Regular la IA para preservar la seguridad del paciente

Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)

Especial RSC & Sostenibilidad iSanidad 2026
Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)
La inteligencia artificial ha llegado para transformar la medicina. Ya está presente en herramientas que ayudan a diagnosticar enfermedades, facilitan la investigación biomédica, optimizan procesos asistenciales y permiten analizar grandes volúmenes de información clínica. Sus posibilidades son extraordinarias y, bien utilizada, puede contribuir a una atención sanitaria más precisa, más segura y más eficiente.

Sin embargo, junto a esta revolución tecnológica emerge una pregunta esencial: ¿cómo garantizar que el progreso siga estando al servicio de las personas? La respuesta pasa necesariamente por la regulación, la ética y la responsabilidad profesional. Porque la inteligencia artificial no es únicamente una cuestión tecnológica; es también un desafío humano.

La verdadera discusión ya no consiste en preguntarnos qué puede hacer la IA, sino qué debemos permitirle hacer y cuáles son los límites que nunca deben ser traspasados. La medicina siempre ha evolucionado de la mano de la innovación.

La inteligencia artificial no es únicamente una cuestión tecnológica; es también un desafío humano

La incorporación de nuevas técnicas diagnósticas, los avances farmacológicos o la cirugía robótica han ampliado nuestra capacidad para curar y aliviar el sufrimiento. Pero cada uno de esos avances exigió construir marcos éticos y normativos que garantizaran la seguridad de los pacientes y protegieran su dignidad. Con la inteligencia artificial sucede exactamente lo mismo.

Los riesgos existen y no deben minimizarse. Los algoritmos pueden reproducir sesgos presentes en los datos con los que han sido entrenados, generar desigualdades en el acceso a la atención sanitaria, comprometer la privacidad de información especialmente sensible o introducir una preocupante opacidad en procesos de decisión clínica.

Además, existe una tentación especialmente peligrosa: pensar que una herramienta capaz de procesar millones de datos puede sustituir el juicio profesional, la experiencia clínica o la relación de confianza entre médico y paciente. No puede hacerlo. Y no debe hacerlo.

La IA no puede ni debe sustituir el juicio profesional, la experiencia clínica o la relación de confianza entre médico y paciente

La esencia de la medicina continúa siendo profundamente humana. Ningún algoritmo puede reemplazar la empatía, la escucha, la compasión o la capacidad de comprender el contexto vital de una persona enferma. La tecnología puede ayudar a tomar mejores decisiones, pero la responsabilidad última siempre debe seguir recayendo en profesionales formados, comprometidos y sometidos a principios éticos.

Aquí cabe recordar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el documento más trascendental que ha elaborado la humanidad, precisamente porque reconoce que la dignidad de toda persona es inviolable y debe estar por encima de cualquier interés político, económico o tecnológico. También en la era de la inteligencia artificial.

Ningún avance puede considerarse verdaderamente progreso si compromete la dignidad humana, que debe seguir siendo el límite y la brújula de toda innovación en salud. Por ello, resulta imprescindible avanzar hacia una gobernanza sólida de la inteligencia artificial en salud.

Ningún algoritmo puede reemplazar la empatía, la escucha, la compasión o la capacidad de comprender el contexto vital de una persona enferma

Necesitamos herramientas transparentes, evaluables, seguras y sometidas a supervisión humana permanente. Necesitamos garantías jurídicas para la protección de los datos de salud y mecanismos que permitan identificar y corregir posibles sesgos o errores. Y necesitamos, sobre todo, preservar la autonomía profesional y la centralidad del paciente en cualquier proceso asistencial.

Manual de buenas prácticas para la inteligencia artificial en medicina 

Con esa convicción, la Organización Médica Colegial (OMC) ha impulsado, entre otras iniciativas, el Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina, un documento pionero que ofrece orientación técnica, ética y deontológica para la incorporación responsable de estas tecnologías. Su objetivo no es frenar la innovación, sino facilitar que se integre en la práctica clínica de forma segura, transparente y compatible con los valores que definen nuestra profesión.

La sostenibilidad de los sistemas sanitarios dependerá en gran medida de nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial

La sostenibilidad de los sistemas sanitarios dependerá en gran medida de nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial. Pero esa sostenibilidad no puede medirse únicamente en términos de eficiencia o productividad. Debe incluir también la protección de los derechos de las personas, la equidad en el acceso a la atención sanitaria y el fortalecimiento de la confianza social en las instituciones y en los profesionales.

La inteligencia artificial representa una oportunidad histórica para mejorar la salud de millones de personas. Aprovecharla dependerá de nuestra capacidad para poner la tecnología al servicio del cuidado y no al revés.

Porque, en definitiva, la inteligencia artificial debe ser el instrumento; el cuidado, el fin. Y porque el futuro de la medicina, por muy digital que sea, seguirá teniendo un rostro inequívocamente humano.

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