“Se debe abordar el entorno obesogénico de manera preferente, limando las desigualdades y favoreciendo la educación en salud desde la infancia”

Dra. Irene Bretón, directora ConCiencia en Obesidad y endocrina en el Hospital Universitario Gregorio Marañón (Madrid)

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Juan León García
Casi uno de cada cuatro españoles (37%) convivirá con la obesidad en 2035, por lo que apremia el establecer una hoja de ruta para frenar esa tendencia y mejorar la salud de la población. Como “epidemia silenciosa”, la describen los autores del documento de consenso ‘ConCiencia en obesidad: hacia un cambio de paradigma basado en la evidencia’, elaborado por el grupo de trabajo del mismo nombre y cuya iniciativa recibe el apoyo de Boehringer Ingelheim, hace falta sentar las bases para una patología que, a juicio de la directora de ConCiencia en Obesidad, la Dra. Irene Bretón, requiere de un abordaje holístico.

En este sentido, la endocrina en el Hospital Universitario Gregorio Marañón (Madrid) y coordinadora del Área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) desgrana las principales claves del trabajo en una entrevista con iSanidad.

El documento que impulsa el grupo multidisciplinar que ha lo ha elaborado lleva en su título “hacia un cambio de paradigma basado en la evidencia”. ¿Cuál sería ese nuevo escenario a alcanzar en obesidad?
La obesidad es una enfermedad metabólica crónica que da lugar a múltiples complicaciones, impacta negativamente en la calidad de vida y genera un coste sanitario muy elevado y creciente. A pesar del avance en el conocimiento científico sobre la obesidad, persisten importantes barreras que dificultan su abordaje efectivo.

“La medida más urgente para sentar las bases del nuevo paradigma es reconocer la obesidad como una enfermedad crónica”

Entre ellas destacan la falta de políticas preventivas coordinadas, la escasa percepción social e institucional de la obesidad como enfermedad crónica, su tratamiento fragmentado entre niveles asistenciales y la persistencia del estigma en múltiples ámbitos, incluidos el sanitario, laboral y educativo. Resulta fundamental que la obesidad reciba la misma consideración que otras enfermedades crónicas y que se ponga en marcha una estrategia a nivel nacional que permitirá, en su caso, disminuir la prevalencia y mejorar la atención clínica de las personas que la padecen.

Inciden en que cualquier cambio realmente efectivo deberá contar con una política nacional “decidida, coherente y basada en la evidencia científica”. ¿Sobre qué marco regulatorio nos movemos hoy en España para hacer frente a la obesidad? ¿Qué medida es la más urgente para sentar las bases del nuevo paradigma?
En España no existe actualmente un marco regulatorio específico a nivel nacional para el abordaje de la obesidad, la enfermedad metabólica crónica más prevalente. La Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del Ministerio de Sanidad hace referencia a la obesidad como enfermedad crónica y se han desarrollado distintas iniciativas en las comunidades autónomas. La mayor parte de las acciones dirigidas a la obesidad están centradas en la prevención en la población infantil, un aspecto sumamente importante. Sin embargo, el abordaje clínico de las personas que viven con obesidad es aún una asignatura pendiente.

“A pesar del avance en el conocimiento científico sobre la obesidad, persisten importantes barreras que dificultan su abordaje efectivo”

Quizás la medida más urgente para sentar las bases del nuevo paradigma es reconocer la obesidad como una enfermedad crónica. Esta medida se debe acompañar de una voluntad política firme y un compromiso institucional que involucre a todos los niveles de la administración. Es por ello por lo que no basta con el reconocimiento formal del problema; es imprescindible una voluntad política firme y un compromiso institucional que involucre a todos los niveles de la administración.

¿Qué ocurre para que, mientras que la innovación terapéutica avance a un ritmo vertiginoso, no lo hagan así el resto de ámbitos en los que la obesidad tiene impacto?
En los últimos años ha habido, efectivamente, avances muy importantes en el conocimiento de la obesidad como enfermedad crónica. Se conocen mejor las bases fisiopatológicas y los factores que influyen en su génesis y en el riesgo de complicaciones. Incluyendo los factores genéticos, responsables en un 40-70%, la biología del tejido adiposo, incluyendo la grasa parda, y el papel de las adipoquinas, moléculas que segregan las células adiposas, en el desarrollo de las complicaciones. Se ha avanzado también en la mejor identificación de factores ambientales, como los agentes obesogénicos, el sueño, la cronobiología o el papel de la microbiota, por citar algunos ejemplos.

“El abordaje clínico de las personas que viven con obesidad es aún una asignatura pendiente”

En el ámbito del tratamiento, se conoce mejor el papel de distintas estrategias dietéticas, el beneficio de la dieta mediterránea o el papel del ayuno intermitente, y la importancia de las distintas modalidades de ejercicio físico. Por otro lado, en los últimos años hemos asistido a un desarrollo muy importante en el área del tratamiento farmacológico, ya que hoy disponemos de moléculas mucho más eficaces, con un adecuado perfil de seguridad, capaces no solo de conseguir una pérdida de peso significativa sino una mejoría o resolución de muchas de las complicaciones, además de un impacto positivo en la calidad de vida.

Analizan cómo vivimos actualmente en un entorno “profundamente”, escriben, obesogénico. ¿Es la obesidad una enfermedad consecuencia de un modelo socioeconómico perjudicial para nuestra salud? ¿Sobre qué aspectos de este sistema se debería actuar, desde su punto de vista?
La obesidad es una enfermedad compleja en cuya génesis influyen múltiples factores. Los aspectos socioeconómicos, como ocurre en otras enfermedades, ejercen un impacto negativo. La obesidad es más frecuente y tiene más complicaciones en personas con una situación socioeconómica desfavorecida, en todos los países y a cualquier edad. Y son precisamente estas personas las que tienen un peor acceso al entorno sanitario y a tratamientos innovadores. Se debe abordar este aspecto de manera preferente, limando las desigualdades y favoreciendo la educación en salud, ya desde la infancia.

“Es importante que se entienda bien en qué consiste la obesidad como enfermedad crónica, por los clínicos, por los medios de comunicación, las administraciones y los ciudadanos”

El entorno obesogénico incluye además otros aspectos, que incluyen el acceso a alimentos saludables, facilidad para la práctica de ejercicio físico, horarios que permitan la conciliación, entre otros factores. Y tampoco debemos olvidar los disruptores endocrinos, moléculas capaces de interaccionar con los sistemas hormonales, algunas de las cuales favorecen el desarrollo de obesidad y sus complicaciones

¿Por qué el abordaje de la obesidad no debe quedar limitado por determinar su naturaleza?
La obesidad es una enfermedad compleja y su abordaje, necesariamente, debe incluir un mejor conocimiento y control de los factores que favorecen su desarrollo, una estrategia dirigida a la prevención, especialmente en los niños y adolescentes y en las personas más vulnerables o con una mayor susceptibilidad e iniciativas adecuadamente coordinadas para mejorar la atención clínica.

El documento busca redefinir la manera en que se habla de la obesidad a nivel clínico, mediático y social. Mencionan la propuesta de la academia americana para cambiar su denominación hacia “enfermedad crónica basada en la adiposidad”. ¿Apoyan esta iniciativa? ¿Hay otra manera más neutra en castellano de referirse a la obesidad?
La denominación de la obesidad como una “enfermedad crónica basada en la adiposidad” hace referencia a lo que define esta enfermedad. No se caracteriza por un exceso de peso sino por un aumento de la grasa corporal, del tejido adiposo, que presenta además una alteración en su normal funcionamiento.

“En el entorno de atención primaria también destaca la falta de registro de la obesidad en los antecedentes o en el listado de enfermedades que presenta el paciente”

Es importante que se entienda bien en qué consiste la obesidad como enfermedad crónica, por los clínicos, por los medios de comunicación, las administraciones y los ciudadanos. Más allá del nombre que reciba la enfermedad, lo importante es que se comprenda en qué consiste y cuáles son sus consecuencias.

Observan que hay un número insuficiente de registros clínicos de personas que conviven con la obesidad. ¿Cómo influye este hecho en la desigualdad asistencial que puede darse en España al manejar esta enfermedad?
La obesidad no se aborda como otras enfermedades en el entorno clínico. De hecho, apenas se incluye en los registros clínicos: no se realiza una antropometría básica, que incluya peso, talla y circunferencia de la cintura y no se incluye en muchas ocasiones en los informes y en la codificación de los diagnósticos.

En el estudio Recalseen, realizado por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, se analizaron 14 millones de ingresos hospitalarios y se pudo constatar que el diagnóstico de obesidad aparecía en menos del 6%, una cifra mucho menor. En estudios recientes realizados en el entorno de atención primaria también destaca la falta de registro de la obesidad en los antecedentes o en el listado de enfermedades que presenta el paciente.

Este hecho, indudablemente, dificulta la atención, incrementa la variabilidad en la práctica clínica y la desigualdad en el acceso.

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