Anuario iSanidad 2025
Dra. María Eugenia González Domínguez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad del Trabajo (SEMST)
La medicina del trabajo, entendida en sentido amplio como el conjunto de disciplinas que integran la salud laboral —incluyendo tanto la práctica de la medicina como la enfermería del trabajo y otras especialidades preventivas—, afronta una etapa de transformación marcada por profundos cambios tecnológicos, organizativos y sociales. Adaptarse a las nuevas realidades laborales se ha convertido en un desafío ineludible para garantizar entornos de trabajo más saludables, seguros y sostenibles.
Los riesgos tradicionales, como la exposición a agentes químicos, biológicos o físicos, continúan representando una amenaza significativa. Hoy en día conviven con riesgos emergentes derivados de las transformaciones del mundo laboral.
La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA, por sus siglas en inglés) identifica entre ellos los relacionados con la digitalización (automatización, trabajo remoto, hiperconectividad), los riesgos psicosociales (estrés, violencia, carga mental y emocional); y los riesgos ambientales y biológicos asociados al cambio climático, la economía circular, los nuevos materiales y el uso de nuevas tecnologías.
Adaptarse a las nuevas realidades laborales se ha convertido en un desafío ineludible para garantizar entornos de trabajo más saludables, seguros y sostenibles
A estos peligros se suman los desafíos derivados del envejecimiento de la población trabajadora y las nuevas formas de empleo, que exigen respuestas preventivas más flexibles y adaptadas.
Esta confluencia de riesgos obliga a evolucionar desde un enfoque centrado exclusivamente en la prevención clásica hacia una estrategia integral de salud global desde una perspectiva de género, capaz de anticiparse a los cambios y promover entornos laborales resilientes y saludables.
De acuerdo con el Marco Estratégico de la UE 2021-2027 en Seguridad y Salud Laboral, el cáncer sigue siendo la principal causa de muerte relacionada con el trabajo en Europa. Este dato subraya la necesidad urgente de reforzar la protección frente a agentes peligrosos como el polvo de sílice cristalina, el gas radón o los compuestos carcinógenos industriales.
Reducir la exposición, promover el diagnóstico precoz y fortalecer la investigación científica son prioridades esenciales para disminuir la incidencia del cáncer profesional y avanzar hacia lugares de trabajo más seguros.
La lucha contra el cáncer laboral representa el paradigma de los riesgos tradicionales; sin embargo, los desafíos actuales no se limitan a los agentes físicos o químicos. A estos se suman riesgos menos visibles, pero con un impacto igual de devastador, como los trastornos mentales asociados al trabajo.
Reducir la exposición, promover el diagnóstico precoz y fortalecer la investigación científica son prioridades esenciales para disminuir la incidencia del cáncer profesional y avanzar hacia lugares de trabajo más seguros
El paralelismo entre ambos —el daño físico por exposición a tóxicos y el deterioro psíquico derivado de entornos organizativos nocivos— pone de manifiesto que la medicina del trabajo debe proteger al trabajador de manera integral, abordando tanto los factores biológicos como los psicosociales.
Los trastornos mentales constituyen ya la segunda causa de incapacidad temporal en España. Las cifras muestran un crecimiento muy significativo de los trastornos mentales asociados al trabajo. Entre 2018 y 2024, las bajas por síntomas emocionales aumentaron cerca de un 490%, los diagnósticos de estrés grave un 230% y los trastornos de ansiedad un 120%.
Esta realidad supone un desafío tanto para la salud pública como para la salud laboral, al requerir una respuesta coordinada que integre la prevención, la detección precoz y la promoción del bienestar en los entornos de trabajo.
La medicina del trabajo debe evolucionar desde un modelo de vigilancia hacia uno de prevención proactiva y colaborativa, en el que se integre la salud física, mental, ambiental y social. En este contexto, la colaboración entre los servicios de salud laboral y la atención primaria (AP) adquiere un papel esencial.
El Ministerio de Sanidad ha propuesto la inclusión de las condiciones laborales en la historia clínica electrónica, lo que permitirá identificar mejor el trabajo como determinante de salud y fortalecer la coordinación entre los servicios de prevención y los profesionales de atención primaria.
Esta interconexión es clave no solo para la detección de los trastornos mentales relacionados con el trabajo, sino también para el abordaje integral de otras patologías crónicas y enfermedades musculoesqueléticas, cardiovasculares o respiratorias vinculadas al entorno laboral.
Incorporar la colaboración entre atención primaria y medicina del trabajo en todos los contextos es una condición indispensable para avanzar hacia una verdadera cultura de salud integral
La creación de rutas asistenciales compartidas entre la atención primaria, la medicina del trabajo y la salud mental permitiría una gestión más eficiente de los casos, favoreciendo la recuperación funcional, la adaptación de los puestos y la reincorporación laboral saludable.
Esta colaboración debe sustentarse en la confidencialidad, la bidireccionalidad de la información y un enfoque biopsicosocial que ponga en el centro la salud de la persona trabajadora.
En última instancia, la salud laboral del siglo XXI debe concebirse como un proceso dinámico de interacción entre la persona, el trabajo y el entorno. Incorporar la colaboración entre atención primaria y medicina del trabajo en todos los contextos —desde la promoción y la prevención hasta la vigilancia y la rehabilitación— es una condición indispensable para avanzar hacia una verdadera cultura de salud integral.
Solo desde una visión conjunta y con el enfoque One Health, que conecta la salud humana, ambiental y laboral, podremos garantizar un futuro en el que el trabajo sea fuente de desarrollo, bienestar y equidad.









