Nieves Sebastián Mongares
“La medicina estética ha pasado, en apenas unas décadas, de ser considerada por algunos sectores una moda ocasional a ser considerada actualmente por la gran mayoría social una disciplina médica que mejora la calidad de vida, instaura hábitos saludables y consigue mayor bienestar físico, emocional y social”. Así resume la Dra. Petra Mª Vega, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), la evolución que ha experimentado esta especialidad. Asimismo, remarca que el avance de la medicina estética se sigue dirigiendo a lograr la mayor evidencia científica y la continua mejora tecnológica, lo que requiere que los profesionales adquieran una formación cada vez más rigurosa y evolutiva.
La Dra. Vega explica además que en la actualidad existen tres tipos de abordajes clínicos en auge. Primeramente, expone, “la medicina estética integradora, que se basa en aunar salud orgánica y preventiva con un aspecto saludable, con equipos multidisciplinares que aborden todos los aspectos que influyen en la imagen, como la edad, el género o el estado de salud”. Otra técnica en auge es la bioestimulación que puede ser “química y física, a fin de conseguir el máximo rendimiento de los propios recursos biológicos, alterando lo menos posible la homeostasis”. Además, se opta por “la naturalidad armónica, es decir, una mejora global, priorizando texturas, homogenización del color, con la mínima estigmatización, buscando resultados naturales globales que transmitan buen aspecto pero eviten cada vez más el ‘síndrome de overfilled’ o el ‘clonado’”.
Evolución a diferentes niveles
La Dra. Vega resalta que en esta evolución ha sido clave la formación de los profesionales. Desde la puesta en marcha del primer máster universitario en 1998, la formación en medicina estética ha crecido de forma exponencial, especialmente en la última década. Actualmente, más de 25 universidades ofrecen posgrados en esta área y más de 6.000 médicos han accedido a ellos.
En cuanto a la mayor demanda de medicina estética por parte de los usuarios, la experta destaca que existen diversos factores. El aumento de la longevidad y el deseo de mantener una buena calidad de vida han impulsado la demanda de tratamientos estéticos, buscando que la apariencia refleje salud y vitalidad. Además, una imagen cuidada influye positivamente en el ámbito laboral, social y emocional, al reforzar la confianza y el bienestar. Su carácter poco invasivo, con escasos signos visibles y recuperaciones rápidas, reduce el miedo y facilita la reincorporación inmediata a la rutina. Y, además, al tratarse de procedimientos presenciales, recurrentes y de proximidad, favorecen la continuidad de los pacientes y un crecimiento sostenido del sector.
Al mismo tiempo, la doctora considera que estos procedimientos han dejado de percibirse como un gesto de vanidad para integrarse en las rutinas de autocuidado, de forma similar a acudir al dentista o al gimnasio. A ello se suman los avances tecnológicos y farmacéuticos, que han mejorado su eficacia, precisión y seguridad, aumentando la frecuencia de uso.
Los procedimientos de medicina estética han pasado a formar parte de la rutina de autocuidado de algunas personas, enmarcándose en un esquema de acciones encaminadas hacia un envejecimiento saludable
Como mencionaba anteriormente la Dra. Vega, “la medicina estética constituye un pilar básico de la longevidad saludable”. Bajo su punto de vista, a día de hoy es difícil separar el sentirse sano, ágil y con fuerza vital con una imagen que lo refleje. “Debe haber una coherencia sincrónica entre el aspecto y el estado interno de salud, sobre todo de cara a la propia autoestima”, considera.
Por supuesto, la investigación ha jugado un papel crucial en esta evolución. “Los avances en las bases moleculares del envejecimiento, los estudios epigenéticos y de microbiota, tendrán gran influencia sobre el aspecto, a través de tratamientos totalmente diferentes a los actuales”, expresa. En sus palabras, todo esto derivará en diagnósticos mucho más complejos, precisos y objetivos. “A la historia clínica tradicional, se añadirán analíticas mucho más específicas e imágenes basadas en alta tecnología (ecografía, RMN, TAC, fotografía) e IA, que determinarán tratamientos más integrales, preventivos y sobre todo muy personalizados”, explica. Con todo ello, valora que lo más probable es que “se combinen tratamientos de acción sistémica (orales o parenterales) con otros de acción local, orientados a conseguir resultados naturales o con muy baja estigmatización”.
Perfil de los usuarios
En cuanto a los usuarios, señala que “en la actualidad más del 40% de la población española es usuaria, aumentando cada año en todos los estratos sociales de la población, es decir avanzando hacia la democratización”.
Los cambios también aplican al perfil de usuarios que recurren a tratamientos de medicina estética. Esto, dice la Dra. Vega, se ha dado “debido a los cambios sociodemográficos y culturales experimentados en nuestro país durante el siglo XXI, y al auge de las tecnologías de la información, mucho más usados por grupos fuera del perfil clásico de los usuarios hasta hace unos años”.
En cuanto a la motivación, la especialista considera que se puede clasificar en dos grandes bloques. “El 80% son usuarios que desean mejorar su autoestima y los que buscan minimizar la incidencia el paso del tiempo en su aspecto; el 20% restante lo hace para optimizar su potencial o para mejorar su bienestar social”, detalla.
Por otra parte, atendiendo a motivos demográficos expresa que “las mujeres, de 30-65 años con rentas medias-altas y formación universitaria continúan siendo el grupo mayoritario”. No obstante pone el foco en que “se ha observado un importante aumento en grupos de jóvenes 18-30, de ambos sexos, con rentas bajas y formación secundaria, pensamos que en los próximos años este será el grupo mayoritario porcentualmente, confirmándose la tendencia hacia la ‘democratización de la medicina estética’”.
Como mencionaba anteriormente la Dra. Vega, “la medicina estética constituye un pilar básico de la longevidad saludable”. Bajo su punto de vista, a día de hoy es difícil separar el sentirse sano, ágil y con fuerza vital con una imagen que lo refleje. “Debe haber una coherencia sincrónica entre el aspecto y el estado interno de salud, sobre todo de cara a la propia autoestima”, considera.
Nuevos canales de comunicación y tecnologías
La Dra. Vega también aborda el papel que juegan canales de comunicación como las redes sociales en el consumo de procedimientos de medicina estética. “Lo definiría como de un enorme impacto, no tanto en cuanto a la elección del centro o del profesional, como en cuanto a conocer las posibilidades de mejora, la existencia de tratamientos desconocidos por la población y en general de crear la necesidad de mejorar el aspecto”.
También, porque como apunta, “las redes sociales son fundamentalmente visuales, han potenciado mucho el ‘valor’ y el ‘poder’ de la imagen”. Asimismo, resalta que las imágenes mostradas pueden no ajustarse a la realidad al utilizarse filtros o inteligencia artificial, pero precisamente esto puede estimular en los usuarios el deseo de corregir aspectos estéticos o asemejarse a algunos de sus “iconos estéticos”. “Quizás sin su visualización, por desconocimiento, nunca se hubiesen planteado mejorar o cambiar, pese a que lo desearan”, opina.
“En el imaginario popular, las redes sociales han cambiado la percepción de que tener un buen aspecto ha pasado de ser un rasgo estrictamente vanidoso, a ser una pauta de autocuidado, un símbolo de ‘estado saludable’, en paralelo a cuidarse los dientes, la alimentación o ir al gimnasio”, precisa la especialista.
La evolución de la medicina estética va a estar ligada a la mejora tecnológica, también con la inteligencia artificial como soporte en el diagnóstico y tratamiento
Por otra parte, la doctora indica que “la evolución de la medicina estética va a estar muy ligada en el futuro a la mejora tecnológica no sólo de los equipos y productos aplicados en los tratamientos, sino sobre todo a las bases moleculares de los cambios ligados a la edad, patologías (oncológicas, neurológicas, etc.) o terapias estigmatizantes, que se determinen analíticamente o por medio de alta tecnología de imagen”. En este contexto, agrega, “para analizar bien estos cambios y proponer un abordaje adecuado, los análisis realizados mediante IA aportaran una ayuda inestimable, tanto de diagnóstico, como de cara al abordaje terapéutico orientado a conseguir resultados óptimos y personalizados, adecuados a las motivaciones objetivas del paciente”.
Perspectivas de futuro
Con todo lo expuesto, la Dra. Vega apunta a la progresiva importancia que tendrán los equipos multidisciplinares, señalando que “ya la tienen, pero en el futuro será imprescindible contar con equipos que integren expertos tecnológicos y clínicos en todas las áreas de este campo”. Dentro de los mismos, subraya que el papel del médico estético -con una formación muy sólida- es esencial para liderar y coordinar al resto del equipo, que aunque no tenga que intervenir en todos los casos si tienen su función en acciones determinadas. Este, apunta, debe estar formado por especialistas en cirugía plástica, dermatología, endocrinología y radiodiagnóstico, además de profesionales de la psicología clínica, personal de enfermería y auxiliar de enfermería, y técnicos superiores en Estética Integral y Bienestar o técnicos en Estética y Belleza.
“Por supuesto para abordajes especiales se necesitará interconsultas con otros médicos especialistas, profesionales sanitarios (fisioterapéuticos, nutricionistas, etc.), y no sanitarios (informáticos, expertos en inteligencia artificial)”, agrega.
En un contexto de constante cambio, los equipos multidisciplinares juegan un papel esencial, requiriéndose también cada vez perfiles más específicos
No obstante, la Dra. Vega puntualiza que el avance que espera de la medicina estética, “supone un gran reto, puesto que la mayor complejidad, requiere una formación cada vez más específica, reglada y sobre todo regulada por las administraciones, para evitar efectos adversos en paralelo a su mayor eficacia”.
Para acompañar este proceso, considera, “las administraciones públicas deben, no solo garantizar la seguridad de los espacios y la tecnología, sino la formación de todos los profesionales que la aplican, delimitando claramente sus competencias”. “Por eso, desde la SEME se ha solicitado en numerosas ocasiones, basado en el RD 639/2015 de 10 de julio que regula los Diplomas de Acreditación y Diplomas de Acreditación Avanzada que desarrolla el artículo 36 de la LOPS (2003), el Diploma de Acreditación en el Área Funcional de Medicina y Salud Estética (DAFME)”, concluye.








