Formar criterio, no operar máquinas: el verdadero reto de la odontología digital

Dr. Carlos Parra, coordinador de Postgrado en Nuevas Tecnologías y Odontología Digital de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y director médico de la Clínica CAB

Dr. Carlos Parra, formar criterio odontología digital

Especial Formación Odontología 2026-2027 iSanidad
Dr. Carlos Parra, coordinador de Postgrado en Nuevas Tecnologías y Odontología Digital de la UCAM y director médico de la Clínica CAB
Hay más escáneres intraorales, impresoras 3D y software de planificación en las clínicas dentales que nunca. Y, sin embargo, sigo encontrando el mismo problema en cursos, congresos y casos derivados: profesionales que dominan la máquina, pero no el flujo. Tenemos la tecnología democratizada; nos falta democratizar el criterio para usarla. 

Durante años hemos confundido dos cosas distintas: comprar tecnología digital no es lo mismo que estar formado en odontología digital. Adquirir un escáner no convierte a nadie en clínico digital, igual que comprar un bisturí no forma a un cirujano. La diferencia está en el juicio: saber cuándo lo digital aporta, cuándo introduce un riesgo nuevo y cómo se conectan todas las piezas. 

La diferencia está en el juicio: saber cuándo lo digital aporta, cuándo introduce un riesgo nuevo y cómo se conectan todas las piezas

Y ahí está, en mi opinión, el déficit formativo más relevante del sector. La oferta de formación ha crecido, pero de forma fragmentada: un curso de escaneado, otro de cirugía guiada, otro de prótesis sobre implantes. El alumno aprende a operar cada estación por separado, pero rara vez aprende a ser dueño del proceso completo, desde el diagnóstico hasta la prótesis final. El resultado son profesionales competentes por tramos e inseguros en el conjunto. 

Esto importa especialmente en implantología y cirugía guiada, porque el flujo digital es implacable con los errores. Cuando todo está encadenado (CBCT, planificación, férula quirúrgica, diseño protésico), un fallo de planificación no se queda ahí: se propaga hasta convertirse en un fracaso protético. En el mundo analógico muchos desajustes se corregían sobre la marcha; en el digital, lo que se decide mal al principio se fabrica con precisión milimétrica hasta el final. La tecnología no perdona la falta de criterio: la ejecuta con exactitud. 

Por eso creo que la formación continuada tiene que cambiar de pregunta, no se trata de cuántas herramientas domina un profesional, sino de cuántas decisiones toma bien. Formar en odontología digital no es enseñar a pulsar botones; es enseñar a pensar en flujo: entender el dato antes que el dispositivo, anticipar cómo una decisión diagnóstica condiciona la fase protésica y reconocer los límites de cada tecnología. 

La tecnología no perdona la falta de criterio: la ejecuta con exactitud 

¿Cómo sería esa formación? Para mí, longitudinal y basada en casos reales seguidos de principio a fin, no en demostraciones aisladas de producto. Una formación que enseñe tanto las indicaciones como las contraindicaciones, que no esconda las complicaciones, sino que las use como material docente, y que devuelva al clínico al centro de la decisión: el software propone, pero quien firma el plan de tratamiento sigue siendo el profesional. 

Esa es la razón por la que colaboro en formación de postgrado, en el máster : IA, Implantología Avanzada, Regeneración e Implanto-Prótesis con Enfoque Digital ET Plus de la UCAM, en el que participo y colaboro en su coordinación, la teoría se tutoriza online (compatible con la actividad clínica) pero nada se queda en la pantalla: cada procedimiento se discute y se ejecuta sobre simuladores y macromodelos en prácticas presenciales inmersivas, y el alumno recorre el caso completo, de la cirugía a la prótesis, acompañado por un mentor que corrige sobre su propio trabajo. No es un lujo metodológico: es la manera más fiable que conozco de formar criterio en lugar de adiestrar usuarios de un software. 

Conviene además decir algo que a veces incomoda en un sector enamorado de la innovación: lo digital no sustituye al conocimiento clínico, lo amplifica. Amplifica lo bueno y también lo malo. La planificación virtual, la cirugía guiada o los dispositivos personalizados son herramientas extraordinarias precisamente porque exigen, no porque sustituyan, un criterio sólido detrás. 

La odontología digital no necesita más usuarios de tecnología. Necesita más clínicos que piensen en flujo, que entiendan el dato y que asuman la responsabilidad completa del tratamiento 

La buena noticia es que el sector está madurando. Empezamos a hablar menos de equipos y más de protocolos, menos de “lo que compra una clínica” y más de “lo que sabe hacer un profesional”. La próxima generación de odontólogos no se distinguirá por tener acceso a la tecnología, lo tendrán casi todos, sino por la calidad de las decisiones que tomen con ella, y por dónde y cómo hayan aprendido a tomarlas. 

Si tuviera que resumir mi mensaje a quien hoy diseña programas de formación, sería este: dejemos de medir el aprendizaje por el número de máquinas que alguien sabe encender y empecemos a medirlo por la solidez del criterio con el que las usa. La odontología digital no necesita más usuarios de tecnología. Necesita más clínicos que piensen en flujo, que entiendan el dato y que asuman la responsabilidad completa del tratamiento. Formar ese criterio, no operar máquinas, es el verdadero reto, y la mejor inversión que pueden hacer el sector y cada profesional que elige bien dónde formarse. 

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