Papel de las sociedades científicas en las estrategias de salud

Dr. Juan Donate López, tesorero de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV) y Dr. Alfredo García Layana, presidente de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV)

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Anuario iSanidad 2025
Dr. Juan Donate López, tesorero de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV) y Dr. Alfredo García Layana, presidente de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV)
El trabajo de profesional de la salud: médico especialista o generalista, gestor, clínico o investigador, en cualquier entorno, público, privado, consultor… da igual donde se realice; cada vez está más sujeto a protocolos, vías clínicas, gestión sistematizada de datos y tratamiento de estos con fines estadísticos, de gestión, etc.

Quizás corramos el riesgo de olvidar la esencia más humanística de la atención médica, esa parte intuitiva de la toma de decisiones influenciada por la interacción, fundamentalmente del médico con el paciente; pero también por otros entornos, como la experiencia trasmitida por otros colegas, lo que venimos a llamar hoy en día redes de conocimiento; y, por qué no, por las limitaciones o ventajas sociales de cada caso.

Vivimos en el momento de la medicina basada en la evidencia y de su derivada, la medicina de precisión. Esta, sin duda, exprime toda esa sistemática de datos: la ordena, procesa, presenta y nos da argumentos irrevocables para la toma de decisiones, con un estrecho margen de discusión.

Este punto ha mejorado los resultados de nuestras acciones; nos ha ofrecido argumentos para tomar decisiones aparentemente valientes y, sobre todo, para entender el curso de los acontecimientos de cada proceso que atendemos.

Vivimos en el momento de la medicina basada en la evidencia y de su derivada, la medicina de precisión

Sin embargo, ¿cómo llegamos a ese árbol de decisiones? Para ello, hemos de responsabilizarnos de esa sistematización en la recogida de datos, estructurarlo, darle un sentido y, sobre todo, un fin para que esté centrado en el paciente, en el resultado, aunque no podamos perder de vista la necesidad de tener en cuenta aspectos que, inevitablemente, rodean cada uno de nuestros actos.

¿Quién ha tomado la iniciativa de esta labor? ¿Y quién se responsabiliza de esas acciones? En la atención sanitaria podríamos considerar que hay varios actores necesarios para procesar cualquiera de las decisiones. Cada uno tendrá recursos y conocimientos para ser óptimo en diferentes perspectivas.

Qué sería de los resultados en salud si sólo atendiéramos a las decisiones institucionales, bien públicas o privadas, donde los argumentos economicistas y en ocasiones hasta populistas tienen un peso importantísimo en el tratamiento de los datos. Qué sería de las decisiones si la industria fuera la única supervisora, pensando que los balances económicos y las estrategias de supervivencia de cada empresa son prioritarios por su naturaleza.

En la atención sanitaria podríamos considerar que hay varios actores necesarios para procesar cualquiera de las decisiones

Qué sería de las mismas decisiones si fueran los médicos los últimos responsables de estas. Lamentablemente, en nuestra formación de base nos faltan muchas de esas variables que rodean la atención sanitaria a escala poblacional.

Por contra, el médico tiene el conocimiento profundo del proceso, del porqué y de las consecuencias biológicas de cada decisión y, lo más importante, de la interacción con el paciente, al que tienen que trasmitir esa decisión.

Quizás por esto los facultativos han tenido desde siempre la necesidad de asociarse, generar comunidades y, de esa manera, tener acceso a herramientas necesarias para que su opinión esté cargada de la evidencia y la fuerza suficientes que les permita convertirse en actores decisorios en el diseño de la recogida y tratamiento de datos; y, lo más importante, su gestión, difusión y puesta en práctica en cada entorno para un uso racional y sensato con resultados óptimos.

Así, las sociedades científicas son la consecuencia lógica y necesaria para un colectivo imprescindible por la naturaleza de las acciones que desempeña, pero que está influenciado en demasía por quien dicta la norma y quien dispone de los presupuestos.

Las sociedades científicas tienen la misión de unificar los esfuerzos individuales; generar corrientes de opinión; poner las herramientas necesarias al servicio de sus asociados, para que puedan dirigirse a otros estamentos con los que deben discutir; y gestionar los recursos asignados.

La experiencia de un colectivo es más convincente que la de un individuo aislado. El rigor científico de un colectivo ha de dominar a la opinión particular para alinear a cuantos más miembros sea posible.

El rigor científico de un colectivo ha de dominar a la opinión particular para alinear a cuantos más miembros sea posible

Pero las sociedades también tienen la obligación de arbitrar entre lo institucional y lo comercial, y entre estos y el mismo facultativo. También entre todos ellos y el paciente, al que le debe llegar una decisión en la que se han ponderado todos y cada uno de estos factores para la resolución de su proceso, pero también con vistas a la utilidad de la sociedad a la que pertenece el individuo.

Deben exigírseles ser auditables y ser apoyadas. Las sociedades científicas son árbitros, herramienta y altavoz del facultativo.

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