Salud oral y diversidad: acompañando a los niños con TEA desde la consulta odontológica en atención primaria

Dra. Laura Piñas Caballero, odontóloga de atención primaria

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Anuario iSanidadental 2025
Dra. Laura Piñas Caballero, odontóloga de atención primaria
La salud bucodental es un derecho básico, pero para muchos niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no siempre es un derecho fácil de ejercer. A menudo se encuentran con obstáculos que no se ven a simple vista, pero que condicionan toda su experiencia: la sensibilidad extrema a ciertos sonidos o luces, el miedo a que alguien explore su boca, la dificultad para entender lo que va a ocurrir o la simple incertidumbre que provoca un entorno desconocido.

Todo esto convierte una visita dental, algo rutinario para la mayoría, en un auténtico desafío para ellos y para sus familias. Sabemos por la evidencia científica y por la experiencia diaria que estos niños tienen un riesgo mayor de caries, problemas gingivales y dificultades para mantener rutinas de higiene oral. Por eso es imprescindible crear modelos de atención que realmente se adapten a sus necesidades y no al revés.

Con esta realidad tan presente en nuestro día a día empezó a tomar forma nuestro proyecto ‘Salud oral en pacientes infantiles con TEA: educación para cuidadores y adaptación de la visita odontológica en atención primaria’. Lo llevamos a cabo en el Centro de Salud de Tres Cantos I, en el marco de la semana de la salud de la población, con la ilusión de crear algo útil y cercano para las familias.

Cuando más adelante recibió el Premio a Proyectos de Educación para la Salud en las IV Jornadas de Salud Comunitaria de la Comunidad de Madrid, sentimos que ese esfuerzo compartido tenía sentido. Para nosotros, este reconocimiento no es solo un motivo de orgullo; es una forma de recordar que la salud bucodental también debe tener su lugar dentro de los programas comunitarios y que necesitamos una atención realmente accesible, respetuosa y sensible a la diversidad de cada niño y de cada familia.

Desde el principio tuvimos claro que el corazón del proyecto debían ser las familias. Nuestro objetivo no era solo enseñar técnicas o dar recomendaciones, sino acompañar, escuchar sus necesidades y ofrecerles herramientas que pudieran aplicar en su día a día. En los niños con TEA, la prevención y el éxito del tratamiento dependen en gran parte de lo que ocurre en casa, y por eso era esencial construir un puente real entre el entorno familiar y la consulta odontológica.

La intervención se organizó en tres líneas de trabajo que fueron materializadas en tres talleres: higiene oral adaptada, alimentación saludable y preparación de la visita al dentista. Para ello, organizamos talleres prácticos donde fuimos abordando desde técnicas de higiene oral adaptadas hasta maneras de gestionar la selectividad alimentaria o la resistencia a la manipulación de la boca. En los talleres también abordamos un tema que preocupa a todos los cuidadores: la alimentación y el riesgo de caries. Por último, pero no menos importante, individualizar la visita al dentista es crucial. Para los niños con TEA, anticipar lo que va a ocurrir y sentirse seguros en el entorno marca la diferencia entre una visita imposible y una visita posible.

Por eso trabajamos desde dos frentes: por un lado, dotar a las familias de herramientas visuales útiles y, por otro, adaptar la consulta y la dinámica del centro de salud a las necesidades particulares de cada niño. Empezamos incorporando pictogramas, agendas visuales y vídeos que explicaban de forma sencilla qué iba a pasar y en qué orden, así como la ruta desde la puerta del centro de salud hasta la entrada al gabinete.

Pero la clave del proyecto estuvo en la adaptación individualizada, que trabajamos de manera profunda en el último taller. En ese encuentro, nos reunimos con los padres para conocer de primera mano las necesidades concretas de cada niño: qué situaciones les generan ansiedad, qué estímulos toleran peor, qué funciona bien en casa o qué les ayuda a sentirse seguros.

La salud bucodental también debe tener su lugar dentro de los programas comunitarios y que necesitamos una atención realmente accesible, respetuosa y sensible a la diversidad de cada niño y de cada familia

Con toda esa información, pudimos personalizar la visita odontológica: ajustar la luz, regular el sonido, acortar o dividir las sesiones, modificar el orden de las actuaciones, o incluso permitir que el niño se familiarizara primero con objetos neutros de la consulta.

En conjunto, esta forma de trabajar (preparación visual, apoyo a los cuidadores, adaptación del entorno y personalización de la visita) fue lo que permitió que los avances fueran reales, tal y como reflejan los resultados. En el proyecto piloto participaron 13 familias, todas valoraron los talleres como útiles y la mayoría confesó que desconocía muchos de los recursos disponibles para apoyar la salud oral de sus hijos. Pero, más allá de los datos, lo más valioso es el progreso que estamos viendo en los niños en las visitas.

Atención primaria como motor de equidad

Este proyecto reafirma que la atención primaria es el entorno idóneo para trabajar con poblaciones vulnerables. Su carácter comunitario, su cercanía a las familias y su visión preventiva permiten desarrollar iniciativas que aborden tanto las necesidades clínicas como las barreras sociales y emocionales.

Además, el proyecto encaja plenamente con la estrategia de salud comunitaria y el enfoque interdisciplinar e intersectorial que promueve la Comunidad de Madrid. La experiencia demuestra que, con recursos accesibles, coordinación adecuada y una mirada centrada en la persona, es posible transformar la manera en que muchos niños viven la consulta dental. La salud oral, al igual que cualquier aspecto sanitario, debe ser inclusiva y adaptarse a cada individuo, no al revés.

Para los niños con TEA, anticipar lo que va a ocurrir y sentirse seguros en el entorno marca la diferencia entre una visita imposible y una visita posible

El premio recibido supone un estímulo para continuar avanzando en este camino. Es una invitación a seguir innovando, a ampliar la intervención a más familias y a integrar nuevas herramientas. También refuerza la necesidad de consolidar un modelo de atención que garantice que ningún niño, independientemente de sus características o dificultades, quede fuera del sistema o tenga una experiencia negativa en él.

Por último, quiero expresar mi gratitud a todas las personas que han hecho posible este proyecto. Al equipo directivo del Centro de Salud de Tres Cantos, por su apoyo constante y su confianza en la importancia de innovar, especialmente a Mario Arancón Monge, director del centro, por su implicación directa y por favorecer la puesta en marcha de iniciativas que sitúan al paciente en el centro.

A Marta Fernández Batalla, cuya colaboración ha sido esencial para el desarrollo y coordinación del proyecto. Por supuesto, a mi compañera María Agustina Serrano Gallardo, Técnico Superior en Higiene Bucodental, cuya sensibilidad y profesionalidad han sido imprescindibles y especialmente, a las familias participantes, por su presencia, su dedicación y la generosidad de compartir sus experiencias y necesidades con nosotros.

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