Tu código postal, tu mayor condicionante de salud

Pedro Soriano, enfermero y divulgador científico

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Pedro Soriano, @EnfermeroEnRed | Enfermero y divulgador científico. Director del Área de Relaciones Públicas y Portavocía del Codem. Director del máster universitario de Salud Digital de la Universidad Europea de Madrid
Hay conversaciones que te hacen parar. Que te obligan a recolocar ideas que creías bien colocadas. La que tuve con Pedro Gullón en El Relevo fue una de ellas.

Pedro es director general de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad. Un cargo técnico, discreto, alejado del foco mediático. Y precisamente por eso, lo que tiene que decir merece mucha más atención de la que normalmente recibe.

«La atención primaria debe ser más fuerte, robusta y cuidada para actuar antes de la enfermedad»

Le pregunté, como enfermero y como divulgador, por algo que me preocupa desde hace tiempo: ¿cuánto depende nuestra salud de lo que decidimos, y cuánto de lo que nos rodea? Su respuesta fue directa y sin adornos: más de lo que queremos admitir, depende del entorno. Del barrio. Del trabajo. De si llegas a fin de mes o no.

La salud empieza antes del hospital

Una de las cosas que más me impactó fue cuando describió la salud pública como «la mejor salud pública es la que no se ve». Cuando no hay pandemias, cuando no hay alertas, cuando no pasa nada… es porque algo está funcionando. Hay profesionales en puertos y aeropuertos evaluando riesgos cada día. Hay epidemiólogos analizando señales débiles que nunca llegarán a los titulares. Hay políticas de vacunación, de tabaco, de alimentación, trabajando a décadas vista.

El problema es ese precisamente: que lo invisible no genera titulares. Y lo que no genera titulares, no genera presupuesto. Es mucho más fácil conseguir fondos para inaugurar un hospital con tecnología de última generación que para poner en marcha un programa de prevención en un barrio con renta baja. Aunque ese programa salve más vidas.

El código postal importa más que el genético

Esta frase de Pedro me parece uno de los mejores resúmenes de salud pública que he escuchado. Y es que cuando hablamos de por qué unas personas enferman más que otras, solemos buscar la respuesta en la genética, en los hábitos individuales, en las decisiones personales. Pero la evidencia científica lleva décadas diciéndonos otra cosa.

La obesidad infantil, por ejemplo, está bajando en familias con rentas altas. Y sigue subiendo en familias con rentas bajas. No porque unos niños tengan más fuerza de voluntad que otros. Sino porque unos tienen más tiempo, más recursos, más entornos que facilitan la vida saludable, y otros no.

«La vivienda y la precariedad laboral son hoy grandes determinantes de salud y salud mental»

Tu capacidad de cocinar depende de cuántas horas trabajas. Tu acceso al ejercicio depende de si tu barrio tiene zonas verdes o no. Tu nivel de estrés depende, en buena parte, de si puedes pagar el alquiler este mes. Todo eso es salud. Y todo eso está fuera del control individual.

La vivienda es salud

Pedro lo dijo sin rodeos: el principal problema de salud y salud mental en España ahora mismo es la vivienda y lo laboral. No es un problema de hospitales. No es un problema de fármacos. Es el estrés psicosocial de ir al límite constantemente. De no saber si vas a poder renovar el contrato. De compartir piso a los 35 años no por elección, sino por obligación.

Ese estrés llega a las consultas. Los profesionales de enfermería y medicina lo vemos: hay pacientes a los que puedes tratar los síntomas, pero no puedes resolver el problema de fondo. El problema de fondo es su situación habitacional. Y eso no entra en ningún protocolo clínico.

Por eso me parece tan potente su propuesta: que cualquier ley de vivienda lleve obligatoriamente una memoria de impacto en salud. De la misma manera que se exige evaluar el impacto económico de una medida legislativa, deberíamos exigir que se evalúe cómo va a afectar a la salud física y mental de la población. No es una idea radical. Es sentido común con evidencia detrás.

Prepararnos para lo que viene

La pandemia nos pilló con muchas cosas por mejorar. Pedro no lo dice con dramatismo, lo dice con frialdad técnica: habrá más pandemias. La gripe aviar, el ébola, los virus que cruzan la barrera entre especies animales y humanas… La vigilancia epidemiológica no es alarmismo. Es la única forma sensata de estar preparados.

Y aquí entra un concepto que cada vez más profesionales de salud deberíamos conocer: Una Sola Salud. La idea de que la salud humana, la animal y la medioambiental están completamente interconectadas. No podemos entender una sin las otras. Y el cambio climático, me recordó Pedro, es la mayor amenaza de salud pública del siglo XXI.

«La mejor salud pública es la que no se ve», afirma Pedro Gullón

Lo que aprendí de esta conversación

Salí de ella con la sensación de que en salud tendemos a hablar mucho de lo que pasa dentro de los hospitales y poco de lo que pasa fuera. Y sin embargo, lo que pasa fuera: en el barrio, el trabajo, la vivienda y el entorno, determina en gran medida si acabamos entrando o no por esa puerta de hospital.

Como enfermero, recordé algo que creo desde hace mucho: nuestro papel no termina en la cama del paciente. Empieza mucho antes. En la comunidad, en la prevención, en la defensa de políticas que protejan la salud de las personas antes de que enfermen. Por eso la Atención primaria tendría que ser la más fuerte, robusta y cuidada.

Como divulgador, me llevo la obligación de seguir poniendo en valor el trabajo de quienes, desde la salud pública, hacen que muchas cosas malas no ocurran. Aunque nadie les vea. Aunque nadie les aplauda. Porque la mejor salud pública, como bien dice Pedro Gullón, es la que no se ve.

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