Anuario iSanidad 2025
Sandra Mugico, presidenta de ConArtritis
Durante décadas, las enfermedades reumáticas se han abordado fundamentalmente desde una óptica física. El dolor, la inflamación, la pérdida de movilidad o la discapacidad han sido los principales focos de atención médica y social. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la salud mental tiene un papel crucial en el bienestar y la evolución de estas patologías.
En ConArtritis lo comprobamos día a día: el impacto emocional que acompaña a la artritis y a otras enfermedades reumáticas puede llegar a ser tan limitante como los propios síntomas físicos y, en muchos casos, amplificarlos.
Recibir el diagnóstico de una enfermedad crónica supone un punto de inflexión en la vida de cualquier persona. No sólo se enfrentan a una condición que, en la mayoría de los casos, les acompañará de por vida, sino también a una serie de cambios que afectan a su entorno familiar, laboral y social.
Cada vez resulta más evidente que la salud mental tiene un papel crucial en el bienestar y la evolución de estas patologías
La incertidumbre sobre el futuro, los brotes de dolor, la falta de comprensión del entorno o la imposibilidad de realizar actividades cotidianas generan una carga emocional enorme. Ansiedad, tristeza, frustración e incluso sentimientos de culpa son reacciones frecuentes, pero no siempre se reconocen ni se abordan adecuadamente.
A menudo, el paciente prioriza su tratamiento físico: los medicamentos, las revisiones médicas, la fisioterapia… Pero cuidar la mente también es cuidar el cuerpo. Numerosos estudios han demostrado que la depresión y la ansiedad no solo aumentan la percepción del dolor, sino que pueden influir negativamente en la adherencia al tratamiento y en la evolución de la enfermedad. La relación entre mente y cuerpo es profunda y bidireccional: cuando una se ve afectada, la otra también sufre.
Hablar de salud mental en el contexto de las enfermedades reumáticas no es una cuestión secundaria, sino esencial. Por ello, desde ConArtritis este año hemos querido poner el foco sobre este tema en nuestra campaña anual de visibilización de las enfermedades reumáticas inmunomediadas, y es que no podemos seguir concibiendo la atención médica desde una perspectiva fragmentada.
Las personas con enfermedades reumáticas necesitan una atención integral que contemple su bienestar físico, emocional y social. De nada sirve aliviar el dolor si la persona sigue sintiéndose sola, incomprendida o desbordada por el miedo y la incertidumbre.
El impacto emocional que acompaña a la artritis y a otras enfermedades puede llegar a ser tan limitante como los propios síntomas físicos y, en muchos casos, amplificarlos
En ConArtritis llevamos años trabajando para visibilizar esta realidad y promover un abordaje más humano y completo. Cada año ponemos en marcha programas de apoyo psicológico, talleres de gestión emocional y grupos de ayuda mutua que permiten a las personas compartir experiencias y aprender estrategias para afrontar mejor su día a día.
La educación emocional y el acompañamiento entre iguales se han convertido en herramientas poderosas para fortalecer la resiliencia y mejorar la calidad de vida. Pero esta tarea no puede ni debe recaer únicamente en las asociaciones de pacientes. Es imprescindible que el sistema sanitario reconozca la salud mental como parte fundamental del tratamiento de las enfermedades reumáticas.
Incorporar la figura del psicólogo en los equipos multidisciplinares —junto a reumatólogos, fisioterapeutas, enfermeras, terapeutas ocupacionales— no solo mejoraría la atención, sino que también podría reducir la sobrecarga asistencial y optimizar los resultados clínicos. La evidencia científica lo respalda: una mente cuidada facilita la recuperación, potencia la adherencia terapéutica y reduce el riesgo de complicaciones.
Una mente cuidada facilita la recuperación, potencia la adherencia terapéutica y reduce el riesgo de complicaciones
Del mismo modo, es necesario formar y sensibilizar a los profesionales sanitarios para que detecten los signos de malestar emocional en sus pacientes. A veces, una simple pregunta o una escucha atenta pueden marcar la diferencia. Las personas con enfermedades reumáticas necesitan sentirse comprendidas y acompañadas, no solo tratadas desde lo físico. La empatía y la comunicación son también parte del tratamiento.
En un momento en que la salud mental está ganando visibilidad en la sociedad, no podemos dejar fuera a las personas con enfermedades crónicas. El impacto psicológico que conllevan estas patologías debe abordarse desde la prevención, el apoyo y la integración de recursos adecuados. Cuidar la mente no es un lujo, ni un complemento: es una necesidad y un derecho.
Hablar de salud mental no es mostrar debilidad; es un acto de valentía. Es reconocer que la fortaleza no consiste en soportarlo todo, sino en pedir ayuda cuando es necesario. Solo entendiendo que la salud es un todo —física, mental y social— podremos ofrecer a las personas con enfermedades reumáticas la atención integral que merecen.
Desde ConArtritis seguiremos trabajando para que esta visión global se consolide, para que cada paciente sea escuchado y acompañado en todas las dimensiones de su vida. Porque detrás de cada diagnóstico hay una historia, una persona y una mente que también necesita cuidados.










