Dr. José Manuel Carrascosa Carrillo, jefe del Servicio de Dermatología en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol
Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha consolidado el reconocimiento de la obesidad como una enfermedad crónica. Para los clínicos no es ninguna sorpresa, ya que desde hace tiempo la consideramos como una enfermedad compleja, multifactorial y de difícil manejo.
Sin embargo, este hito representa un soporte para muchos pacientes, que ven reconocido su principal problema de salud como una entidad definida y prioritaria, a menudo asociada a no pocos prejuicios.
En dermatología, y en particular en inflamación cutánea, la obesidad es un proceso habitual en algunos de los principales motivos de consulta en nuestro día a día, como la psoriasis o la hidradenitis.
En un estudio que lideramos desde nuestro centro y fundamentado en el registro Biobadaderm, encontramos que la incidencia de obesidad en los pacientes con psoriasis moderada-grave doblaba a la de la población general. Hasta el 30% de los pacientes con psoriasis moderada-grave presentaba obesidad.
Hasta el 30% de los pacientes con psoriasis moderada-grave presentaba obesidad
Desde hace tiempo sabemos que psoriasis y obesidad comparten la categoría de inflamación de bajo grado, y también un idioma común en forma de interleucinas pro-inflamatorias, las claves que definen la activación del sistema inmunitario. La obesidad favorece la psoriasis y la psoriasis la obesidad.
A este componente biológico se suma la incomodidad física por la fricción en los pliegues cutáneos, zonas de difícil manejo y enorme morbilidad, que agrava la evolución de las lesiones de psoriasis.
Los pacientes con psoriasis moderada-grave y obesidad se encuentran, además, ante la falta de comprensión no sólo de su ámbito social, que considera que «deberían hacer más esfuerzo» para adelgazar.
La inflamación propia de la obesidad viene condicionada en muchas ocasiones y, genéticamente, es biológicamente muy compleja y tiene sus propias dinámicas
Si no, incluso, a menudo, de sus propios profesionales sanitarios, que simplifican los objetivos de pérdida de peso en una disciplina alimentaria o de ejercicio físico. La inflamación propia de la obesidad viene condicionada en muchas ocasiones y, genéticamente, es biológicamente muy compleja y tiene sus propias dinámicas, que no van a ser revertidas por simples hábitos dietéticos o saludables, por más que estos sean recomendables.
La co-existencia de psoriasis o de artritis psoriásica complica, frecuentemente, la práctica de estos hábitos y dificulta aún más una interacción normal del paciente con su ámbito social y personal.
En una sociedad marcada por el culto a la imagen, la confluencia de la psoriasis y el sobrepeso o la obesidad multiplica el estigma, el rechazo y el aislamiento. El miedo al rechazo los lleva con frecuencia a la ansiedad, la depresión y a renunciar a actividades cotidianas.
El miedo al rechazo los lleva con frecuencia a la ansiedad, la depresión y a renunciar a actividades cotidianas
Muchos de mis pacientes arrastran un desgaste emocional devastador y acuden buscando, no solo alivio para su piel, sino también empatía y comprensión. Por eso, debemos tratar su piel, pero mediante un abordaje integral al paciente de una manera holística.
Es en este escenario tan complejo, la publicación de los resultados del ensayo clínico fase 3b Together-PsO, que evalúa el uso concomitante de una terapia incretina —tirzepatida— junto a un biológico —ixekizumab— en adultos con obesidad o sobrepeso y psoriasis moderada-grave representa una nueva esperanza.
El estudio demostró que, después de 36 semanas, el 27,1% de los pacientes que recibió el tratamiento concomitante logró alcanzar un objetivo terapéutico ambicioso: el aclaramiento completo de la piel y una pérdida de peso igual o mayor al 10%, frente a solo el 5,8% de los tratados con ixekizumab en monoterapia.
Pero más allá de las cifras, vale la pena reflexionar sobre el impacto directo en la calidad de vida de las personas. El 71,7% de los pacientes bajo el tratamiento concomitante logró una afectación nula o mínima en su calidad de vida (DLQI 0 o 1) en semana 36. Estos datos son un reflejo de cómo el objetivo de abordar de forma combinada los problemas de salud de nuestros pacientes es el camino correcto.
Los datos del estudio son un reflejo de cómo el objetivo de abordar de forma combinada los problemas de salud de nuestros pacientes es el camino correcto
Cuando dos problemas de salud como la psoriasis y la obesidad se potencian de forma sinérgica, reducir la adiposidad no solo mejora el perfil cardiometabólico, sino que optimiza la propia evolución de la psoriasis.
Las lecciones del estudio son numerosas y suponen un salto cualitativo en la aproximación a nuestros pacientes. Debemos ser médicos holísticos, trabajar para abordar todos los problemas de salud de nuestros pacientes, no dolencias concretas. Por nuestros medios o en colaboración con otros especialistas, de forma multidisciplinar, cuando se requiera.
Este abordaje abre también la vía a la mejora de otro de los frentes fundamentales en nuestros pacientes con psoriasis moderada-grave: la comorbilidad cardiometabólica, que puede beneficiarse de esta estrategia combinada.
Hoy, más que nunca, este enfoque combinado representa un escenario esperanzador para nuestros pacientes. No sólo porque tenemos fármacos con grandes expectativas de respuesta con un perfil de seguridad más que aceptable – que también-, sino porque nuestros pacientes entienden que nos dirigimos no sólo a sus enfermedades, sino a ellos mismos como personas.







