Marcos Llorente: muchos seguidores no implican tener razón

No se trata de demonizar a Marcos Llorente, sino de asumir que la popularidad no es un aval científico porque la confianza no se gana con seguidores, sino con evidencia

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Luis de Haro. Director general de iSanidad
Millones de personas escuchan, comentan y comparten lo que dicen figuras públicas cuya visibilidad crece a la velocidad de un clic. Sin embargo, conviene recordar una idea básica: tener voz no equivale a tener razón. Y, sobre todo, el número de seguidores no convierte a nadie en experto en cualquier materia. El caso de Marcos Llorente ilustra bien este problema. Con más de 2,5 millones de seguidores y una trayectoria impecable como futbolista de élite, su influencia es indiscutible. Sin embargo, su reciente defensa del llamado callo solar —acompañada de un rechazo a los protectores solares— pone sobre la mesa una cuestión fundamental: ¿debemos fiarnos de alguien por su popularidad o por su conocimiento acreditado? La acumulación de audiencia no aporta evidencia científica.

Las opiniones de Marcos Llorente sobre el callo solar es una prueba de que la acumulación de audiencia no aporta evidencia científica

Un buen divulgador no apela a su estatus, sino a la evidencia. No dice “créeme porque soy yo”, sino “esto es lo que sabemos y aquí puedes comprobarlo”. Por el contrario, cuando un mensaje carece de referencias a estudios científicos revisados por pares, lo prudente es desconfiar. El llamado callo solar no cuenta con respaldo científico sólido. La posición de organismos como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) es clara: este concepto no existe como mecanismo protector fiable, y la exposición solar sin protección constituye un riesgo real para la salud. La evidencia acumulada es contundente: la radiación ultravioleta produce daño cutáneo progresivo, acelera el envejecimiento de la piel y aumenta el riesgo de cáncer.

La ciencia avanza a través del consenso, no de opiniones individuales ni de experiencias personales. No se construye con “a mí me funciona” o “yo creo que…”, sino con datos, replicación de resultados y revisión crítica por parte de la comunidad científica. Cuando instituciones como la AEMPS, la AEDV o la OMS coinciden, el mensaje es claro. Frente a ello, afirmar que “creer que el cáncer de piel aparece por el sol es de ignorantes” no es aportar conocimiento, sino distorsionarlo. Y cuando esto se hace desde plataformas con millones de seguidores, deja de ser una opinión individual para convertirse en un potencial problema de salud pública.

Asegurar que «creer que el cáncer de piel aparece por el sol es de ignorantes” es un potencial problema de salud pública

Otra señal de alerta es el tono. Los mensajes que prometen “la verdad que nadie te cuenta”, que apelan a supuestas conspiraciones o que desacreditan el conocimiento establecido suelen buscar impacto, no precisión. La ciencia rara vez es absoluta: se expresa en términos como “evidencia”, “probabilidad” o “correlación”. Es prudente, matizada y, en muchas ocasiones, menos atractiva que los titulares incendiarios. Precisamente por eso, cuando alguien presenta una idea disruptiva como una certeza incuestionable, conviene dar un paso atrás.

Marcos Llorente es una referencia en el fútbol. Su conocimiento del alto rendimiento, la disciplina y el entrenamiento es incuestionable en ese ámbito. Pero eso no le convierte en experto en dermatología, oncología o salud pública. La pediatra Lucía Galán (@luciamipediatra) lo resume con claridad: a cada profesional se le consulta por su área de especialización. No porque carezca de opiniones fuera de ella, sino porque la autoridad científica debe estar respaldada por formación y evidencia. Ese es el punto clave: no se trata de desacreditar a nadie, sino de contextualizar.

Lo mejor es que a cada profesional se le consulte por su área de especialización, no por su número de seguidores

El verdadero problema no es que una figura pública opine fuera de su ámbito —algo que siempre ha ocurrido—, sino el alcance actual de esos mensajes. Hoy, millones de personas pueden recibirlos sin filtros. Seguir a alguien no implica asumir como ciertos todos sus mensajes. Implica, o debería implicar, desarrollar criterio. Ese criterio puede apoyarse en tres reglas básicas: buscar fuentes fiables, atender al consenso científico y desconfiar del sensacionalismo. En un entorno saturado de información, estas herramientas son esenciales para diferenciar entre divulgación y desinformación.

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