes y estar más fuerte que antes. Y cuando lo hice, fui despedido en pleno confinamiento por la pandemia. En cuestión de un corto espacio de tiempo me encontré sin trabajo, con dos negocios cerrados, sin saber qué iba a ser de ellos, de mis recursos y de las familias que dependían de esos empleos, y con la necesidad de reconstruirme personal y profesionalmente desde cero. A todo ello se sumó algo que me marcó profundamente ese momento: la insensibilidad empresarial, no hubo contexto, no hubo acompañamiento, no hubo mirada humana. Solo una decisión fría, tomada desde la lógica del corto plazo a través de una pantalla… No solo fue un golpe económico. Fue un golpe identitario. ¿Quién eres cuando todo lo que te definía desaparece? y vuelves a caer…

Lo que no nos enseñan sobre el éxito

Con el tiempo entendí algo clave: mi historia no era excepcional. Era estadísticamente normal. Los datos lo confirman: los emprendedores y directivos presentan tasas significativamente más altas de estrés crónico, burnout, ansiedad y depresión que la población general. Sin embargo, hablamos poco de ello. O lo hacemos tarde. O lo disfrazamos de “exigencia”, “ambición” o “mentalidad ganadora”.

La ansiedad bloqueaba cualquier intento de concentración. No era falta de ganas. Era imposibilidad real

El problema no es el emprendimiento o los puestos de responsabilidad o las cargas de trabajo insostenibles. El problema es cómo lo vivimos. Hemos normalizado jornadas interminables, la hiperidentificación con el proyecto, la falta de descanso real y la desconexión progresiva de lo que nos sostiene: el cuerpo, las relaciones, el sentido. Confundimos rendimiento con activación constante. Y eso, fisiológicamente, es insostenible.

El cuerpo no entiende de cierres de operaciones, ni de integraciones empresariales. Entiende de sistemas nerviosos en equilibrio o en alerta permanente. Y cuando la activación se prolonga demasiado, pasa factura. Siempre.

La trampa del “Yo puedo con todo

Uno de los mayores errores que cometí fue creer que liberar tensión con el deporte era suficiente. Hoy sé que no lo era. El ejercicio ayuda, sí. Pero no compensa una vida sin descanso mental, sin espacios de regulación emocional, sin relaciones cuidadas, sin propósito revisado.

El cuerpo puede estar fuerte mientras la mente se rompe en silencio. Tampoco pedí ayuda a tiempo, tampoco sabía que me hacía falta, sentía, como muchos profesionales, que parar podía ser fallar, y que “ya se pasaría”. No se pasó.

Emprender sin romperse es posible (pero no automático)

Con los años, y tras mucho aprendizaje personal, entendí que emprender de forma saludable no es una cuestión de actitud positiva ni de frases motivacionales. Es una cuestión de diseño. Diseñar agendas con espacios inamovibles de descanso. Diseñar hábitos pequeños pero sostenibles. Diseñar una relación más sana con el trabajo y con el éxito. Diseñar entornos donde pedir ayuda no sea un estigma.

La salud mental no se cuida cuando todo va mal. Se entrena cuando todo va bien

Pero nada de esto se sostiene en soledad. En mi proceso de recuperación fue clave apoyarme en mi pareja, en mis hijos, en mi familia y en amigos de verdad: amigos personales y también amigos profesionales. Personas que no te juzgan, que te escuchan, que te sostienen cuando tú no puedes y que te recuerdan quién eres cuando tú lo has olvidado.

La resiliencia no es aguantar más. Es aprender a pedir ayuda, aceptar que hay momentos de fragilidad y entender que caer no te define, pero levantarte sí. Poco a poco, con apoyo y perspectiva, volví a creer en mí, a recuperar energía y a reconstruir mi camino profesional.

El éxito profesional no debería costarnos la salud. Y cuando lo hace, no es valentía. Es una señal de que algo no está bien diseñado

De ese proceso nacieron nuevos proyectos. He creado dos startups, las he escalado, las he vendido, y hoy lidero mi propia agencia de comunicación y marketing especializada en el sector salud y dental MACtivación y PulsoSalud. Resurgir es posible. No como antes, sino mejor: con más criterio, más humanidad y más respeto por los límites y aprender a convivir con ellos, porque siempre estará ahí acechando y en cualquier momento nos volvemos a montar en la rueda y nos puede hacer caer.

Para mí ha sido crucial saber que no estaba solo y que hay mucha más gente de la que pensamos pasando por situaciones similares. Tras una conversación con un querido amigo, al que admiro profundamente como persona y como referente empresarial, supe que estaba fundando una asociación para ayudar a emprendedores que habían pasado —o estaban pasando— por lo mismo que nosotros www.ancla.life. Hoy colaboro con sus proyectos que trabajan precisamente en esta línea: prevención, educación y acompañamiento en salud mental para emprendedores y profesionales. No desde el miedo, sino desde la evidencia y la experiencia. Porque nadie debería tener que caer para aprender.

Insensibilidad empresarial: cuando se pierde la mirada humana

Con el tiempo comprendí que la insensibilidad empresarial no es solo un problema ético, sino también estratégico. Las organizaciones que ignoran el impacto humano de sus decisiones terminan pagando un precio, aunque no siempre sea inmediato.

Existe una especie de karma empresarial: las decisiones tomadas sin valores, sin visión y sin responsabilidad acaban pasando factura. No como castigo moral, sino como consecuencia natural de una mala gestión. No es casualidad que aquella multinacional, que priorizó la presión y el recorte humano frente al cuidado de las personas, haya terminado desapareciendo como resultado de una cadena de malas decisiones estratégicas y de gestión, lo peor que ahora ha dejado al borde del abismo a muchos profesionales y sus familias.

Una responsabilidad compartida

Hablar de salud mental en el ámbito profesional no es solo una cuestión individual, sino también de las organizaciones. Las empresas, las instituciones y los líderes tenemos una responsabilidad clara: dejar de glorificar el desgaste y empezar a valorar la sostenibilidad humana.

Cuidar la salud mental no es bajar el nivel de exigencia. Es aumentar la inteligencia del sistema. Si hoy escribo esta tribuna no es para contar una historia personal dura y de superación. Es para lanzar un mensaje claro: el éxito profesional no debería costarnos la salud. Y cuando lo hace, no es valentía. Es una señal de que algo no está bien diseñado.

Yo no vi venir mis ataques de ansiedad. O quizá sí, pero no quise escucharlo. Ojalá mis palabras ayuden a otros a escucharse antes y si te sientes identificado visita www.ancla.life y podremos escucharte y ayudar a los dentistas emprendedores: visibilizando experiencias (rompiendo el silencio sobre los desafíos mentales en el sector dental), ofreciendo herramientas (recursos prácticos para prevenir el desgaste emocional), creando comunidad (espacio seguro donde compartir experiencias y darse cuenta de que no estás solo). El éxito de tu clínica empieza por tu bienestar.

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