Anuario iSanidadental 2025
Dr. Sergio Portal Núñez, director del Departamento de Odontología de la Universidad CEU San Pablo
Es un hecho que la enseñanza de cualquier ciencia relacionada con la salud ha cambiado enormemente. La aceleración histórica, característica tan propia de la postmodernidad alcanza todos los ámbitos de la vida y la educación en odontología no es una excepción. La intención de este pequeño comentario es señalar aquellas áreas que pueden ser importantes en la educación del futuro odontólogo en años venideros o que de hecho ya lo están siendo.
En la enseñanza de la odontología hay dos almas complementarias que se ciernen sobre su enseñanza. La más teórica, que aboga por incidir en las ciencias médicas clínicas para que el futuro profesional tenga una base sólida y no sólo técnica para afrontar las patologías del paciente. Por otro lado, siguiendo criterios más pragmáticos, focalizar la enseñanza en conocimientos técnicos más o menos elaborados.
La virtud siempre está en el medio y los planes de estudio que ahora mismo se imparten en España tienen un equilibrio adecuado entre estas dos tendencias. Sin embargo, en el futuro es probable que se requiera volver a los orígenes médicos, pues nuevas técnicas que ayudan a resolver diferentes patologías dentarias (medicina regenerativa) o incluso nuevos diagnósticos (técnicas ómicas: genómica, transcriptómica, metabolómica y proteómica) de otro tipo de enfermedades no propiamente estomatológicas que podrían realizarse o derivarse en una consulta dental, deben venir acompañadas de una fuerte base teórica para su conocimiento y aplicación.
Dado que los alumnos de odontología en sus clases prácticas no solo deben observar, sino que deben de actuar (la enseñanza de la odontología es el paradigma del aprendizaje conocido como learning by doing), la preparación previa antes de abordar el tratamiento del paciente (bajo correcta supervisión de un profesional) es de suma importancia. Esta preparación se logra en parte a través del uso de los phantomas y otras herramientas asociadas en las prácticas preclínicas. Estos medios son buenos a la hora de que el alumno pueda simular los tratamientos de las diferentes disciplinas odontológicas.
El simulador 3D, aunque supone una inversión económica importante, permite que el alumno se «equivoque» tantas veces como sea necesario con una respuesta adecuada y automática instantánea
Recientemente y en el futuro para ayudar a que los alumnos tengan una experiencia más inmersiva, el uso de simuladores de tres dimensiones (3D) ha venido a complementar y expandir las posibilidades de este tipo de simulación preclínica.
El simulador 3D, aunque supone una inversión económica importante, permite que el alumno se “equivoque” tantas veces como sea necesario con una respuesta adecuada y automática instantánea.
El simulador 3D permite muchas horas de prácticas y que alumnos cuyas curvas de aprendizaje se ven ralentizadas o limitadas puedan mejorar sus destrezas manuales y así poder completar sus habilidades antes de enfrentarse al tratamiento de una paciente con garantías. La posibilidad de importar casos reales añade un punto más de interés al alumno a la hora de la motivación tan necesaria para un aprendizaje efectivo.
En este campo es cierto que de momento no todas las situaciones reales se ven previstas. La mayor parte de los simuladores 3D reflejan adecuadamente la parte del tratamiento de los tejidos duros, pero el manejo adecuado de los tejidos blandos todavía tiene que ser mejorado y en muchos casos módulos que completen conocimientos para prácticas anestésicas, técnicas quirúrgicas o implantologías todavía no han alcanzado el desarrollo adecuado.
Completando las herramientas digitales, no podemos dejar de pensar en cómo influye actualmente el uso de la inteligencia artificial (IA) en la docencia. Si bien es cierto que de momento parece pesar más la connotación negativa relacionada con el ahorro de esfuerzo a la hora de presentar trabajos, no es menos cierto que debemos buscar los elementos que nos permitan implantar su uso de una manera más amplia y acertada.
Es probable que conforme la IA se muestre como una herramienta de aplicación en la consulta, se puedan tener ejemplos adecuados que nos permitan enseñar a los alumnos que la IA es una herramienta que ayuda en el diagnóstico y en la toma de decisiones, pero que nunca suplanta estos dos aspectos tan humanos de la relación odontólogo-paciente.
En conclusión, el futuro de la enseñanza en odontología presenta retos apasionantes que en sus aspectos positivos pueden redundar de una manera muy positiva en una enseñanza de calidad y en la formación integral del futuro odontólogo.










