¿Estamos mejor preparados para la próxima pandemia?

Dr. Juan Emilio Echevarría, presidente de la Sociedad Española de Virología (SEV)

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Anuario iSanidad 2025
Dr. Juan Emilio Echevarría, presidente de la Sociedad Española de Virología (SEV)
La capacidad innata de los virus para saltar de una especie a otra a través de mecanismos adaptativos es la causa última de la emergencia de nuevas enfermedades víricas y el origen último de las pandemias. Se trata de un proceso natural que se ha producido, se produce y se seguirá produciendo: habrá una nueva pandemia, aunque no podemos predecir cuándo.

La principal fuente de virus con potencial pandémico es la fauna silvestre con la que los seres humanos establecemos contacto, directamente o a través de animales domésticos que actúan de intermediarios.

El comercio ilegal de animales, su consumo sin control sanitario, la invasión de hábitats silvestres tras su deforestación, la pérdida de la biodiversidad y los efectos del cambio climático son los factores que propician dichos contactos y sirven de escenario a la emergencia de estas enfermedades.

Su posterior y rápida dispersión global se ve propiciada por factores asociados a la pobreza, como la falta de acceso a una vivienda digna o a la asistencia sanitaria; y acelerada por la creciente densidad de población y el desarrollo de los medios de transporte.

La principal fuente de virus con potencial pandémico es la fauna silvestre con la que los seres humanos establecemos contacto, directamente o a través de animales domésticos

Por ello, la prevención de las pandemias solo puede afrontarse a través de la generación de conocimiento bajo la perspectiva de la salud humana, veterinaria y ambiental concebidas como una sola salud, y de la cooperación al desarrollo.

La gripe de 1918 fue la primera pandemia de la que tenemos datos fiables, estimándose que causó unos 20 millones de muertos. En los años 1957, 1968 y 2009 se produjeron otras menores, también de gripe. Pero la más devastadora de todas, el sida, con más de 40 millones de víctimas, fue causada por un retrovirus, un agente totalmente inesperado. Por eso, las actuales listas de agentes potencialmente pandémicos siempre acaban con el denominado agente X.

La pandemia de covid-19 causó más de seis millones de muertes y un exceso de mortalidad estimado en torno a 18 millones. Su control nos obligó a tomar medidas no farmacológicas que impactaron profundamente en nuestras vidas, además de forzarnos a un enorme esfuerzo global de investigación y desarrollo que permitió disponer de vacunas innovadoras y eficaces en tiempo récord.

La gestión sanitaria y social de la pandemia requirió, por otra parte, la movilización de una magnitud de recursos económicos, logísticos y técnicos hasta entonces desconocida, al tiempo que la economía casi se paraba. Incluso se revelaron las costuras de los sistemas sanitarios más avanzados, que alcanzaron una situación de colapso.

La prevención de las pandemias solo puede afrontarse a través de la generación de conocimiento bajo la perspectiva de la salud humana, veterinaria y ambiental concebidas como una sola salud

La respuesta de la población fue, como en tantas otras ocasiones, ejemplar y gracias a ello todo ese esfuerzo logístico acabó por dar sus frutos. Todas estas fortalezas y capacidades adquiridas han quedado y, además, han surgido multitud de iniciativas globales para potenciarlas.

Por ejemplo, en la Unión Europea se ha creado la Autoridad para la Respuesta Sanitaria de Emergencia (HERA, por sus siglas en inglés) y se han financiado muchas iniciativas de investigación e infraestructuras, que se esperan coordinar mejor cuando en 2026 comience a funcionar el partenariado para preparación ante pandemias Be Ready Now.

En España se han mejorado los sistemas de vigilancia de infecciones respiratorias, se ha aprobado una nueva y ambiciosa estrategia de salud pública y se está trabajando en la creación de una nueva Agencia de Salud Pública.

Aunque es cierto que hay aspectos esenciales que no han avanzado como debieran, hace tan solo unos meses mi respuesta a la pregunta planteada en el título de este artículo hubiese tenido un tono más optimista. Desgraciadamente, los últimos giros de la política global no ofrecen una perspectiva alentadora.

La salida de la primera potencia mundial de la Organización Mundial de la Salud, la progresión de movimientos ideológicos que propician el abandono del conocimiento como base del diseño de las políticas públicas, el drástico recorte de los fondos internacionales de cooperación al desarrollo o el abandono de la diplomacia como marco de entendimiento entre las naciones son incompatibles con la adecuada preparación ante crisis sanitarias y, por tanto, con el avance hacia un mundo mejor y más seguro. Porque si hay algo que el covid-19 nos ha enseñado es que no hay mayor amenaza para nuestra seguridad que una nueva pandemia.

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